Este barquito chiquitito sabe navegar desde el inicio y, de hecho, se encarga de mucho más que de surcar los mares. El museo Plasentia de Butrón se sumerge con él en una misión: comprender cómo se mueven las basuras marinas. Se trata del proyecto Ulysses, promovido por el centro tecnológico AZTI, con la intención de mejorar la salud del litoral vasco y de los océanos, generando conocimiento del medio fluvial y marino y fomentando una mayor sensibilidad hacia los mismos. Para ello, esta expedición abundará en el conocimiento sobre los procesos físicos que determinan el transporte y los fenómenos de acumulación/dispersión de desperdicios en los ríos vascos, aguas de transición y el golfo de Bizkaia. Así que unos cuantos barquitos de entidades participantes se lanzarán al agua, irán equipados con GPS y se podrá seguir en tiempo real su recorrido.

“Uno de los fines del museo es la protección del patrimonio, y éste hay que entenderlo como un bien de la sociedad que abarca muchos ámbitos. El objetivo del proyecto Ulysses es la mejora del litoral vasco y de los océanos, por lo que pensamos que el museo podría colaborar, uniendo también la aventura de la navegación de un pequeño barquito que puede recopilar datos muy interesantes durante su singladura”, comenta la directora del museo de Plentzia, Arantxa Renteria. El singular edificio de origen medieval cobija hoy entre sus paredes maquetas de barcos, instrumentos náuticos antiguos, cuadros de marinos... Su corazón tiene forma de barco y late llevando a tierra un trozo de mar. Así es Plentzia. Así fue, sobre todo. “El museo colabora en una amplia red de voluntariado, y cada vez más su trabajo no solo está relacionado con la historia, sino con otros terrenos. Por ejemplo, el museo organiza todos los años, en la festividad de San Ignacio, un taller de construcción de barquitos de madera para niñas y niños. Una persona del centro tecnológico AZTI, que conoce esta actividad, nos invitó a participar en esta iniciativa de decorar un barquito dentro del proyecto Ulysses”, explica Arantxa. En efecto, el museo plentziarra encaja muy bien como compañero en este viaje. Así que había que poner a punto el barquito. “Es un modelo estándar, proporcionado por AZTI , a todas las personas y entidades que están colaborando. Es de madera, no estaba pintado, y permite alojar un GPS que servirá para localizarlo en el mar y hacer un seguimiento. AZTI pedía decorarlo e introducir un mensaje original, relacionado con los fines del proyecto. En el museo decidimos decorarlo con los colores de nuestro logotipo, que representa un antiguo galeón del estilo a los usados en nuestra villa”, señala la presidenta. El barquito rojo y azul, con otros detalles y el nombre de Plasentia de Butrón está listo para adentrarse en los mares próximamente.

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Exposición temporal

Mientras tanto, en suelo firme, el museo da la bienvenida a su nueva exposición temporal, que, casualmente, versa sobre La construcción naval en la villa, y que permanecerá hasta finales de año. “Ofrece un recorrido detallado por esta tradición, poniendo en valor su importancia histórica entre los siglos XVI y XIX, cuando Plentzia se convirtió en un destacado centro de actividad marítima: a lo largo de la ría se establecieron diversos astilleros abiertos donde los carpinteros de ribera trabajaban al aire libre, adaptándose tanto a las mareas como a las necesidades específicas de cada embarcación”, contextualiza Arantxa. La muestra reúne una variada colección de piezas que ayudan a comprender este pasado: once maquetas de embarcaciones que ilustran la diversidad tipológica de los barcos construidos en la zona, tres dioramas que recrean la villa, la ría y los propios astilleros, así como más de 30 herramientas originales de carpintería utilizadas en el proceso constructivo. Además, se exponen cinco cuadros de temática naval, tres cartas náuticas de los siglos XVI y XVII, y diversos instrumentos de navegación de los siglos XVIII y XIX, entre los que sobresalen una esfera armilar, un sextante, un globo terráqueo y varios planisferios. Esta retrospectiva culmina con la maqueta del Magdalena, el último barco construido en Plentzia en 1919, “que simboliza el final de una larga tradición constructiva y constituye un testimonio clave de la historia marítima de la villa”, ensalza la presidenta del museo.