Marlene Gorostizagoiza y Claudia Ortiz, estudiantes de primer curso de Ingeniería Industrial, viven la Semana Santa de forma muy distinta. Marlene viaja a Moraira (Alicante) con la familia para descansar, mientras Claudia retorna a su Donostia natal, pero ambas mantienen la rutina de estudio exigida por la cercanía de los exámenes parciales. “Intentaremos desconectar, aunque siempre con los apuntes cerca”, dicen. La religión no ocupa un lugar central en sus vidas: hicieron la comunión, recuerdan las costumbres familiares, pero hoy viven estos días con un enfoque práctico, equilibrando descanso y responsabilidad. Marlene comenta que para ella la Semana Santa es “una oportunidad para salir, descansar y despejar la cabeza”, mientras Claudia insiste en que “aunque salgas de viaje, no puedes perder de vista los exámenes; hay que organizarse”.
Una metrópoli de contrastes
La ciudad, para ellas, es un telón de fondo donde los contrastes de la Semana Santa se perciben con claridad en base a las creencias de cada uno: mientras unas calles están llenas de procesiones, otras respiran ocio y paseos por la ría, creando una amalgama que refleja la diversidad de la urbe y su ciudadanía.