Bilbao aprendió hace tiempo que su futuro ya no pasa por crecer hacia fuera. La villa, que en otro tiempo llegó a contar con un término municipal mucho más amplio, con municipios del Txorierri integrados en su ámbito, fue regresando después, tras su desanexión, a su realidad actual. Una ciudad encajada en el ‘botxo’ y prácticamente sin margen para expandirse.
En una entrevista reciente del actual alcalde, Juan Mari Aburto, confesaba que “para mí, el gran proyecto de Bilbao sigue siendo el de los barrios, el de las aceras, el de los bancos, el de la mejora de la seguridad, el de la mejora de la limpieza. Suelo decir muchas veces a mi equipo que en Bilbao empieza a ser más importante que hacer cosas nuevas, mantener bien las cosas que tenemos. A veces eso no nos da mucho relumbrón, pero estoy plenamente convencido que es algo que tenemos que hacer, mantener lo que tenemos.
Esa es también una de las ideas que atraviesan la conversación con Ibon Areso, arquitecto, responsable de Urbanismo del Ayuntamiento entre 1991 y 2015 y alcalde de Bilbao entre marzo de 2014 y junio de 2015. Hace once años que dejó la alcaldía aunque sigue recorriendo la villa a diario.
“En Bilbao empieza a ser más importante que hacer cosas nuevas mantener bien las que tenemos”
En su paso por la plaza Euskadi reconoce que casi no percibe ya los cambios, pese a que las obras terminaron hace apenas tres semanas. “Paseo todos los días por aquí y ya lo tengo amortizado”, comenta. Pero en cuanto la conversación entra en urbanismo, el tono cambia. Habla de proyectos, fechas y transformaciones con precisión absoluta y recuerda cómo muchas de las actuaciones que hoy se ejecutan comenzaron a dibujarse hace más de treinta años.
“Bilbao no puede expandirse”, resume nada más empezar. Zorrotzaurre ya está en marcha y Punta Zorrotza aparece como uno de los últimos ámbitos de transformación que le quedan a la villa. “Al final se ha quedado en el botxo”, añade. Por eso, considera que el urbanismo entra ahora en otra fase, más centrada en remodelar espacios interiores y resolver actuaciones pendientes dentro de una ciudad ya consolidada.
Tres operaciones
En esa lógica se sitúan tres operaciones actualmente en marcha o recién terminadas: la remodelación de la plaza Euskadi, las obras de la calle Autonomía y la construcción de la nueva Facultad de Medicina y Enfermería de la EHU junto al Hospital de Basurto.
A su juicio, Bilbao mantiene todavía operaciones pendientes, especialmente ligadas a la estación de Abando. En ese punto aparece inevitablemente la llegada de la alta velocidad. “Ha sido la gran tomadura de pelo”, afirma al recordar los retrasos acumulados durante décadas.
En consecuencia, Areso considera que la operación de Abando sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes del urbanismo bilbaino. La llegada del tren de alta velocidad permitirá reorganizar toda la playa de vías y abrir nuevas conexiones hacia Bilbao La Vieja y el barrio de San Francisco.
Con la certidumbre de haberse mantenido siempre fiel a la villa, Areso sostiene que Bilbao entra ya en una etapa distinta. Después de décadas de transformación urbana, considera que la ciudad tiene gran parte de los “deberes hechos”. Los próximos retos, explica, también se seguirán construyendo “con escuadra y cartabón”, aunque ya no dependerán únicamente del hormigón, las infraestructuras o los nuevos desarrollos urbanos. En la visión del exalcalde, el futuro mapa de Bilbao pasa ahora por el conocimiento, la universidad, la investigación y la capacidad de retener a jóvenes preparados para que puedan desarrollar aquí su proyecto de vida.
Lo decía Juan Mari Aburto, Bilbao no tiene mucho más espacio para expansionarse, sin embargo sí para reinventarse en cada calle, cada barrio y de esa forma mejorar la ciudad y la calidad de vida de sus habitantes. Y ese es el reto de una villa que avanza reinventándose cada día.