En la mañana de este sábado, el Casco Viejo ha vuelto a llenarse de acentos. Apenas una semana después del final de la Korrika, las mismas calles que entonces se abarrotaron han recuperado un trasiego constante, esta vez con turistas como protagonistas. Grupos con cámaras, familias buscando mesa en terrazas y visitantes consultando el móvil han dibujado la imagen de un Sábado Santo animado en el epicentro histórico de la villa.

Margarida Conde junto a su pareja y amigos. Oskar González

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Variedad de pintxos

Junto a la Plaza Unamuno, Margarida Conde se ha detenido en los detalles de las fachadas. “Nos ha llamado mucho la atención lo oscuras que son. Hace poco estuvimos en Málaga y todo era mucho más claro”, ha dicho la lisboeta, que viajaba con su pareja, Rodolfo Díaz, y varios amigos. En pocos días han recorrido el Museo Guggenheim, el Casco Viejo, el funicular de Artxanda y el Mercado de la Ribera. Tampoco han faltado las paradas en bares. “Lisboa es un poco más barato, pero todo lo que hemos probado está muy bueno”, han resumido, sorprendidos por la variedad de pintxos que han descubierto en la villa.