EL destino quiere que el Athletic se cruce en el momento más inoportuno con la Atalanta Bergamasca Calcio, popularmente conocida como La Dea (la diosa Atalanta). Al margen de las penalidades que acosan a los rojiblancos o de la urgencia que les embarga en la cita de mañana, resulta que la escuadra italiana va lanzada. En cuestión de un par de meses, coincidiendo con el cambio habido en su banquillo, los resultados han experimentado una transformación. Desde que Raffaele Palladino relevó a Ivan Juric se observa un impulso cuyo reflejo abarca tanto el ámbito doméstico como el internacional.

La progresión en la Serie A ha supuesto un salto de la decimotercera posición a la séptima, para situarse a solo dos puntos de plaza europea. Palladino acumula seis victorias, un empate y tres derrotas, mientras que con su antecesor fueron dos, siete y dos. Pero la mejora más rotunda se produce en la Champions. Arrancó la liguilla como colista tras ser vapuleada (4-0) por el campeón, el PSG. En las siguientes jornadas batió por la mínima al Brujas (2-1) y no pasó del empate sin goles con el Slavia de Praga, pero después encadenó tres victorias a costa de Olympique de Marsella (0-1), Eintracht Frankfort (0-3) y Chelsea (2-1).

Esa aceleración le permite figurar en el quinto puesto de la tabla, igualado a PSG y Manchester City, tercero y cuarto. Una vez instalada en la zona noble no querrá que le muevan de ahí y hay que considerar que sus perseguidores hasta el decimoquinto, el Barcelona, están en un pañuelo de tres puntos. O sea que necesita seguir sumando y debe medirse como local al Athletic y cerrar esta fase visitando al Union Saint-Gilloise. Con resolver ante su afición casi se asegura eludir la ronda de ajuste, como el Athletic un año atrás.

La reacción descrita no debería sorprender tanto como la negativa dinámica del inicio de temporada. La Atalanta venía de protagonizar la mejor época de su historia de la mano del veterano Gian Piero Gasperini, quien tomó las riendas en 2016 y durante nueve años obtuvo unos registros impensables. Nunca antes el equipo había rondado la gloria en la Serie A, pero enlazó cuatro terceros puestos, dos cuartos, un quinto, un séptimo y un octavo. Todo ello, lógicamente compaginado con los torneos europeos correspondientes, para alcanzar un nivel inédito en Bérgamo.

Gasperini, hoy al frente de la Roma (a la que, por cierto, la Atalanta derrotó por un gol el 3 de enero), se sacó de la manga una versión rupturista, una concepción futbolística singular y por encima de las sucesivas altas y bajas logró modelar una escuadra fiable, muy competitiva. De ahí que causase extrañeza el flojo rendimiento a las órdenes de Juric, quien había heredado el grueso del plantel que dirigía Gasperini, con las excepciones de Ruggeri y Retegui que salieron al Atlético y la liga saudí.

Es posible que el afán del recién llegado por dejar una impronta provocase el bajón y, luego, la drástica medida de la directiva en noviembre. Aterrizó entonces Palladino y rescató las esencias del viejo maestro. El napolitano había renunciado en mayo a la renovación con la Fiorentina que firmó un mes antes. No dio explicaciones, pero se diría que intuyó que le aguardaba una empresa más atractiva en el corto plazo.

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Palladino volvió a la fórmula de los tres centrales, dos laterales que junto a la pareja de mediocentros equilibran la ecuación defensa-ataque, un par de interiores avanzados y el ariete, al que en ocasiones renuncia para reforzar la zona ancha. Regresaba el fútbol agresivo, las transiciones vertiginosas, el oficio de una columna vertebral de garantías. No está Gasperini, pero sí su espíritu y la afición goza, celebra. En el palmarés de la Atalanta consta un título de Copa y otro de la Europa League, pero ningún scudetto en sus 62 participaciones en la Serie A. Siempre a la sombra de Inter, Juventus, Milan o Nápoles, La Dea combate y reúne calidad con Deketelaere, Lookman, Ederson, De Roon, Djimsiti, Scamacca, Kolasinac, Zappacosta o Carnesecchi, todos internacionales.