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La mejoría vale el pase a la semifinal

El Athletic superó al Valencia según avanzaba el partido y decantó la ronda en el tiempo añadido

En imágenes: Valencia-AthleticMarkel Fernández/Athletic Club/Efe

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El Athletic salió vencedor del cara o cruz que acogió Mestalla. Costó inclinar una balanza que anduvo oscilando a un lado y al otro, elevando la tensión y la incertidumbre, aunque finalmente cayó a favor del equipo que acabó más entero, el que fue elevando el vuelo según avanzaba el cronómetro. La superioridad física le concedió algunas opciones más, incluso un penalti que Jauregizar no supo convertir, y no quedó más remedio que perseverar y apurar hasta el añadido. Con el Valencia emitiendo evidentes síntomas de cansancio y la amenaza de la prórroga revoloteando sobre los protagonistas, una conexión de los Williams rubricó el acceso a la semifinal.

Si la victoria se traduce en ese impulso que el equipo necesita con urgencia, tal como apuntó Ernesto Valverde, lo presenciado cobrará una importancia que en este instante es imposible calibrar. De momento, el Athletic se coloca a dos partidos de disputar una final de Copa, lo cual ya supone un refuerzo moral en un contexto tan poco gratificante. El equipo mostró carácter, entereza y ambición, brindó fases bastante aceptables por el nivel de su fútbol, alternadas con ratos preocupantes, pero no cabe pedir una transformación radical de un día a otro.

Lo cierto es que sumó más méritos que el Valencia y ese ejercicio de superación tuvo recompensa. Ahora bien, habrá que admitir que, una vez conocida la alineación, el primer pensamiento se fue por otros derroteros. Sin embargo, cuajó el plan de Valverde cargando la mano en la segunda mitad con Yuri, Galarreta, Guruzeta y los hermanos. Le salió a pedir de boca. En Ourense escogió un once que se diferenciaba algo del que venía actuando en liga, una especie de fórmula mixta, e hicieron falta 116 minutos para desnivelar la ronda. Aquella experiencia aconsejó alterar el criterio en la visita a la Cultural Leonesa, la apuesta fue elocuente: alineación de gala, pero la medida no ahorró sufrimiento, en parte a causa de la roja a Paredes; de nuevo, más de cien minutos para certificar la victoria.

Y anoche, el técnico hizo lo contrario, solo hubo dos teóricos titulares de salida, uno que volvía tras dos meses de baja, así que era legítimo afirmar que se trataba de un grupo absolutamente experimental. Sin duda, esto influyó en el desarrollo del juego, aunque no es menos cierto que el Valencia, con nueve titulares de la última jornada liguera, aportó lo suyo para que se asistiese a un duelo de ínfima calidad en el inicio. Al Athletic le costó proponer algo decente con la pelota, pese a que se ubicó mejor e incomodó al anfitrión, que en su afán por tomar la iniciativa incurrió en una precipitación constante. Sin una pizca de orden, el fútbol no halló ni una rendija por la que asomar.

Consumido el minuto 20, el Athletic se estiró algo y probó suerte a través de Nico Serrano, que se cobró un córner. Muy seguido dispuso de una falta lateral, Navarro la sacó muy corta, pero a Sadiq se le ocurrió meter la cabeza anticipándose a Foulquier, que se disponía a despejar, y Dimitrevski se quedó clavado mientras la pelota entraba pegada al palo opuesto. Una acción esperpéntica colocaba a los rojiblancos en ventaja, pero el tanto despertó al Valencia y Sadiq no tardó en hallar la enmienda. Fue en su segunda ocasión, favorecido por un error grueso de Padilla, a quien se le escurrió un balón que era suyo.

Aún hubo un par de llegadas locales antes del descanso. Rioja, Ugrinic y Foulquier percutían por el lado de un Lekue muy desasistido. El desajuste se corrigió en la reanudación. De una ensalada de fallos de todos los colores que duró unos diez minutos, salió reforzado el Athletic. En adelante exhibió equilibrio e intención, fue algo progresivo, más evidente a raíz del triple cambio de Valverde. Con Serrano de estilete, el Valencia flojeaba, los balones sueltos acababan siempre en las mismas botas y, en mitad de una tónica esperanzadora, Foulquier se coló hasta la cocina y su remate fue repelido por la madera.

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La réplica la puso el VAR, que apreció mano de Tárrega en un despeje en plancha. Nadie más lo vio. Jauregizar quiso lanzar el penalti y lo telegrafió, o eso pareció porque el portero acertó la dirección. Era el típico lance que puede resultar clave por el efecto anímico, cabía que el Valencia espabilase. Por si acaso entraron dos hombres de refresco más en sus filas, algo que sucedió previamente en el Athletic. 

A cada minuto era más obvio que el Valencia carecía de fondo y de recursos para gobernar la contienda, solo le quedaba confiar en una jugada aislada para romper el control a que estaba siendo sometido. La tuvo, fue una buena combinación de cuatro toques que acabó en Hugo Duro, quien vio cómo Gorosabel se anticipaba al límite abortando su remate a bocajarro. Corría el minuto 87 e ingresaba el argentino Guido Rodríguez para aportar solidez a la estructura. El nerviosismo lo impregnaba todo, la grada que una hora antes silbaba a los suyos ahora empujaba con ganas. A punto de consumirse los siete minutos extra concedidos por el árbitro, Nico Williams, cambiado de banda, avanzó con calma, buscó con la mirada una, dos y hasta tres veces a su hermano y, una vez este burló la vigilancia de su par, le sirvió la pelota en bandeja para que culminase.