Bilbao y Tenerife son dos plazas con tradición en la élite del baloncesto. Ambas perdieron su sitio en la Liga ACB el mismo año, 1991, y de la misma manera, en el quinto partido del desaparecido play-off por la permanencia. Lo hicieron como Cajabilbao y Cajacanarias en una época en la que las entidades bancarias sostenían el baloncesto profesional. Les costó volver. El Bilbao Basket recuperó para Bizkaia la máxima categoría en 2004; el club canario, sin rendirse, lo hizo en 2012 y desde entonces se mantiene en la Liga Endesa para ser el décimotercer equipo con más victorias en la historia.
En estos catorce años y pese a la distancia geográfica, se han establecido lazos evidentes entre ambos clubes. Dos entrenadores han dirigido en ambos banquillos, Txus Vidorreta y Fotis Katsikaris, y varios jugadores han vestido las dos camisetas. El más destacado es Marcelinho Huertas, convertido junto al técnico de Indautxu en uno de los embajadores del 25 aniversario del Bilbao Basket que se celebró en marzo en un duelo entre los dos. Incluso el equipo canario logró uno de sus mayores éxitos, la Basketball Champions League de 2022, en el parqué de Miribilla.
Si al regreso del CB Canarias a la ACB, los vizcainos eran uno de los clubes habituales entre los ocho mejores, ahora las tornas han cambiado y los tinerfeños ocupan uno de esas posiciones a la que aspiran el club bilbaino y sus seguidores una vez que las cuestiones económicas se han resuelto. Pero no es sencillo y, de hecho, el Surne Bilbao lleva tres temporadas seguidas sin poder derrotar al equipo de Vidorreta. El último triunfo data de abril de 2022. La clave está en la continuidad que ha conseguido el Tenerife, con un técnico y varios jugadores que llevan varios años juntos para imponer un estilo de juego que funciona. En cambio, en Bilbao los cambios han sido constantes cada temporada por las apreturas económicas y quizás si algo hay que imitar del rival de mañana es esta confianza en un proyecto y unas personas como base para crecer, cada uno con sus peculiaridades y sus señas de identidad.
Porque Jaume Ponsarnau y Txus Vidorreta, que también compartieron banquillo en el Valencia Basket y en la selección española, han implantado esta campaña estilos opuestos para tratar de repetir los éxitos recientes. El catalán ha hecho del Surne Bilbao uno de los equipos de la Liga Endesa con un ritmo más alto, sin renunciar a corre en cuanto se pueda, aunque su eficiencia ofensiva sea hasta ahora baja. Sin embargo, su eficiencia defensiva es de las mejores y eso le mantiene lejos de los apuros, como viene ocurriendo desde que el de Tàrrega está en el banquillo.
Sin prisa, pero sin pausa
Por su parte, el técnico bilbaino se apoya en una de las plantillas con una media de edad más alta de la historia de la competición para imponer un ritmo más pausado, que coloca su eficiencia ofensiva a la altura de los tres grandes de la Euroliga: Real Madrid, Barça y Valencia. Probablemente, sin Marcelinho, el base que todos los bases quieren ser, eso no sería posible porque el paulista propone y dispone hasta encontrar el mejor tiro con un alto nivel en la ejecución, sin prisa, pero sin pausa.
El mérito del Tenerife es hacer exitoso este estilo cuando la tendencia general es la contraria. El Surne Bilbao ha comprobado en las últimas campañas cómo los canarios son capaces de aprovechar los errores ajenos. No basta solo con competir o estar cerca, sino que hay que darles la puntilla. Quizás este año los hombres de negro tienen más argumentos, sobre todo para elevar el tono físico. Sucede que el equipo canario no está en este comienzo de 2026 en su mejor momento, aunque no conviene fiarse, y que el Surne Bilbao está creciendo de la mano de sus dos bases, capaces ahora mismo de dirigir y ejecutar.