El nuevo mapa de ruidos elaborado por el Ayuntamiento de Bilbao y su traslación al censo cuantifican en algo más de cuatro mil el número de vecinos de la villa que residen en las zonas identificadas en el botxo bajo influencia de la contaminación acústica. Y cada vez son más. Tanto las personas afectadas como los ‘puntos calientes’ nocturnos. Los últimos en sumarse al carro de los decibelios excesivos a deshoras han sido los vecinos de las calles Diputación, Ripa, Peña Lemona (Rekalde), Ibáñez de Bilbao, Rodríguez Arias y Bailén, tal y como adelantó DEIA esta misma semana.
Este notable crecimiento en la cantidad de zonas damnificadas por el ruido -más allá del derivado del tráfico rodado y de las obras- ha puesto en estado de máxima alerta a las asociaciones y plataformas que dinamizan la vida en estos espacios y no han tardado en dejar patente su preocupación por este hecho. De hecho, han exigido al Ayuntamiento de Bilbao que aplique medidas concretas para anular o minimizar esas molestias derivadas del ocio nocturno y que lo haga reactivando nuevas medidas “lo antes posible con todas las garantías jurídicas” para conseguirlo.
Insisten en que el descanso es un derecho y que llevan años reclamando poder disfrutarlo. “De poco o nada sirve que se haya identificado un problema si no viene acompañado de medidas concretas de actuación para reducir el ruido”, han lamentado. Por eso exigen al Ayuntamiento de Bilbao que tome cartas en el asunto y que lo haga con la correspondiente agilidad administrativa.
“El propio Víctor Trimiño, director de Medio Ambiente del Consistorio ha afirmado que no se han establecido medidas o actuaciones concretas”, han referido desde la Federación de Asociaciones Vecinales de Bilbao en relación con la actualización del ‘Mapa de Ruido’ de la villa y la incorporación de esas nuevas zonas de conflicto.
"Mata las esperanzas"
“Este tipo de afirmaciones matan las esperanzas de las vecinas y vecinos de las zonas afectadas ya que confirman que no existe voluntad política para dar solución al problema que sufren en las Zonas Acústicamente Saturadas identificadas”.
Entre las medidas de intervención que hay sobre la mesa para reducir y silenciar esa contaminación acústica está la limitación y reducción de los horarios de las terrazas, la recogida del mobiliario en horas prudenciales y sin arrastrar y el control del consumo de bebidas en el exterior de los bares a partir de determinadas horas, así como la exigencia de una mayor insonorización de estos locales, el control de los aforos y una mayor vigilancia para evitar botellones.
"Priorizar actividades"
“Desde las asociaciones vecinales se lleva años reclamando que el descanso es un derecho, pero las instituciones parecen priorizar otras actividades económicas por encima de esta necesidad básica”, han apostillado desde la Federación. “Reclamamos que se sitúe el derecho al descanso, la salud y la convivencia en el centro del modelo de ciudad. Sólo de esta forma podremos avanzar hacia una ciudad más habitable, saludable y respetuosa con quienes viven en ella”, han concluido.