En el entorno mediático del Villarreal se ve improbable la continuidad de Marcelino García Toral, que este domingo estará sentado en uno de los banquillos de San Mamés. La ausencia de datos fidedignos deja abiertas todas las posibilidades, pero para que el pronóstico más extendido apunte a una ruptura pesaría la supuesta ausencia de sintonía entre el técnico y los dueños del club, la familia Roig. Desde la lejanía, esta previsión sorprende y no solo por la trayectoria actual del equipo sino porque Marcelino presenta un balance difícil de emular en la todavía breve historia del submarino amarillo en la máxima categoría.
Para hacerse una idea ajustada, el Villarreal solo se ha quedado fuera de Europa en una de las siete temporadas cubiertas bajo la dirección del técnico de origen asturiano en dos etapas: 2012-16 y 2023-26. Con la particularidad de que en la que falló, Marcelino cogió el equipo en noviembre y lo dejó en la octava plaza. Hoy, a ocho jornadas de la conclusión de la liga, figura en tercera posición con un punto más que el Atlético de Madrid y trece más que el Betis. Dispone por tanto de un amplísimo margen para dar por hecha su presencia en la próxima edición de la Champions.
Los rumores en torno a su adiós se basan en un contacto reciente donde no se habría llegado a un acuerdo: mientras una parte pedía dos años más de contrato, la otra solo concedía uno, aunque contemplaba un segundo condicionado. Siendo parecido, no es lo mismo. De ser verdad, la postura del club sugiere que no le importaría demasiado finiquitar la relación y buscar un sustituto. Por cierto, hasta Ernesto Valverde figura en la lista de candidatos al puesto. También cabría decir que Marcelino está tensando la cuerda con su postura, pero le avalarían sus resultados. O no.
Y aquí entra en liza otra cuestión. La plantilla está diseñada para aspirar con fundamento a cotas elevadas, pero aparte de su trayectoria en liga, el Villarreal ha defraudado ampliamente en el resto de los frentes. En Copa fue apeado por el Racing de Santander en dieciseisavos de final y por la Champions, sencillamente, transitó como alma en pena. Aunque el sorteo no fue muy benévolo que se diga, al cabo de los ocho partidos correspondientes a la fase de liguilla obtuvo un único punto y finalizó penúltimo entre 36 participantes, solo por delante del Kairat Almaty, líder de la Premier de Kazajistán. Recordar que el decepcionante Athletic porfió por colarse en la siguiente ronda hasta el final y fue capaz de conquistar ocho puntos.
Qué duda cabe que sendos fiascos favorecieron las expectativas ligueras del Villarreal, aligeraron su agenda y pudo centrarse en la competición que, suele decirse, es la que da de comer. En ese sentido, la cosa ha funcionado, pero la pregunta es si es suficiente habida cuenta el potencial que reúne el grupo puesto a las órdenes de Marcelino. Y en esta cuestión, es muy probable que los dirigentes de la entidad alberguen serias dudas, por no decir directamente que se entendería que lo realizado les sepa a poco.
Mientras se deshoja la margarita, primero la de Marcelino y luego las que atañen, como ya se ha mencionado a Valverde, pero especialmente a Míchel, el del Girona, a Imanol Alguacil, exjugador de la casa, e Iñigo Pérez, quien aún no se ha pronunciado sobre si su porvenir le vincula o no al Rayo, se observa una tendencia significativa en los resultados del Villarreal. Desde enero mantiene una línea fiable en La Cerámica, similar a la del período anterior, con mayoría de victorias, pero a domicilio solo ha podido vencer a Elche y Levante.
Y lo peor no son los marcadores, que incluyen alguna derrota aceptable, por ejemplo, en el feudo del Barcelona, sino la imagen. Por ejemplo, el pasado lunes fue un juguete en manos del Girona. El cuadro catalán no halló oposición; de hecho, el guion guardó un enorme parecido con el de dos jornadas antes, cuando quien pasó por Montilivi fue el Athletic. Claro que hablamos de dos visitantes separados por nada menos que 20 puntos en la tabla.
Si a estas alturas del ejercicio no se puede esperar un salto de calidad en el nivel competitivo del Athletic, tampoco es de recibo que un Villarreal que luce unos números espectaculares en todos los conceptos se deje ir así como así. Al término del encuentro de Girona, con ver el semblante y el tono de las declaraciones de Marcelino quedaba disipada cualquier duda sobre la actitud de sus muchachos.
Con estos antecedentes, es lógico que exista expectación por ver qué sucede en San Mamés, qué Villarreal comparece. Si el Athletic se cruza con el equipo que sale de paseo porque sus jugadores tienen en mente las vacaciones o con el que exprime las cualidades que le señalan como el tercer equipo de Primera más eficaz en ataque y el cuarto más firme en materia defensiva. En esta disyuntiva, algo tendrá que decir el jefe, Marcelino.