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El helado como refugio ante la escalada del termómetro en Bilbao

Bizkaia afronta este viernes una de las jornadas más calurosas del año con máximas que obligan a buscar alternativas para mitigar el bochorno

En imágenes: Los termómetros se disparan en BilbaoOskar Gonzalez

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El rigor térmico ha transformado la fisonomía habitual de Bilbao, donde el efecto de "isla de calor" acentúa la sensación de bochorno debido a la combinación de las altas temperaturas y la humedad característica de la zona. Con los termómetros rozando los 30 grados, el asfalto y las fachadas de granito retienen el calor, elevando la temperatura ambiental incluso en las horas de menor exposición solar.

Esta situación meteorológica no solo ha alterado los hábitos de movilidad de los bilbainos, que buscan refugio en las arterias con más sombra y en las corriente de aire de la ría, sino que ha condicionado la actividad comercial, desplazando el interés del consumidor hacia soluciones de enfriamiento inmediato para mitigar el impacto de una atmósfera especialmente sofocante.

De cabeza al frío

La intensidad del calor en las calles de la capital vizcaina ha disparado el consumo de productos gélidos. En la calle Navarra, la heladería Nossi-Bé prevé este viernes una actividad incesante. Este establecimiento, que funciona en Bilbao desde 1911, basa gran parte de su oferta en materias primas como la vainilla bourbon y el cacao, procedentes de la isla de Madagascar, origen que da nombre al local.

La heladería Nossi-Bé de Bilbao, entre las mejores del mundo

Ante las altas temperaturas de esta jornada, la demanda bascula entre la innovación y el producto de proximidad. Destaca, entre su extensa carta de sabores, el helado de queso Idiazabal, una opción que traslada un emblema de gastronomía vasca al formato de crema helada, consolidándose como una de las elecciones predilectas para quienes buscan combatir el sol sin renunciar a los sabores de la tierra.

Gran variedad

Esther Ortiz, propietaria de Nossi-Bé, confirma que el calor y el turismo disparan las ganas de helado, aunque la gran variedad de su vitrina provoca en el cliente "un colapso mental" al elegir. Según explica, cuando la temperatura sube "te apetece más un mandarina, un mango o un mojito" por su poder refrescante, pero subraya que en Bilbao "la gente se anima" a probar propuestas de alta cocina como el salmón ahumado Keia, el chocolate a la guindilla o el queso Idiazabal con membrillo y nueces.

Esther Ortiz, propietaria de la Heladería Nossi-Bé de Bilbao

El sector heladero de Bilbao ha reforzado sus existencias para una jornada donde los sorbetes de frutas y los helados de corte clásico actúan como principales aliados contra la deshidratación. El flujo de clientes en las zonas más expuestas al sol, evidencia que el consumo de estos productos ha dejado de ser meramente recreativo para convertirse en una necesidad funcional frente a los 30 grados de máxima previstos.

Un bocado a la nostalgia

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En Bilbao, no hay calor que pueda con las costumbres. Convertir el dulce más icónico en una crema helada no es solo un acierto gastronómico, es un homenaje a la resiliencia del paladar bilbaino. Cuando el asfalto quema, no hay mejor refugio que un bocado que sepa a la infancia de siempre, pero con los grados bajo cero que el cuerpo reclama.

Un bollo de mantequilla. El ADN dulce de la villa. La merienda y el desayuno que ha pasado de generación en generación por los mostradores de las pastelerías vizcainas. Por eso, que la heladería Nossi-Bé haya logrado trasladar ese sabor y esa mezcla inconfundible de suavidad y crema, a su formato helado, es casi un acto de justicia poética para el paladar local.