Estas líneas son fruto de un encuentro mantenido con José Antonio Garrido, expresidente de Bilbao Metrópoli 30 (BM30), cargo que ha ocupado desde su creación en 1991. En la conversación surge una reflexión sobre el futuro. El también exvicepresidente de Iberdrola no es muy optimista y recuerda otra vez a Einstein: Nunca como ahora ha habido tanta perfección en los medios y tanta confusión en los fines. Es una de las grandes paradojas del siglo XXI: “llevamos más de 20 años diciendo que tenemos la mejor juventud de toda la historia, que nuestros jóvenes están formados como nunca y, sin embargo, las dificultades para encontrar un empleo acorde con sus conocimientos son cada vez son mayores”.

Es este un desafío de índole mayor que requiere concreción, análisis y diagnóstico en factores más reducidos, pero no menos importantes porque forman parte del mismo desafío: el futuro, comenzando por la esencia del conocimiento y la educación. En ambos casos hay incógnitas que, como si se tratara de una ecuación de segundo grado que conviene despejar tal y como le sugiero a José Antonio Garrido.

Sociedad de la información y sociedad del conocimiento

El primer problema surge del desconcierto entre dos conceptos: sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Existe una confusión entre ambas nociones, pero no tendría mayor repercusión si el oxígeno que da vida al conocimiento no fuera la información. Es decir, si la base del conocimiento y, por tanto, de la capacidad de cada individuo para percibir, analizar y discernir no residiera en la veracidad del dato y en la explicación. Lo cual nos lleva a pensar que es un auténtico peligro de desinformación…

No en las críticas, también aporta soluciones: “Necesitamos un cambio radical de tendencia, que sustituya los planes estratégicos cortoplacistas por el proyecto a largo plazo, que ponga los proyectos en manos de dirigentes que diseñen y compartan los proyectos”. Y para la sociedad en su conjunto recuerda que “si nos creemos que estamos en la Sociedad del Conocimiento, deberíamos admitir que el conocimiento proclama la soberanía del individuo, junto con la meritocracia a partir de una igualdad de oportunidades para todos”.

Aprendizaje

Ocurre, no obstante, que entre la información y el conocimiento hay, o debiera haber, un periodo de aprendizaje que llamamos educación y plantea una segunda interrogante: ¿Cómo debe ser la educación? Y le recuerdo a Garrido un documento que considero muy adecuado. Es el informe Los cuatro pilares de la Educación, elaborado por Jacques Delors en 1996 por encargo de la Unesco, que comienza señalando que El siglo XXI, ofrecerá recursos sin precedentes para la educación, y comenta los cuatro aprendizajes tradicionales; Aprender a conocer; Aprender a hacer; Aprender a vivir juntos y Aprender a ser. Pero también indica que Aprender para conocer supone, en primer término, aprender a aprender, ejercitando la atención como ejercicio que estimula la mente y el pensamiento. Ya no basta con que cada individuo acumule al comienzo de su vida una reserva de conocimientos a la que podrá recurrir después sin límites. Sobre todo, debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar durante toda la vida cada oportunidad que se le presente de actualizar, profundizar y enriquecer ese primer saber y de adaptarse a un mundo en permanente cambio.

Soberanía personal

En este punto Garrido se identifica plenamente con la opinión de quien fuera presidente de la Comisión Europea (1985-1995), para agregar que “la soberanía personal está basada en el conocimiento y el comportamiento. Si estamos en la sociedad del conocimiento deberíamos esforzarnos en formar a los nuevos trabajadores del conocimiento. Es preciso un ciclo de aprendizaje que comenzase en la educación primaria, finalizase en la universitaria y siguiese con la formación permanente. Una educación de la cuna a la tumba.

Y concluye: “Otro concepto importante es el de la meritocracia, siempre y cuando apliquemos adecuadamente el principio de igualdad de oportunidades. Tengamos las condiciones para que todos seamos iguales a la salida y luego reconozcamos al que llegue el primero, el segundo…”.