El Gobierno Vasco ha dado “un paso decisivo” para la regeneración de la zona en la que está ubicada la central nuclear fallida de Lemoiz. Por un lado se ha logrado el permiso municipal para las obras y por otro lado se ha aprobado la transmisión de los terrenos a Azpilur, el organismo del Ejecutivo que se encarga de la construcción de este tipo de infraestructuras. De forma paralela se han adjudicado las obras del dique exterior, que era la primera pieza del puzle para la puesta en marcha de un proyecto de piscifactoría. Será la piedra maestra de una segunda vida para el enclave. 

Un total de ocho empresas están interesadas en la iniciativa, que tiene como objetivo la crianza de más de 11.000 toneladas de marisco y pescado. Una explotación a escala industrial que, además de generar empleo y riqueza, estimulará el autoconsumo alimentario del país en un contexto complejo, de nuevo, en el panorama internacional.

“Se trata de un paso de gran trascendencia que culmina dos años de trabajo y abre la puerta a nuevas inversiones de acuicultura”, ha destacado la consejera de Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca, Amaia Barredo, al oficializar el avance en la regeneración de todo un símbolo del tejido productivo vasco. Por lo que pudo ser en términos de autoconsumo energético para el país y, sobre todo, por la oposición que generó entre los vascos

Obras del dique

Las obras de reparación del dique exterior tienen un presupuesto cercano a 2,5 millones de euros. Los trabajos, que ya han comenzado y se prevé duren 10 meses, incluyen el refuerzo del talud exterior mediante la colocación de 415 bloques de hormigón de alta densidad de 45 toneladas cada uno en los 200 metros del dique con daños. El refuerzo tendrá un peso global de aproximadamente 19.000 toneladas. Los 100 metros restantes del dique conservan su estructura original de bloques de piedra caliza.

“Estas obras son un paso previo a actuaciones posteriores, que permitirán adecuar el espacio para la instalación de proyectos de acuicultura”, explicó el Departamento en un comunicado. Más de media docena de empresas “han mostrado interés en invertir en este proyecto”, cumpliendo con las cláusulas del traspaso de los terrenos del Estado a la Comunidad Autónoma del País Vasco, que “reservan el espacio exclusivamente” para este tipo de actividad, añadió la consejería.

Fotografía de una exposición sobre la central de Lemoiz. Jose Mari Martinez Bubu

Una vez superado el bloqueo que suponía la falta de licencia municipal, la Administración vasca ha dado el primer paso “para atraer inversores” con “garantías de que cada actuación se realiza con rigor y seguridad”, resaltó por su parte la consejera Barredo. 

Paso administrativos

Después hay que dar pasos administrativos, como un plan de ordenación del litoral o el proyecto de ingeniería y permisos, que llevarán más de un año, luego dos o tres años de acondicionamiento, para posteriormente levantar la factoría.

Sobre la mesa hay dos posibilidades: un proyecto que ocuparía cuatro hectáreas, que exigiría unas inversiones de 18 millones de euros en el acondicionamiento del terreno –que está limpio, ya que no se llegaron a instalar materiales nucleares– más otra ya inyección económica de entre 25 y 60 millones para montar la factoría en sí. El plan B es otro de mayor tamaño, con 5,5 hectáreas, que costaría 25 millones en acondicionamiento y entre 32 y 80 de inversión posterior.

El desembolso final podría alcanzar en incluso superar los cien millones de euros. Según el Gobierno Vasco, todo el dinero lo aportaría el capital privado. Los contactos con inversores han sido positivos, ya que han mostrado un “alto interés” en entrar en este proyecto que crearía entre 350 y 550 empleos en función del tamaño del proyecto. De ellos, en torno a 200 serían empleos directos de la piscifactoría y el resto de empresas auxiliares

Especies

El centro tecnológico Azti ha elaborado el estudio previo en el que se ha comprobado que sería factible y viable la crianza de especies como gambas, langostinos, lenguado, rodaballo, salmón, atún y trucha asalmonada, con tecnologías de recirculación de agua e incluso en zonas acotadas en el mar de fácil acceso desde las instalaciones de la fallida central nuclear ya que la profundidad cerca del dique ronda los 16 metros

Además, Lemoiz dispone de tomas de agua y espacio suficiente para que varias empresas se puedan instalar. Todo apuntan a que se pondrán en marcha varias iniciativas, ajustadas a sus necesidades de espacio, y con un nexo en común, la calidad del agua en el litoral es excelente

Entre los nombres que han sonado en las quinielas, figura Azti, que no se descarta que ponga en marcha una explotación experimental, pero con espíritu de comercialización, que sirva de base para el resto de agentes implicados.

Especies

También está la compañía navarra Martiko, que compra en Noruega, Escocia, Irlanda y Alaska el salmón para su venta como producto ahumado. Sealink Technology, con sede en Azpeitia y Sea Eight (Valencia), están especializadas en el cultivo de lenguado y otras especies planas. 

Balfego, Tarragona, es un líder mundial de comercialización de atún rojo capturado en alta mar e introducido hasta su venta en instalaciones acuícolas. La noruega Erko Seafood (grupo Haugland), que produce al año 14.000 toneladas de salmón eviscerado, ha mostrado también su interés. En su caso ha trabajado con Azti en el análisis del entorno para convertirlo en una granja marina de alta tecnología. El Gobierno Vasco recoge en sus Presupuestos de aquí a 2029 más de 25,6 millones de euros de cara a preparar la infraestructura para su explotación acuícola a nivel industrial 

Plazos

Los capítulos más importantes del futuro de Lemoiz se escriben estos días. La previsión es que la instalación esté en funcionamiento en un plazo aproximado de seis años

El Gobierno vasco ha invertido desde 2017 alrededor de 630.000 euros en actuaciones previas, que incluyen tramitación urbanística, sustitución de celdas eléctricas, adecuación de centros de transformación y reparaciones puntuales. Dentro de ese importe destacan los 221.000 euros destinados a la presa de Urbieta y los 180.465 euros empleados en proyectos y estudios para el refuerzo del dique. Además ha destinado algo más de 380.000 euros anuales al mantenimiento de las instalaciones desde 2021, después del traspaso de la competencia a Euskadi por parte del Estado.