Pocos recursos hay más utilizados que la estadística para tratar de explicar el decepcionante fútbol que el Athletic viene practicando desde el verano. Comparar datos de hoy con los de ayer es lo más fácil para interpretar cuanto ha ido pasando por delante de nuestros ojos y almacenamos en la memoria, frágil depósito de pasajes realmente duros de masticar. Lo de frágil viene a cuento de las veces en que se ha buscado la mínima excusa, o sea una buena actuación, el oasis en mitad del desierto, para volver a creer en el regreso de aquel equipo enérgico, siempre espoleado por sus ansias de victoria. O sea, el Athletic que hace un año y hace dos comparecía semanalmente, lo mismo en San Mamés que en cualquier campo ajeno.
Como hoy toca partido en Bilbao, lo suyo sería repasar qué resultados se han dado entre sus cuatro paredes de agosto a abril y buscar las diferencias con los del bienio anterior, pero ¿merece la pena? Todo el mundo es consciente de que los recientes son peores de lo esperado y de lo deseado, claro. En definitiva, malos porque cuando todavía debe recibir a cuatro adversarios (Villarreal, Osasuna, Valencia y Celta), el Athletic lleva cinco derrotas y un par de empates como anfitrión, además de ocho triunfos. A ver, únicamente los cuatro que encabezan la categoría han ganado antes sus aficiones con mayor frecuencia, pero por el contrario solo cinco equipos han encajado más reveses que los rojiblancos actuando como locales.
Detrás de la ensalada de datos se esconde una debilidad que en el caso del Athletic sorprende de verdad. Siendo capaz de terminar una liga con una sola derrota en su campo y la siguiente con dos, a qué obedece lo de ahora. Hablamos del mismo grupo de jugadores y el técnico no ha cambiado, pero su versión habitual resulta irreconocible. Hasta en las oportunidades en que saca adelante sus compromisos, sufre y se expone al tropiezo.
Esta noche afronta un duelo complejo, al menos siempre y cuando el Villarreal esté a la altura del potencial que atesora. Algo que últimamente no ocurre. El problema radica en que siendo esto cierto (de hecho, acaba de perder en Montilivi haciendo gala de una desgana evidente), no es descartable que intente compensarlo de inmediato y recupere una versión acorde a la de un bloque poseedor de un gran surtido de recursos en el plano individual.
Ayer Valverde manifestaba que Marcelino ha sabido diseñar uno de los contragolpes más letales del continente. Es difícil contrastar este tipo de apreciaciones, aunque en teoría dicha facilidad para plantarse en área rival en un santiamén constituye una seria amenaza para un Athletic que ha extraviado los mecanismos de contención que le clasificaron para Europa. Para Simón lo de recoger balones de su red se ha convertido en un hábito preocupante. Una constante que engloba veinte encuentros consecutivos “es por algo”, en palabras del entrenador. Por supuesto. La negatividad del dato se complementa con el balance rematador, insuficiente para ejercer de contrapeso.
Ante todo, actitud
En la esperanza de que la actitud del conjunto no defraude al estilo del último fin de semana, se antoja indispensable una mejoría general en sus evoluciones o lo pasará mal. Una pizca más de precisión, de concentración, de tesón y de valentía, de lo contrario la opción de puntuar se pondrá carísima, a un precio prohibitivo. Y no se olvide, que por si acaso ya se encargó de mencionarlo Valverde, persiste una “urgencia” por acceder a la “tranquilidad”. Faltan cuatro puntos para conseguir los famosos 42 que libran de todo peligro. Cuanto antes, mejor. Ya habrá luego tiempo de pensar en otras cuestiones.
La lista registra dos altas, Gorosabel y Paredes, y no hay motivos para guardarse nada, dado que la siguiente cita será dentro de nueve días. Es previsible que Galarreta recupere la titularidad, al igual que Nico Williams. Estaría por ver quién ejerce de enlace, si Sancet o Berenguer, y quién de lateral derecho. Reiterar la presencia de un central, Vivian, en una cita en campo propio no suena demasiado adecuado.