En los últimos años las visitas del Athletic al Ciutat de València habían dejado algunos hitos para la historia, ya fuera en clave positiva o negativa. Por empezar por lo segundo, una contundente derrota por 3-0 le costó el cargo a Eduardo Berizzo en diciembre de 2018, cuyo puesto ocuparía Gaizka Garitano, quien sería protagonista de la última destitución de un entrenador rojiblanco; la penúltima fue la del técnico argentino. Y en clave mucho más positiva, cómo olvidar el gol de Alex Berenguer en la prórroga de las semifinales de Copa de la temporada 2020-21 que clasificó a los leones a la final, en la que caerían a manos del Barcelona solo dos semanas después de perder contra la Real Sociedad.

Sin las urgencias de aquellos dos encuentros, pero en un momento delicado, la cita de ayer en el Ciutat de València adquirió una gran relevancia para los bilbainos, no tanto por el rival, pero sí por la importancia de sumar tres puntos, especialmente por lo que le espera al equipo esta próxima semana, con las visitas del Real Madrid y el Atlético a San Mamés en un lapso de tiempo de solo cuatro días. Así, aunque Ernesto Valverde lo demandó en Praga, en la Champions, el triunfo, a todas luces balsámico, tuvo que esperar unos pocos días más, hasta ayer.

En la situación del Athletic, con una notable falta de confianza y acierto ante la portería rival, encontrarse por el camino con rivales como el Levante es algo que se ha de recibir de buen agrado. Si a ello se le añade un tempranero gol y otro a las puertas del descanso, pues todo resulta mucho más sencillo. Además, si a la coctelera se le agrega el nerviosismo de una grada inquieta y preocupada por el devenir de su equipo, el resultado acostumbra a favorecer a quien golpea primero. Y fueron los leones quienes lo hicieron. Robert Navarro abrió el marcador en el minuto tres y Nico Williams, con una preciosa vaselina, llevó la tranquilidad al bando bilbaino en el 44.

Claro que tal y como están las cosas pedirle a este Athletic que complete un partido de sometimiento sobre su rival es mucho pedir. Quizá más adelante se pueda dar caprichos similares, pero a día de hoy está para otras cosas y en cierta medida hasta es lógico el sufrimiento por el que tuvo que pasar en algunos momentos de la segunda mitad. Además de las urgencias de su rival, que se ve con la soga al cuello con solo nueve puntos tras catorce jornadas y tuvo que volcarse en ataque, fallar algunas ocasiones de gol tan claras como ayer, como las que tuvieron Nico, Navarro o Gorka Guruzeta, explica que no pueda vivir un partido tranquilo, sin sobresaltos en su portería.

Enorme Simón

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A diferencia de algunas otras ocasiones esta temporada, ayer no hubo nada que poder reprocharle a Unai Simón. El guardameta estuvo de diez. Despejó cualquier duda con una grandísima actuación y algunas paradas de enorme mérito. Sostuvo al equipo por momentos en la segunda mitad, cuando el Levante, más por amor propio que por juego, quiso buscar un gol que le devolviera al partido.

El de Murgia echó el cierre a su portería. Lo hizo, además, por segundo partido consecutivo y por tercera vez en cuantro encuentros; en el otro, ante el Barcelona, encajó cuatro tantos. Lo que en las dos últimas temporadas se había logrado con cierta regularidad parece que está llegando ahora. No es tarde, pues únicamente se ha consumido un tercio del campeonato, y sin duda es un paso adelante. En total son cinco porterías a cero en diecinueve partidos y el de ayer en el Ciutat de Valéncia fue el primer triunfo lejos de San Mamés en tres meses. Sin suda, una victoria balsámica.