San Mamés abrirá sus puertas al Sporting de Portugal, un rival contra el que se consiguió uno de los momentos más colosales de la historia reciente del Athletic. Porque el conjunto rojiblanco y el lisboeta se han enfrentado en cuatro ocasiones -con dos triunfos para cada equipo-, pero realmente es la última la que más y mejor recuerda la parroquia vizcaina.
Así, la aludida visita del Sporting de Portugal a San Mamés fue el 26 de abril de 2012. Fue la última gran noche europea del viejo San Mamés. Fue la vuelta de toda una semifinal de la Europa League, cuando el Athletic demostró al mundo entero que a lo loco se vivía mejor.
De hecho, el conjunto luso arribó a La Catedral con una ventaja de 2-1 fruto del encuentro de ida. Ese en el que Jon Aurtenetxe ante 4.000 desplazados permitió que la eliminatoria llegara abierta al botxo. Así que los dirigidos por Marcelo Bielsa tuvieron que remontar para poder coger los billetes a Bucarest en la que fue la segunda final europea de su historia.
Fue Fernando Llorente quien, en el minuto 88, agujereó a Rui Patricio para cerrar el círculo comenzado por la muchachada de Koldo Aguirre en el 77.
Pero la clave, lo que realmente se recuerda, no es lo que se hizo. Sino cómo se hizo. Cómo un Athletic enorme, casi mágico, noqueó al Sporting de Portugal a base de fe, de trabajo colectivo y de una seductora idea de juego que solo Marcelo Bielsa fue capaz de proyectar.
Susaeta e Ibai Gómez igualaron la eliminatoria
Los leones estuvieron excelsos. Le cantaron una oda al fútbol. Incluso cuando Van Wolfswinkel encontró petróleo e igualó el tanto de un Markel Susaeta (1-1) que la metió al fondo de la portería después de que Llorente se la acolchara con el pecho y se la envolviera para regalo.
Así, Ibai Gómez empató la eliminatoria a un suspiro del descanso con un pase a la red que embraveció San Mamés (2-1). Y el segundo tiempo pasaba con un Athletic percutor que, sin embargo, se estampó una y otra vez con la maraña de piernas lisboetas. Esas que querían roer el hueso de la prórroga.
Por ello, el dique luso fue pegajoso y disciplinado. Pero también incapaz de soportar el mar embravecido que eran los leones. Que sentían que iban a ganar por una abrumadora acumulación de méritos.
Las lágrimas de Fernando Llorente
Así que apareció de nuevo Ibai Gómez para meter la pelota por donde no cabía, directa a la diestra de Llorente. El delantero tiró de cuerpo para hacerse fuerte entre tanto rival y apareció, imponente, para acribillar a Rui Patricio.
Llorente se llevó las manos a la cara para que nadie le viera llorar. Pero fue él quien no vio cómo San Mamés entero le seguía en sus lágrimas. Fue la comunión total, el broche a un jornada emocionante, tensa e histórica que metió al Athletic en su segunda final continental.