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“Quiero seguir entrenando y volver a los Juegos Olímpicos”

Tras conquistar el oro y el bronce en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, el esquiador de montaña Oriol Cardona mantiene un estrecho vínculo con Gautegiz Arteaga, donde ha encontrado un entorno idóneo para desconectar lejos del foco competitivo

“Quiero seguir entrenando y volver a los Juegos Olímpicos”Comité Olímpico Español

El 23 de abril, Gautegiz Arteaga puso rostro cercano a un éxito que ha dado la vuelta al mundo. El alcalde, Patrik Saitua, entregó una txapela a Oriol Cardona (1994) en nombre del municipio, en un gesto sencillo pero cargado de significado hacia el campeón olímpico de esquí de montaña. El deportista catalán hizo historia en los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026, donde se colgó el oro en la prueba de sprint y el bronce en el relevo mixto junto a Ana Alonso, un reconocimiento local para un deportista que, más allá de los resultados, mantiene un vínculo cada vez más estrecho con Busturialdea.

Ese lazo se ha ido construyendo en los dos últimos veranos, a raíz de su relación con la actriz Amaia Aberasturi, vecina de Gautegiz Arteaga, donde también fija su base durante parte del año. Allí encuentra un entorno que le permite preparar con garantías una temporada especialmente exigente. El esquiador explica que el pasado verano volvió a instalarse en la localidad y que la experiencia fue “muy bonita”, no solo por el paisaje, sino también por el trato recibido y las facilidades para entrenar. En ese sentido, pone en valor el apoyo de Basque Team, que le abrió sus instalaciones, así como el propio entorno de la comarca, donde ha podido acumular horas tanto sobre la bici como en el gimnasio, además de participar en alguna prueba de trail con Arrolape Mendi Taldea de Gernika, en lo que define como “un cambio de aire”.

El alcalde Patrik Saitua le coloca la txapela a Oriol Cardona en el homenaje celebrado en Gautegiz Arteaga.

Ese cambio de escenario llega después de años de dedicación a un deporte tan exigente como todavía minoritario para el gran público. Su relación con la nieve comenzó pronto, casi de forma natural, impulsada por su entorno familiar. “Fue todo a través de mi familia”, recuerda, en referencia a sus padres, quienes le introdujeron en la montaña desde pequeño. Criado en Banyoles, a más de una hora de las estaciones, las escapadas de fin de semana marcaron sus primeros contactos con la nieve, hasta el punto de que, como señala, su primer recuerdo se sitúa “con tres o cuatro años”, antes de pasar durante la adolescencia por el esquí alpino.

El punto de inflexión llegó a los 13 años, cuando dio el salto al esquí de montaña a través del Centro de Tecnificación de Cataluña, iniciando una progresión constante dentro de la disciplina. A partir de ahí, y ya con 18 años, decidió tomárselo más en serio y empezó a competir a nivel internacional, tal y como él mismo resume, “con más foco y continuidad”, después de haber pasado por las categorías inferiores del equipo nacional y dar el salto al equipo senior, desde donde ha participado de forma habitual en la Copa del Mundo.

Equipo, método y exigencia

En ese recorrido hay nombres propios que ayudan a entender su evolución. Su padre, apasionado de la montaña, fue el primer referente, mientras que su hermano marcó también el camino en sus inicios dentro del equipo. A ellos se suma una figura clave dentro del esquí de montaña como Kílian Jornet, a quien Cardona observó desde cerca en sus primeros años en la élite y que, como recuerda, “lo estaba ganando todo” en aquel momento.

Con el tiempo, esa admiración se ha transformado en colaboración directa dentro de su equipo técnico, donde Jornet forma ahora parte del grupo de trabajo junto a Víctor López-Ros y Andrés Arroyo, entrenadores con los que Cardona lleva años trabajando. En palabras del propio esquiador, su incorporación ha supuesto “un plus enorme” a nivel de conocimiento del deporte, en una estructura que se completa con el doctor Dani Brotons. El planteamiento sigue una lógica clara: construir durante los meses de verano la base que permita sostener el rendimiento en invierno, en un proceso que, como explica, pasa por “sumar horas e intensidad” para poder aguantar después el ritmo de la competición.

Ese trabajo se traduce en una rutina marcada por la constancia, el descanso y la repetición, en la que el margen para lo que se sale de lo estrictamente deportivo es mínimo. Él mismo lo define como “una vida muy básica”, con jornadas divididas en dos sesiones de entrenamiento, normalmente por la mañana sobre esquís, y por la tarde con trabajo complementario, ya sea de esquí de montaña o gimnasio. Entre medias, la recuperación ocupa un papel central.

A los 18 años, Cardona dio el salto al alto rendimiento y empezó a competir a nivel internacional.

Dentro de ese engranaje, el sprint, la prueba en la que se proclamó campeón olímpico, ocupa un lugar particular, tanto por sus características como por la afinidad que siente hacia ella. Se trata de una modalidad corta, explosiva y muy intensa, en la que apenas hay margen para el error y donde, como señala, el tipo de esfuerzo le permite “exprimirse al máximo” en muy poco tiempo.

Aun así, el rendimiento no depende de un único factor, ya que el esquí de montaña combina exigencia física, técnica y mental en un equilibrio delicado. Cardona subraya que se trata de “un deporte muy técnico”, en el que es necesario dominar la subida, las transiciones y el descenso, aunque termina apuntando que la forma física sigue siendo el elemento más decisivo, siempre que el resto de variables estén alineadas.

El camino hacia el oro

Su presencia en los Juegos Olímpicos no fue improvisada, sino el resultado de una clasificación asegurada con antelación gracias a sus resultados en el circuito internacional, lo que le permitió preparar la cita con mayor tranquilidad. “Anita y yo conseguimos la plaza un año antes y eso nos dio margen para preparar los Juegos con más cabeza” explica, en lo que además fueron sus primeros Juegos, coincidiendo con el estreno del esquí de montaña en el programa olímpico.

La preparación mental, lejos de métodos complejos, estuvo ligada a su entorno más cercano, en el que encontró el apoyo necesario para gestionar la presión de una competición de ese nivel. En ese sentido, reconoce que ha sido clave “rodearse de gente de confianza”, una idea que conecta con la importancia del día a día en el rendimiento final.

Oriol Cardona y Ana Alonso posan con la medalla de bronce lograda en el relevo mixto.

En la final, sin embargo, todo se redujo a lo esencial. “Vas sin pensar demasiado, solo apretando”, describe sobre una prueba en la que la concentración es total de principio a fin. No fue hasta los últimos metros cuando tomó conciencia de la situación y, como recuerda, fue al girarse cuando vio que tenía margen y empezó “a saborearlo”, en un momento especialmente intenso después de años de trabajo acumulado. “Me sentí muy lleno, muy feliz”, añade sobre una experiencia que, asegura, quedará marcada para siempre.

Con el oro ya en su palmarés, la mirada se dirige hacia el futuro sin grandes cambios en el planteamiento, pero con la ambición intacta. “Quiero seguir entrenando y volver a los próximos Juegos Olímpicos dentro de cuatro años”, asegura Cardona, quien además deja la puerta abierta a recuperar su pasión por el trail, una disciplina que tuvo que aparcar para centrarse en el esquí de montaña y que ahora espera retomar con ganas.