“Me han mandado cantidad de mensajes a cuenta de eso”, constatación de que “la realidad supera a la ficción” en una impactante noticia calcada al argumento que Egoitz Martínez había urdido para La caza del judío, la novela protagonizada por un exmilitar de élite del ejército israelí, “como una idea muy disparatada o novedosa que resulta que ¡había ocurrido de verdad décadas atrás!”.
Tras haber causado sensación en Amazon, de vez en cuando todavía lidera rankings de determinadas categorías literarias, Ariel Shemesh regresa tocando la fibra más sensible del lector desde el principio, cuando su gata Santa enferma y necesita una elevada suma de dinero para el tratamiento. Una estrella internacional de la canción que le propone cuidar a su hija víctima de acoso escolar ante la amenaza de un fan que mata en sus conciertos podría traerle la solución.
"He rechazado varias propuestas de editoriales porque quieren introducir cambios, la autopublicación me da más autonomía”
“La gente me advierte que como le pase algo a la gata… Ahí comprendes lo que se quiere a los animales”, reflexiona el escritor de Balmaseda, que ha expandido su comunidad lectora al universo digital a través de https://egoitzmartinez.com.
¿Qué tal marcha la página web?
—Sumó casi 3.000 suscriptores en los tres primeros meses. Mando una newsletter los jueves y los suscriptores de la web acceden, digamos, a favoritismos. Dispondrán del título y la portada del libro de mayo antes que nadie y regalo una novela de Ariel titulada Su error fue mi gata, que está gustando muchísimo. La concebí como un posible gancho tanto para los que conozcan a Ariel como para los que no y así sientan curiosidad de leer más. No quería que fuese muy larga, abarca 120 páginas. La gente se suscribe, se lo descarga gratis y hay quien lo reseña en Instagram.
Ahora que estamos en Semana Santa ‘Protegerás a mi hija’ suena como un mandamiento bíblico.
—Inicialmente no se llamaba así, sino Un asunto personal. Un asesor literario me recomendó que indagara a ver si había más libros con el mismo título para evitarlo. Existían dos o tres así y me recomendó que pensara en otro más contundente. Le di varias opciones en torno al concepto mismo. Protegerás a mi hija fue la que más le gustó, destacó que le daba una esencia bíblica. Como una especie de mandamiento. Ariel es judío y viene del Antiguo Testamento, de esas tradiciones, y me encaja perfectamente para esto y con la personalidad de la cantante Jessie Carter, que pronuncia esa frase en la novela.
Quien le contrata, ¿se inspiró en la película ‘El guardaespaldas’?
—Me preguntan de dónde saqué ese concepto. Parte de esa película seguramente esté porque me encantó. Hay otra de la que me acordé cuando ya había armado la trama: El juego de la venganza. Denzel Washington encarna a un alcohólico detective retirado que ejerce de guardaespaldas de una niña, cuyos padres le contratan en México con toda la historia del narco de por medio. Existen puntos en común, pero no es que me inspire en una película o novela. Nunca me vienen las cosas así, llegan retazos de un sitio y otro, lo junto, lo planteo de acuerdo a la filosofía de mi personaje y le voy dando forma.
“Somos un grano en el desierto, hay joyas que no llegan a nada por falta de visibilidad, por suerte mi novela ha calado”
Esta segunda entrega pone el dedo en la llaga en cuestiones tan delicadas como la salud mental en la infancia, ¿cómo se ha preparado para abordarlas?
—Lo que yo había planteado se lo pasaba a un amigo psicólogo que me apuntó bastantes directrices de cómo tratar, sobre todo, comportamientos en esas edades en temas de bullying que son complejos, que a menudo varían de unos niños a otros, pero más o menos siguen unos patrones bastante generales. Además, conté con la ayuda de una chica gallega como lectora beta que había sufrido depresión con intentos de suicidio, lee mucho y escribía. Luego le perdí la pista porque seguía con problemas de salud mental y no sé si dejó las redes porque creo que no le beneficiaban.
¿Qué le aportó la perspectiva de quien lo había sufrido en primera persona?
—Me hizo recapacitar sobre una escena. En su opinión, no se reflejaba suficiente trauma en alguien de 10 años como para que quisiera quitarse la vida. María, la niña, habla con Ariel de que su mejor amiga había muerto de leucemia y el abuelo también había fallecido y se sentía sola y lo incorporé. Ella me indicó que el acoso escolar te puede llevar a ciertos límites, pero, salvo que sea muy bestia debe existir también algo más de presión como para que des ese paso del intento de suicidio que te conduzca a un callejón sin salida. Entre mi compañero psicólogo, lo que me documenté y la experiencia personal de esta lectora pude plasmarlo.
¿Notó más presión por redondear la trama al tratarse de la secuela y dada la increíble acogida de la primera novela?
—La gente me comenta que luego ha vuelto páginas atrás a revisar ciertos detalles que habían pasado por alto. El final es un poco dramático, pero tiene su punto. Algo de presión si había, no voy a engañar. El primero enseguida se colocó primero en sus categorías en Amazon y se hablaba de él. Con el segundo no quieres decepcionar. Me guié por no perder la esencia de Ariel, no quería transformar su personalidad. Sí que buscaba construir una trama un poco más oscura o de thriller psicológico, meterle en más problemas.
¿Y eso? Como si no fuera suficiente lidiar con neozais y corruptos.
—En el libro anterior da más la sensación como de que está preparado muy por encima de los demás, en todo momento domina la situación y no pierde la compostura. Deseaba ponerle contra las cuerdas y hacerle sufrir. Necesitaba un rival a su altura, un sicario profesional entrenado como él.
Lo cierto es que algunas escenas angustian, como las que reflejan amenazas para la niña. ¿No temió excederse en la crudeza?
—Los thrillers de acción donde entran en juego personajes profesionales deben ofrecer algo más que simples peleas de puñetazos para que no quede demasiado edulcorado. Aun así, intento no rebasar ese punto que a mí mismo no me gusta. Hay autores que se recrean en demasiada víscera, no pretendía eso. He rozado ese punto porque quería trasladar esa sensación de angustia, de casi cerrar los ojos, pero no quería superar esos límites que a mí tampoco me gustan como lector. Dentro de lo sucia que puede resultar una escena un poco sangrienta intento ser lo más limpio posible.
Ariel arrastra las contradicciones y circunstancias de su origen en Israel. ¿Necesitaba profundizar en ello dado el contexto político?
—Sí. Intentaba lanzar unas pistas sobre su pasado que saldrán más a la luz en la novela que estoy preparando para mayo porque detecto la necesidad de los lectores de saber más sobre él. Ha actuado bajo órdenes de un gobierno, le marcan un objetivo a eliminar y en eso consiste su misión. No debe cuestionar si su objetivo merece vivir o morir. Está entrenado básicamente como cualquier activo de ese tipo a nivel internacional. Es consciente de ello, se lo cuestiona y va a llevar siempre esos demonios dentro, luchará con ellos en su propio juicio final. El siguiente libro desvelará más sobre esos hombres de traje y corbata que ordenan objetivos sin pisar el campo de batalla, cuestiona si poseen el código moral suficiente para saber quién debe morir y quién no.
Perseguido por un asesino que carga en la mochila con cantidad de traumas, con el que incluso se empatiza, y volvemos a la infancia.
—Claro, es una de las cosas que también quería trasladar. El antagonista malo malísimo da pena por sus experiencias previas. Otros autores describen a la perfección cómo una persona buena puede ocultar un lado turbio y se puede muchas veces llegar a empatizar con el malo porque ha vivido una infancia que no merecía o no quería ser así. Trataba de humanizar un poco al diablo.
La vida es cara en la medida en que uno quiere que lo sea y todos tenemos nuestras jaulas de oro, reza una de las conversaciones. ¿Cuál es nuestra jaula de oro?
—Aparentar, vivir en una sociedad en la que hay que enseñar lo que uno tiene para dar la impresión de que eres más. Las marcas, las redes sociales. La gente se preocupa más de mostrar que de vivir. Cada uno tiene la que quiere imponerse. También hay gente con otra mentalidad sin redes ni marcas que vive de una manera más sencilla y feliz, pero considero que los menos.
Estará funcionando en Amazon, precedido por el éxito del anterior.
—Exactamente. Ha alcanzado el número uno o dos y cuando es el dos es porque lo supera La caza del judío. A Amazon le indicas varias subcategorías de thriller: ejército, asesinos en serie, etc. que concuerden con el tema. En varias de las categorías entra dentro del top diez. En militares o de relación con el ejército se mueve todo el rato en número uno o dos. La caza del judío se mantuvo número uno en seis categorías a la vez. Y con casi mil reseñas en Amazon.
¿Proporciona más autonomía esta fórmula que atarse aúna editorial?
—Sí. He rechazado varias propuestas porque quieren sus cambios. Entiendo que están para ganar dinero, te piden cinco años de derecho de autor, unos objetivos de productividad y fecha límite de entrega, sanción sobre tus regalías o lo que vas a cobrar si no cumples… Me mandarían seguramente por ferias del libro. Y esto es un hobby (es fisioterapeuta) para mí. Probablemente implique vender el triple en una editorial para obtener lo que me llevo mediante Amazon, que me ayuda a pagar a la correctora, maquetadora, diseñadora de portada, etc., para crear un producto competitivo en el mercado. Se publican (en el Estado) 250 novelas cada día. 90.000 al año en Amazon en el apartado hispanohablante. Somos un grano en el desierto. Muchos autopublicados escriben muy bien, se pueden encontrar lo que yo llamo joyitas que por desgracia no llegan a ningún sitio porque la visibilidad no la consiguen. Por suerte, mi novela ha calado. El producto ha de ser bueno para gustar, puedes tener visibilidad y que te reseñen con baja puntuación. Al algoritmo de Amazon le encanta detectar mucha venta y mucha reseña. Eso ha ayudado a que Protegerás a mi hija haya funcionado muy bien desde el principio.
El editor de Con Pluma y Píxel comentaba en las páginas de Hemendik hace unos días que no se puede competir frente al perfil de persona famosa.
—Las editoriales quieren apostar a caballo ganador. Disponen de ojeadores en Amazon para analizar resultados. Aun en ese caso hipotético de que me llamaran y firmara un contrato me tendría que mover al 100% como lo hago ahora como autopublicado porque manejan unos presupuestos y está claro que los invierten antes en sus primeras espadas que saben que van a vender cientos de miles de libros.