CON el ceño fruncido y la mirada concentrada, Erika trabaja sobre la madera maltrecha. Con suavidad infinita acaricia con un pincel la vetusta y bella superficie de la pieza. A su alrededor, en un escrupuloso orden, numerosos fragmentos se reparten callados por el suelo, resguardados por las paredes gruesas y protectoras del pequeño templo. Están esperando su momento para recibir el tratamiento sanador, ese que les devolverá a una nueva vida. Ya han comenzado los trabajos de restauración del retablo de la ermita humilladero del Santo Cristo de Lezama, ubicada en la zona de La Cruz. El Ayuntamiento con la colaboración de la Diputación de Bizkaia está llevando a cabo la recuperación de esta pieza.
Fue el día 5 de mayo cuando comenzaron estos trabajos de la mano de Erika Tarilonte y Almudena del Fresno, ambas licenciadas en Bellas Artes en la especialidad de Restauración, y al frente de la empresa Artiqua, centrada en la conservación y restauración de patrimonio artístico e histórico. Estiman que a mediados de julio finalizarán la tarea. Se trata de un retablo barroco de madera policromada y dorada en su origen que data del siglo XVIII. Ardua labor la que están llevando a cabo estas profesionales asesoradas por Diputación, habida cuenta del maltrecho estado en el que encontraron el retablo, tanto en lo estructural como en lo estético. El primer paso fue realizar una limpieza superficial de la obra, quitar elementos ajenos como clavos o chinchetas, y proceder luego a desmontarlo minuciosamente para poder ir restaurando las fracciones. Ahora, en torno a 25 fragmentos se reparten por el suelo de esta ermita y están siendo reparados in situ. Solo un conjunto de imágenes han sido retiradas para su reparación, una tarea que está haciendo Diputación.
La humedad, el paso del tiempo y carcomas y termitas, han dejado relevantes daños estructurales en este retablo. Y apenas quedan restos del dorado original. "En algún momento lo pintaron de marrón. Es algo que solía hacerse", explican. Al retirarse esa capa de pintura se ha definido la talla de motivos vegetales del retablo. Lo que no ha podido salvarse es el dorado original, que solo ha resistido en algunos relieves . "Es tanta la superficie en la que falta el dorado que recomponerlo todo sería muy agresivo", explican. "Quedará el dorado que ha perdurado del original, y en el resto, habrá madera a vista", añaden. Así, ahora, después de desmontar, retirar la pintura marrón, eliminar carcoma y termita y consolidar la madera, están en el punto de la reconstrucción volumétrica de las piezas. Luego queda montar de nuevo el retablo y darle el acabado.
En una mesa, descansa un pequeño lienzo redondo que estaba claveteado en la parte superior del retablo y que muestra la imagen de San José con el Niño. Esta pintura también será restaurada y colocada en un bastidor.
Erika y Almudena se muestran satisfechas de un trabajo laborioso en cada uno de los procesos. "La consolidación de la madera ha sido muy gratificante, porque ves que piezas que se deshacían en las manos, ahora las puedes coger", exponen. Sus caras se les enciende cuando explican que los lezamarras que se asoman para ver el trabajo se muestran ilusionados de ver una ermita que está tomando nueva vida.