Bizkaia lleva viviendo los últimos días varias jornadas de contrastes térmicos extremos que puso a prueba la capacidad de adaptación de los vizcainos. Sin embargo, este miércoles la capital vizcaina se ha convertido en el epicentro de un fenómeno meteorológico que ha sentado como anilllo al dedo en un momento en el calor resulta asfixiante. La entrada brusca del viento del noroeste a través del pasillo natural de la ría ha actuado como un regulador térmico inmediato.
En el barrio bilbaino de Zorrotza, el mercurio ha alcanzado su punto crítico al mediodía, llegando a marcar una máxima de 31 grados. El calor dominaba la atmósfera en todo el entorno de la capital vizcaina. Sin embargo, la meteorología vizcaina ha vuelto a demostrar su volatilidad.
Bajón de cinco grados de golpe
Según han informado desde la Agencia Vasca de Meteorología, Euskalmet, apenas treinta minutos después de alcanzar ese pico de 31 grados, la canalización del viento del noroeste ha comenzado a hacerse notar en el cauce de la ría. El efecto ha sido inmediato, ya que se ha registrado una caída de cinco grados que ha situado el termómetro en unos mucho más llevaderos 26 grados en un intervalo de tiempo récord. Este fenómeno, vinculado a la entrada de aire oceánico más fresco y húmedo, ha limpiado la sensación de bochorno que se había acumulado durante las primeras horas de la jornada.
El efecto "embudo" de la ría
Este repentino desplome térmico es similar a una galerna en la costa pero a menor escala y sin las rachas de viento destructivas de los temporales tradicionales del Cantábrico. El proceso se desencadena cuando el viento rola bruscamente al noroeste, empujando una masa de aire húmedo y frío procedente del océano que desplaza de golpe el bochorno acumulado sobre el asfalto. El factor 'exprés' viene definido por la asombrosa rapidez del cambio, capaz de reconfigurar el escenario meteorológico en cuestión de minutos y obligar a los bilbainos a reaclimatarse.
La configuración geográfica de Bilbao favorece este tipo de alivios térmicos. La ría actúa como un auténtico embudo que acelera el paso de las masas de aire marítimo, permitiendo que barrios como Zorrotza o Olabeaga experimenten estos desplomes térmicos mucho antes que las zonas del interior del territorio o aquellas menos expuestas a las corrientes del noroeste.