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Lo mejor y lo peor del Getafe-Athletic

El conjunto rojiblanco devalúa su marca en el Coliseum al firmar un partido más propio de un equipo desahuciado que de un aspirante a Europa

El rojiblanco Iñaki Williams intenta sin suerte superar a Domingos Duarte, central del GetafeAgencias

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Ridículo. Es la sensación que ofreció ayer el Athletic entre su gente, atónita ante la imagen que proyectó en el Coliseum el colectivo de Ernesto Valverde, impropia de un equipo que ha disputado este curso la Champions League y más acorde al de un conjunto desahuciado que a uno que dice aspirar a jugar la próxima campaña en competición europea.

Lo cierto es que los leones compitieron en Getafe a un nivel ínfimo, un encuentro que señala a su entrenador además de a los propios futbolistas, al mismo tiempo que si el futuro técnico ha visualizado el partido, posiblemente pensará en qué marrón se ha metido.

Lo mejor: Los regresos de Yeray, Maroan y Nico Williams

El Athletic se la prometía muy felices en su visita al Coliseum, donde no perdía desde siete temporadas atrás, sobre todo porque se sentía crecido con su victoria anterior frente al Betis, fresco tras el parón competitivo y reanimado con la suma de compañeros a la causa, gracias a las reapariciones de Yeray Álvarez, que volvió a jugar once meses después una vez cumplida la sanción que le impuso UEFA; de Maroan Sannadi, recuperado de la operación de menisco a la que fue sometido el pasado octubre; y Nico Williams, activo de nuevo después de dos meses en el dique seco a causa de la latosa pubalgia que padece. El retorno de los tres rojiblancos, junto al de Unai Egiluz –ya con alta médica de su rotura de cruzados y convocado aunque ayer no jugó minuto alguno– hay que entenderlo en clave positiva por el mero hecho de su vuelta a los campos de fútbol en una fase de liga en el que se decide todo.

Yeray, en este sentido, acaparó el mayor número de focos por el hecho atípico de su larga ausencia –la ingestión de una sustancia prohibida que se debió al parecer al tomar indebidamente un medicamento preventivo contra la caída del cabello de su pareja que contenía dicha sustancia– y por el hecho de ejercer titular pese a tan extensa inactividad, que le pudo penalizar en la gestión de algunos matices delicados para un defensa. Nico Williams salió para poner al servicio del equipo esa diferencia de la que hubo pocas noticias y Maroan compareció con la idea de meter más recursos ofensivos, aunque sin fruto alguno. Los tres necesitan rodaje para coger las mejores sensaciones, pero toca aplaudir que ya estén de regreso.

Lo peor: La frustración de semejante ejercicio de impericia

Tanto las diferentes crónicas en los medios de comunicación como cada athleticzale, ya sea con sus personas cercanas o a través de las redes sociales, habrán coincidido en recurrir a calificativos de índole negativos a la hora de definir el partido que firmó el Athletic en el Coliseum, por cierto no muy diferente a otros muchos, especialmente lejos de San Mamés, donde los leones han ofrecido sucesivos despropósitos, como ocurrió también en la anterior salida, en la que le vapuleó el Girona. Cuando tal ejercicio de mediocridad se repite en el tiempo, ya no se entiende como una casualidad, sino como un mal endémico al que no se ha encontrado remedio, por lo que los responsables de ello se detectan dentro de la casa.

La impericia del Athletic es desoladora, como así lo acredita las estadísticas que más retratan a un equipo. El conjunto de Valverde solo ha marcado dos goles en los últimos cinco partidos oficiales, ambos ejecutados en un mismo encuentro, ante el Betis; y encadena veinte compromisos consecutivos son dejar la puerta a cero, dinámicas que pintan la cara incluso al más más guapo, por lo que el optimismo de cara a las ocho jornadas de liga que restan conlleva ese punto de fanatismo que suele cegar la realidad.

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Y esta dice que el Athletic, con 24 puntos aún en juego, está a ocho de las plazas europeas que marca el Celta –a la espera de que se den bolas extras por la final de Copa o por el aumento de la cuota vía ranking UEFA– y a nueve de la zona de descenso. Cada cual es libre de dirigir la mirada hacia un lado o hacia el otro.