Que una mujer se sienta asediada por un dolor menstrual capaz de incidir en todas las esferas de su vida no es en absoluto normal. Ese es el mensaje que quiere lanzar Osakidetza en víspera del Día Mundial de la Endometriosis.
Se trata de una enfermedad crónica e inflamatoria que, pese a afectar al 10% de las mujeres en edad fértil, continúa siendo una gran desconocida. Y es que persiste en la conciencia colectiva una idea que, en no pocas veces, dificulta su detección: la menstruación tiene que doler.
"Se ha normalizado el dolor y lo que se convierte en costumbre, no se investiga. Y como también le dolió a tu madre, a tu abuela y a tu tía, crees que te toca aguantar", explica Elena Aguirre. Es una de las pacientes que está tratándose en la Unidad de Endometriosis del Hospital Universitario de Cruces, que cada año atiende alrededor de 2.000 consultas hospitalarias, de las cuales 250 son primeras visitas.
Santi Díez, ginecólogo de Osakidetza y responsable de la unidad, confirma que el dolor menstrual incapacitante, que afecta a la calidad de vida, "no es normal y debería ser estudiado".
A este respecto, añade que la enfermedad afecta no solo afecta a la pelvis y los ovarios, también lo hace a las vísceras que hay a su alrededor: la vejiga, el intestino, los uréteres... "Además del dolor de regla, también hay otros síntomas relacionados a todo eso", apunta. Entre ellos, dolor al orinar o en las defecaciones.
¿Hombres afectados?
Esta también es una enfermedad que puede incidir en la calidad de vida de los hombres transgénero, según explica el ginecólogo de Osakidetza Santi Díaz. "Hay varones trans con endometriosis. Las expectativas se cumplen para todas las personas con genitales femeninos", asegura.
La mayoría de los casos se detectan en una ecografía, realizada previamente a la extirpación del útero y las trompas de Falopio, una operación que puede formar parte del proceso de reasignación de género. "Llegan en la etapa final, antes del procedimiento quirúrgico. El recorrido que tienen que hacer hasta ahí es completamente distinta. Han tenido que lidiar con un conflicto más o menos largo".
Tratamiento
Por su lado, Idoia Telleria, enfermera de la Unidad, recuerda que la enfermedad no tiene cura. Por eso, subraya la importancia de conseguir la mejor calidad de vida posible para las afectadas. En esa línea, el doctor Díez detalla que, dentro de ese 10% de prevalencia de la enfermedad, se detectan formas más graves. En la medida de lo posible, el quipo de la Unidad intenta tratar a las afectadas con fármacos, fisioterapia o promocionado hábitos de vida saludables, entre otros recursos.
Sin embargo, continúa existiendo un pequeño porcentaje de casos que sí requieren intervenciones quirúrgicas realizadas por un equipo multidisciplinar integrado por ginecólogos, cirujanos generales y urólogos. "Son operaciones muy complejas que tienen que estar en manos de personal experimentado", precisa Díaz.