Tuve la inmensa suerte que el historiador romano Oscar Gaspari, a mi entender el mayor experto que existe del porqué de las cruces en las montañas del Jubileo de 1900 (también de otras obras religiosas, pero yo me centro más en cruces como sabéis), viniese al pueblo y se quedase dos días para conocernos personalmente, aunque ya son años los que llevamos digamos trabajando un poco juntos en esta materia tan olvidada.
No soy alpinista si no un historiador, historiador de la montaña porque estudio la política de la montaña y estudiando esto me he encontrado con el jubileo de 1900, apunta Oscar. Efectivamente no es montañero y sí un gran estudioso de esta historia que en el artículo 142 de Historias Montañeras (03-12-2023) daba cuenta de ello y de él.
Me contaba el italiano que el padre barnabita Giovanni Semeria resumió la historia del alpinismo en una conferencia en Piamonte para los socios del Club Alpino Italiano (CAI) en agosto de 1899. Semeria recordó que los griegos y los romanos no se interesaban en absoluto por las montañas. El primer alpinismo fue el de los viajeros, interesados en cruzar los puertos de montaña lo más rápidamente posible. El cristianismo, en cambio, practicó el alpinismo de la mística y la caridad, construyendo santuarios y monasterios y ayudando a los viajeros, como los monjes del Monte San Bernardo, que levantaron el primero y más alto de los refugios alpinos. Llegó más tarde el alpinismo del divertimento, practicado por primera vez por los ingleses. En los años finales del siglo XIX, según Semeria, había comenzado el alpinismo comprensivo destinado a fortalecer el cuerpo y el alma, a reforzar la raza.
En el libro Sacre vette. I simboli sulle cime, curado por Ines Millesimi y Mauro Varotto, Cierre Edizioni, Verona 2024, publica un capítulo que titula; Croci e monumento nei monti della Spagna. Son unas cuantas páginas que citan a Gorbeia, es la primera vez que esto sucede fuera de nuestras fronteras relacionando los dos lugares más importantes en esta materia de cruces en montes del Jubileo de 1900, Italia y Euzkadi.
Sigue contándome Gaspari en un español que habla perfectamente, algo tendrá que ver su mujer madrileña, cómo Giuseppe Micheli, presidente de la sección de Parma del CAI, apasionado montañero y exponente del entonces movimiento, y después del partido católico, promovió la colocación de cruces en los Apeninos de Parma para el Jubileo de 1900 y, con motivo de la inauguración de la primera cruz, la del monte Marmagna, en 1901, publicó un resumen de la conferencia del padre Semeria. Micheli, sin embargo, cerraba el artículo con el alpinismo de la caridad, el que practicaban los católicos como él, que paseaban por los Apeninos, erigían cruces para el Jubileo y creaban cooperativas, lecherías sociales y cajas de ahorro para los montañeros.
En un artículo que publicó al respecto se refiere a estos dos personajes importantes, Semeria y Micheli. Uno se acercó después al fascismo (el de la raza, aunque siendo cura) y Micheli, político católico, fue antifascista y en la Resistenza contra las tropas nazi-fascistas en la II guerra mundial.
El 4 de septiembre de 1896 en el XIV Congreso Católico Italiano se dio el anuncio oficial de un “Comité internacional para el homenaje solemne a Jesucristo Redentor y a su Vicario en la tierra en 1900”, que ya se había constituido en Bolonia en julio del mismo año, presidido por el cardenal Domenico Jacobini. La idea del “homenaje” había sido del conde Giovanni Acquaderni de Bolonia, que la propuso a Leon XIII en 1895, y que sería el organizador de las peregrinaciones a Roma de los cristianos de todo el mundo para el Jubileo de 1900. En la bula de indición del Jubileo de 1900, del 11 de mayo 1899, subrayadas las dificultades de la Iglesia en aquellos años, Leon XIII hace referencia a las iniciativas de “consagrar el final del siglo XIX y el comienzo del XX. En todas partes del mundo a Jesucristo Redentor. Por eso fuimos generosos en nuestra aprobación y alabanza a tan hermoso consejo anhelado por la piedad de los particulares”. “Los particulares” eran los laicos más cercanos al papa, empezando por el conde Acquaderni. La iniciativa venia apoyada siempre por Leon XIII, además, con la Carta Encíclica Tametsi futura, del primero de noviembre de 1900 en la que invita a los cristianos a “hacer todo lo posible por conocer a su Redentor”.
Junto con el Comité Internacional de Bolonia, se constituyó también un comité romano que el 8 de julio de 1899 envió una carta a las diócesis italianas en la que pedía colocar «un recuerdo imperecedero del Homenaje al Redentor» en las cimas de las montañas. Las diócesis italianas elegidas oficialmente para colocar ese recuerdo en la cima de la montaña que habían identificado como la más visible eran veinte, pero estas, y muchas otras más por imitación, decidieron en cambio construir monumentos a Cristo Redentor o cruces. La iniciativa del “homenaje” era paralela a las tradicionales celebraciones religiosas del Año Santo, pero no se identificaba con el Jubileo. Fue un acontecimiento excepcional que nunca se repetiría, la iniciativa superó la idea inicial de colocar en las montañas un simple «recuerdo» y, en Europa, se desarrolló sobre todo en Italia y España y, en España sobre todo en el País Vasco, con características similares a las italianas. Por el apoyo de las comunidades de las montañas, que comenzó en 1900 con la construcción de monumentos y cruces para el Jubileo y que continúa hasta hoy, con la reconstrucción y el cuidado de las obras.
Termina el historiador Oscar Gaspari; Hoy, el alpinismo de la caridad podría ser el que promueve el amor a la montaña, a los pueblos de la montaña y la defensa del equilibrio medioambiental.