Una conducción siempre en guardia

La necesidad de agua obligó al Consistorio bilbaino en los años 30 a construir el pantano y 42 kilómetros del canal

29.11.2020 | 01:14
Prebostes franquistas sobre el canal roto en 1963. Foto: CABB

El canal de Ordunte fue la solución que los próceres bilbainos de la segunda década del siglo pasado dieron a la ciudad para dotarla de una fuente continua de agua potable ante los problemas que presentaba la capital vizcaina.

Se estudiaron hasta nueve ubicaciones geográficas diferentes donde poder construir algún reservorio que permitiera saciar la sed de una urbe que crecía por la afluencia de población y la anexión de Deusto y Begoña.

Finalmente, el Ayuntamiento de Bilbao eligió Ordunte y la construcción de una presa en este valle burgalés de Mena con la correspondiente conducción que trasladaría el agua hasta la villa. Una infraestructura hidráulica de peso en aquella época que iba a permitir pasar de un suministro de 100 litros por habitante y día, a 250 litros, aún cuando la población llegara a ser de 450.000 vecinos y se produjesen nuevas anexiones.

Las obras iniciadas en 1929 fueron costosas por su envergadura, por los múltiples accidentes laborales que registraron y los problemas que surgieron con las poblaciones cercanas burgalesas quejosas porque les quitaban el líquido elemento.

Finalmente, con la presencia del ministro de Obras Públicas, el bilbaino de adopción, Indalecio Prieto, el 21 de marzo de 1933 se inauguraban oficialmente el pantano y el canal de 42 kilómetros de longitud por el que empezó a llegar agua a la villa a partir del 12 de julio.

Sin embargo, los trabajos no finalizaron definitivamente hasta 1936, justo a tiempo para convertir el pantano en un objetivo militar durante la Guerra Civil. Tanto fue así que una guarnición estuvo custodiando el embalse toda la contienda hasta que en julio de 1937, ante el avance del ejército franquista, intentaron volarlo con 2.500 kilos de dinamita. Afortunadamente fallaron y en mayo de 1939 se reanudó el servicio tras reparar las averías ocasionadas.

La gran avería en 1963 

El aumento de la demanda bilbaina obligó a instalar una tubería doble en los años 60 para propiciar más caudal y en esa década también se construyó una estación de tratamiento con capacidad para 1,5 metros cúbicos por segundo, lo que permitió contar con un agua mucho más limpia y potable para una población cada vez más exigente.

Aunque soterrada en la mayoría de su recorrido, la conducción siempre ha estado al albur de corrimiento de tierras y descalces que han provocado roturas e incidentes muy variados. El más grave tuvo lugar en 1963 y dejo sin agua a Bilbao durante tres largas semanas en las que los vecinos fueron abastecidos por camiones cisterna.

La última avería relevante aconteció el 1 de marzo de 2016, con motivo de un desprendimiento por las lluvias que dañó la conducción, lo que supuso que la localidad cercana de Güeñes se quedara sin suministro. En esta ocasión el abastecimiento solo tardó en recuperarse 24 horas.