Quienes conocen a Mertxe saben que su forma de entender la vida siempre ha estado marcada por la inquietud. Desde muy joven eligió una profesión exigente, pero profundamente humana: la medicina. Una vocación que la llevó a recorrer distintos lugares, como Ibiza y Lugo, y a conocer realidades muy diferentes antes de asentarse definitivamente en Euskadi.

Fue en Donostia, concretamente en la prisión de Martutene, donde encontró uno de los retos más singulares de su carrera. Allí ha ejercido su profesión durante muchos años, en un entorno que exige mucho más que conocimientos sanitarios. Aquí, el médico no es solo quien diagnostica o receta un tratamiento. Con el tiempo se convierte también en una figura de confianza. Mertxe lo explica con mucha ternura y cariño: “En la cárcel te conviertes además en el amigo que escucha, en el familiar que falta, en el confidente al que contar preocupaciones o en ese hombro sobre el que apoyarse cuando la vida pesa demasiado”.

Fue un trabajo exigente, pero también muy enriquecedor. De esos que dejan huella. Cuando llegó el momento de la jubilación, poco después de la pandemia, cerraba una etapa profesional intensa y llena de experiencias. La pandemia había sido un periodo especialmente duro para el personal sanitario, y de alguna manera marcó también el final de su carrera laboral.

Pero la jubilación, para Mertxe, no significó quedarse quieta. Al contrario. Desde el principio tuvo claro que quería aprovechar esta nueva etapa para seguir moviéndose, aprender cosas y dedicar tiempo a actividades que antes apenas cabían en su agenda.

Esto da una pista de que esta mujer es de esas personas que, después de una vida profesional intensa, encuentran nuevas formas de seguir activas, curiosas y conectadas con la comunidad. Por eso su ejemplo forma parte del proyecto de BBK Banku Fundazioa llamado Erreferenteak, que estos días se da a conocer en Amorebieta-Etxano para visibilizar historias inspiradoras de jubilación activa.

Una de esas actividades es el crochet, una afición tranquila que le permite relajarse y disfrutar de momentos de calma. Pero si hay algo que define su día a día actual es el movimiento.

Se hace camino al andar

Caminar se ha convertido en una de sus grandes pasiones. Forma parte de un grupo de senderismo y también practica nordic walking, una disciplina que combina el paseo con el uso de bastones y que cada vez gana más adeptos por sus beneficios para la salud. Para Mertxe, caminar es mucho más que hacer ejercicio. Es una forma de despejar la mente, de conectar con la naturaleza y de compartir tiempo con otras personas.

Entre conversación y conversación ha surgido incluso una idea que le hace especial ilusión: crear un grupo de senderismo en la zona. Un espacio abierto para que más personas del municipio puedan salir a caminar juntas, disfrutar del entorno y mantenerse activas; sobre todo cuando ya están jubiladas. La propuesta encaja perfectamente con la filosofía que promueve el proyecto Erreferenteak: demostrar que la jubilación no es un punto final, sino el comienzo de una etapa con nuevas e infinitas posibilidades.

Además de caminar, Mertxe también dedica tiempo a la meditación. Una práctica que le ayuda a encontrar momentos de paz en medio de una vida que, aunque ya no está marcada por horarios laborales, sigue siendo plena y muy satisfactoria.

Cuando habla de esta etapa, lo hace con una mezcla de realismo y entusiasmo. Sabe que cada persona llega a la jubilación con circunstancias diferentes: historias personales, salud, situaciones familiares... Pero hay una idea que repite a menudo como consejo para quienes se acercan a ese momento. Intentar mantenerse activos. No se trata de hacer cosas extraordinarias ni de plantearse retos imposibles.

Te puede interesar:

Mertxe lo explica con una imagen muy sencilla: “La jubilación no consiste en subir el Everest cada día. Se trata, más bien, de encontrar pequeñas actividades que aporten alegría al día a día como caminar, aprender algo nuevo, participar en un grupo, mantener la mente ocupada, seguir siendo curioso...”, matiza Mertxe Marina.

Cada historia de cada persona que se jubila, como vemos en este proyecto de BBK Banku Fundazioa que este miércoles se presenta en la localidad, es distinta. Lo importante es no perder la inquietud y sacar chispas a la vida.