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La contracrónica

Un regalo para Valverde

El Athletic firma su quinta remontada de la temporada, la segunda en liga, para acercarse a Europa y decir adiós definitivamente al descenso en el partido número 500 de su entrenador

En imágenes: la afición del Athletic se hace notar en MedizorrotzaMarkel Fernández

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Rara vez un entrenador, y más en los tiempos que corren, en los que manda la inmediatez y la paciencia acostumbra a acabarse muy pronto, demasiado en ocasiones, se permite el lujo de dirigir 500 partidos en el fútbol de élite. Y qué decir ya en un mismo club. Aunque ha necesitado tres etapas distintas para ello y algo más de dos décadas, Ernesto Valverde firmó ayer en Mendizorrotza, muy cerca del barrio de Adurza donde se crió, esa redonda cifra. En una temporada muy complicada para él por cuestiones de sobra conocidas, pero relacionadas con las dificultades que está encontrando su Athletic para competir semana tras semana, el técnico recibió un regalo de sus futbolistas en forma de remontada. La quinta del curso y la segunda en liga tras las firmadas frente al Qarabag, la Cultural y Deportiva Leonesa, la Atalanta y el Oviedo. El Alavés, que sufre para no bajar al infierno de Segunda, se coló en esa pequeña lista.

El triunfo entierra de una vez por todas, y ya era hora, los fantasmas de un descenso que alguien, con mención especial al club, temió semanas atrás. Hubo nervios en grandes dosis, que en ocasiones no está de más tenerlos, aunque hay que medirlos. Y, sobre todo, no exponerlos, que no se noten. Aunque aquello pudo medirse mejor comunicativamente, el triunfo frente al conjunto babazorro encerró todos los miedos en un cajón y el equipo mira ya a Europa. Que también iba siendo hora. Por lo pronto, amanece empatado a puntos con los puestos europeos, que no es poco.

Claro que por mucho que el Athletic firmara una meritoria remontada, hay cosas que no son de recibo. El primer gol del Alavés llegó en el enésimo ejercicio de falta de tensión competitiva del equipo. Una cosa es que el fútbol no te acompañe, que estés más o menos acertado de cara a la portería rival o que los disparo del contrario se cuele por la escuadra. Porque sí, el remate de Antonio Blanco se convirtió en un golazo, pero lo que no es de recibo es que haya un jugador que pase olímpicamente de disputar un balón aéreo, como fue el caso de Nico Williams, y que solo un par de segundos después Unai Gómez mire de reojo al centrocampista del Alavés y acto seguido decida no seguirle ni con la mirada cuando se acercaba a una zona tan delicada como la frontal del área.

Ya se había hablado a lo largo de la semana de los problemas que ha arrastrado esta campaña el equipo con los goles encajados tanto en los quince minutos previos al descanso como en los quince posteriores, fruto en numerosas ocasiones de una preocupante falta de tensión. El foco no estaba puesto en los inicios, pero como con este Athletic nunca se sabe, pues ante el conjunto babazorro tocó también perder la tensión competitiva antes del minuto diez de juego.

La primera parte acabó con más pena que gloria, sin un solo remate a puerta de los leones en esos 45 minutos iniciales. Aunque afortunadamente todo cambió a la vuelta de vestuarios. Valverde, que volvió a dejar en el banquillo a Oihan Sancet por tercer partido seguido, no tuvo más remedio que tirar de él al descanso. Aunque con el navarro ingresaron al campo también Iñigo Ruiz de Galarreta y Robert Navarro.

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El último firmó el empate nada más arrancar el segundo acto, con algo de fortuna, pero el equipo volvió a fallar en defensa, esta vez en un córner, y el Alavés volvió a ponerse por delante. Se temió lo peor de nuevo, pero entonces decidieron aparecer, que ya iba siendo hora, Sancet y el menor de los Williams. El primero se inventó un auténtico golazo para meterle el miedo en el cuerpo al Alavés y Nico les dio la puntilla.

El Athletic, aunque solo fuera durante un puñado de minutos, volvió a ser ese Athletic competitivo que no tira la toalla. Así firmaron la remontada en el derbi para hacerle un regalo muy especial a Valverde en su partido 500 dirigiendo al conjunto rojiblanco y, de paso, quitarse una gran losa de encima.