Cambiar de techo, alivia: "La gente quiere salir de casa aunque sea con mal tiempo"

La experiencia del turismo doméstico en campings, agroturismos o autocaravanas cose heridas en un sector tocado gravemente por la pandemia gracias a la respuesta de la población vasca, necesitada de un cambio de aires

20.03.2021 | 00:50
El camping ha remodelado varias zonas comunes durante la pandemia.

No hay mascarilla que pueda disimular los gritos de alegría y la ilusión en los ojos. Sobre todo cuando después de un año de pandemia se puede disfrutar de unos pocos días de descanso. Aunque sea a una hora de casa; o menos. Es el llamado turismo doméstico y este puente de San José un buen puñado de vascos han optado por aprovechar la oportunidad de poder moverse sin restricciones por la geografía de vasca para airearse y combatir la fatiga pandémica.

Así lo evidencian las ocupaciones en agroturismos y campings, por encima del 50% en ambos casos para estos días. Y las previsiones para Semana Santa son mejores. Eso, siempre y cuando la evolución del SARS-CoV-2 lo permita. De momento, este tirón en la actividad turística ha sido todo un alivio para un sector seriamente tocado. Un antídoto contra el covid-19 que sin embargo ha dejado al descubierto la fragilidad de este tipo de negocios, muy estacionalizados y altamente dependientes de una movilidad sin fronteras.

En el Camping Sopelana, por ejemplo, agradecen la respuesta de la población vasca (todos los bungalós ocupados y más de cincuenta familias daban vida ayer a estas instalaciones), pero ya echan en falta a los turistas holandeses, alemanes o ingleses que, llegada la primavera, empezaban a descolgarse sin miedo hasta este enclave de la costa vizcaina.

Una zancadilla menor a comparación de todo lo sufrido hasta ahora. O un punto de inflexión para encarar el futuro del sector con otros valores sobre la agenda de la reconstrucción: sostenibilidad, naturaleza, especialización, limpieza, seguridad, contacto local, cercanía... Y es que con una crisis sanitaria, social y económica que parece no tener fecha de caducidad, las restricciones de movilidad han zurrado de lo lindo a un modelo turístico hiperglobalizado.

Son momentos delicados en los que la recuperación del sector turístico de Euskadi –y de otros– depende en exclusiva de las acciones individuales y colectivas. Por eso mismo, todas las reservas que se han cerrado para estos tres días de puente vienen acompañadas de un boletín con las normas anticovid de obligado cumplimiento en casas rurales o campings. Y nadie se ha echado para atrás.

Sin cancelaciones 

La conciliación del ocio con la pandemia (mascarilla, gel, distancia social, aforos reducidos,...) está siendo una realidad durante estas jornadas de asueto para esas miles de personas que han optado por arrastrar su caravana hasta un camping, han alquilado un bungaló o se han ido de turismo rural. Ni siquiera el mal tiempo –con previsiones de nieve, frío y lluvia– ha sido suficiente motivo para cancelar alguna de esas opciones.


Olga y Víctor saludan al día desde el interior de su bungaló con vistas al mar.
 

Porque, como manifestaba una pareja de Dima a resguardo bajo el avance de su caravana, "si el tiempo no mejora pues nos aguantaremos, leeremos, nos daremos un paseíto con la perra..." En su caso era la primera salida oficial que hacían con este tipo de vehículo. Antes lo hacían en autocaravana, pero hace un mes se decantaron por esta modalidad. Y es que, como ya ocurriera en el verano de 2020, la flexibilización de la movilidad ha vuelto a sacar a las carreteras vascas a estas casas rodantes. Siempre con su artotxakur, se dejan ver allá donde la naturaleza despliegue toda su energía y sus encantos.

Y como ellos otros muchos que desde ayer están reconciliándose –o explorando– todas esas alternativas turísticas en familia, en coche y de proximidad que también distinguen a Euskadi. Apenas una hora tuvieron que conducir tres familias de Zumarraga que al mediodía aparcaban sus respectivos vehículos junto a los tres bungalós alquilados en el Camping Sopelana. Atrás dejaban su verde valle para asomarse al Cantábrico. Y, a tenor de los gritos de entusiasmo de jóvenes y mayores, lo hacían con muchas ganas. "En cuanto nos dijeron que no podríamos salir fuera buscamos esta alternativa", apuntaba Javier Merino. Dicho y hecho porque los siete apartamentos que hay en estas instalaciones volaron del libro de reservas, tal y como atestigua Gorka Amezaga, gerente de este camping que ha aprovechado el cierre por la pandemia para ejecutar significativas mejoras en la recepción, zona de terraza, servicios,... "Hay que apostar por el futuro", subrayaba mientras describía y reproducía los gestos entusiastas de los primeros campistas que ayer aterrizaban con sus maletas y bolsas de viaje en estas terrazas que se asoman al mar.

Cambiar de aires 

"Esperemos que algún día nos abran el grifo... Tenemos que aguantar este año y que el que viene se normalice todo... pero habrá que acostumbrarse a hacer turismo de interior. Conocer lo de aquí...", telegrafiaba Amezaga en declaraciones a DEIA sin parar de consultar su teléfono móvil para responder a mensajes y llamadas. "Están todos encantados. Si es que solo el hecho de moverse un poquito y cambiar de aires...", espetaba el responsable de estas instalaciones que ya tienen prevista para Semana Santa una ocupación del 85%.

Dentro de dos semanas, las familias de Zumarraga ya anuncian que tienen planes. También de proximidad. Esta vez a las faldas del Txindoki y del Aitzgorri; porque la pandemia ha provocado un cambio que muchos turistas y viajeros ya venían reclamando en favor de un turismo más sostenible, como apostillaba Jose Urdangarin, otro de los vecinos de esta localidad guipuzcoana. "Hay que ir adaptándose al problema. Es otra manera de estar a gusto así que hemos hecho planes cercanos porque vemos que la cosa se está complicando. Igual nos cierran y los planes de más lejos te los quitan de golpe...", auguraba mientras acomodaba una de las maletas que acababa de extraer de su vehículo.


El camping ha remodelado varias zonas comunes durante la pandemia.

Ese modelo de turismo de cercanía, de proximidad, está también en la agenda de Olga, Víctor y Sara, una familia de Etxebarri. Campistas por vocación y de escapadas más largas, en sus recuerdos guardan los amaneceres en Granada. Los han cambiado por unas vistas al mar desde Sopela; y en Semana Santa harán lo propio desde el cercano camping de Gorliz. "Somos de los que nos gusta marchar al calorcito, pero si hay que quedarse en casa pues nada; que tampoco se está mal cerca. Es que hay muchos sitios para descubrir", expresaba Víctor. "Hemos cambiado de techo y eso es lo que importa", sonreían Olga y Sara desde el interior del bungaló.

La opinión

Futuro. Gorka Amezaga, gerente del Camping Sopelana, confía en que la crisis sociosanitaria vaya remitiendo y 2022 sea el año de la 'normalización'. De momento, el turismo doméstico, de cercanía, está respondiendo este puente y también para Semana Santa.

La previsión

83,9%

Desde el Jueves Santo hasta el Lunes de Pascua, las reservas en agroturismos alcanzan un 83,90% en Euskadi.

Reservas

Por Territorios

Araba90,94%

Bizkaia83,27%

Gipuzkoa82,07%

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