Pasar por chapa y pintura cuando ya ha caído el sol. Apurar los primeros tragos de la noche frente al tocador. Cenas que parecen no terminar nunca. Son escenas que empiezan a pertenecer a otro tiempo, cada vez menos habituales en una sociedad donde la tarde ha desplazado a la noche como principal espacio para la fiesta. Al menos, esa es la tesis que sostienen sociólogos y especialistas en estudios culturales.

Para la investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya Alba Colombo, el discurso del autocuidado ya no interpela únicamente a la Generación Z. Cada vez más adultos muestran preocupación por la salud y el bienestar, una tendencia que, a su juicio, ayuda a explicar el auge del tardeo. “Es una fórmula perfectamente compatible con comer bien o no emborracharse hasta las tantas. Ya hay muchos artículos que hablan de quienes no beben alcohol por principios”, sostiene.

Junto a esa inclinación hacia hábitos más saludables, la investigadora catalana señala otro elemento clave: el cambio generacional que atraviesa la llamada Generación Sándwich. A diferencia de sus padres, que asumieron la madurez como el final de las noches de juerga, muchos adultos de entre 45 y 55 años no están dispuestos a renunciar a la vida social ni a la fiesta.

“Quieren seguir teniendo su momento de la semana para desconectar, ver a sus amigos y salir de fiesta, pero sin que eso afecte negativamente a su vida. Y, precisamente por eso, cambian los horarios: la fiesta pasa a ser por la tarde. Creo que eso es muy relevante, porque refleja que ya no estamos dispuestos a renunciar a ese espacio de ocio y socialización”, subraya. 

salir y... ligar

Así las cosas, la amistad también adquiere una importancia creciente en este rango de edad, que, para Alba Colombo, constituye el perfil predominante en los tardeos. El vínculo con los amigos pesa más que en generaciones anteriores, aquellas que hoy caminan con cachava. Pero no solo eso: los contratos matrimoniales, sostiene, ya no parecen inquebrantables.

La idea del amor para toda la vida también se ha transformado. “Estamos viendo que muchas personas que se casaron o tuvieron hijos alrededor de los 30 ya no siguen con sus parejas a los 40. Por lo tanto, también existe una necesidad de nuevos espacios para ligar y socializar”, apunta Colombo, quien añade que la necesidad de seguir sintiéndose interesante y deseado no desaparece con las primeras canas.

Colombo hace sin embargo un apunte: el tardeo ya existía. El afterwork consistía en tomarse unas copas a la salida de la oficina. Pero lo que empezó como un café torero es, ahora, una rave diurna.