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El desinterés de los socios del Athletic, fenómeno al alza

La asamblea de Compromisarios del Athletic refleja una realidad institucional peligrosa que contrasta con la visión de la junta Directiva de Jon Uriarte

El desinterés de los socios del Athletic, fenómeno al alzaPablo Viñas

Acaba de celebrarse la segunda Asamblea Ordinaria de la directiva de Jon Uriarte. El eco logrado por la reunión anual del denominado “órgano soberano del club” apenas se ha percibido. Ni antes, ni durante, ni después. Casi lo único reseñable, su exagerada duración: ocho horas que contrastan con el escaso impacto mediático de los contenidos tratados y de las resoluciones adoptadas. La participación fue baja, aceptable de inicio y testimonial, por no decir ridícula, a partir de la medianoche, con la mitad de los temas del orden del día por abordar.

Aquí va un extracto de las valoraciones del presidente al finalizar el cónclave: “estamos muy contentos”, “hemos sacado adelante todos los puntos”, “la participación ha sido elevada”, “no he apreciado ni desgaste ni falta de apoyo de los socios”, “es verdad que la abstención ha sido muy alta y hacemos autocrítica porque igual el sistema de votación no es adecuado”, “quizá que haya sido en víspera de festivo no es lo mejor y la duración ha sido salvaje”, “el punto de la gestión se ha alargado muchísimo, no tanto por la exposición sino por las numerosas intervenciones de los socios”.

La aprobación de la totalidad de los contenidos propuestos justifica la satisfacción de Uriarte, pero la impresión que flotó en la sala y centró la atención de los observadores fue el creciente desinterés arraigado en el cuerpo social. Viene de atrás, no es algo que se percibiese en esta oportunidad, es una tendencia que de continuar acabará dejando el gobierno del club en un asunto exclusivo de la directiva de turno. Motivo para realizar una reflexión profunda y urgente.

Y en este peligroso trasvase de poder, de los “dueños del club” a una junta, resulta evidente la influencia de la forma de operar de la que hoy ocupa Ibaigane. No es solo el manejo intensivo de las redes sociales, también la metodología aplicada al funcionamiento de la propia asamblea, su deficiente operatividad que, en vez de agilizar y favorecer el análisis de la información, consigue multiplicar las deserciones entre los asistentes. Los promotores del evento se cubren apelando, por ejemplo, a lo inadecuado de la fecha, fecha que ellos han establecido porque así lo han querido. Y hablan de “abstención” para referirse a la paulatina desbanda del socio, cuando ya en la primera votación fueron 260 los que no emitieron su voto. ¿Por qué? ¿Cómo se come que 313 de 812 asistentes, presenciales o vía telemática, no votasen el presupuesto del año vigente? Ante semejante cómputo, cabría hasta cuestionar el sistema de recuento.

Atosigar al socio con una interminable serie de datos y porcentajes, adornados en muchos casos con valoraciones subjetivas que, por lo visto, se han de dar por buenos porque sí, porque lo digo yo, confirmaría que a la directiva de Jon Uriarte no le preocupa que sus interlocutores puedan disponer de un criterio formado. Se ha propuesto llevar adelante un modelo de gestión que, además de romper con las dinámicas del club previas a su llegada en julio de 2022 (lo que incluye la mayor limpia conocida en Lezama), resulta prácticamente imposible de entender para el personal de a pie.

Al presidente le molesta, de lo contrario no lo sacaría a colación, que su junta sea apodada como la “del Big Data”, pero qué quiere si proclama que “la ciencia, la tecnología y el dato” son los ejes de su cruzada, los mandamientos del catecismo en que se inspira la transformación emprendida; el secreto que, augura, conducirá al éxito.

Esto último llegará más adelante, admitió en la asamblea, pero haya tranquilidad, pues pese a que “queda mucho por hacer”, “los resultados refrendan que el camino que hemos tomado es el correcto”. ¿Cuáles son esos resultados? Los deportivos, no, es obvio; los económicos, tampoco. ¿Acaso los sociales? No dio esa impresión a tenor de las quejas y discrepancias de los compromisarios.

Esta directiva siempre se ha sentido incomprendida, pero está comprobado que le va el papel de víctima. Inolvidable su continuo lamento en campaña electoral, todo el mundo maniobraba en su contra. Ahora bien, las formas y el fondo de su proceder denotan su convencimiento de que no es valorada como merece porque, sencillamente, no todo el mundo atesora sus saberes y aptitudes. Cualquiera no está capacitado para compartir su privilegiada visión. No se olvide que la junta está copada por triunfadores, gente con cargos relevantes vinculada entre sí desde la etapa estudiantil o por lazos creados en su desempeño laboral. Así lo vendió al saltar a la arena.

Su competencia no está en cuestión, lo prueba que en apenas un año y medio ha pasado de decir abiertamente que no tiene ni la menor idea de cómo es el Athletic o el mundo del fútbol por dentro, a dominar la materia e impartir lecciones. “Sabemos dónde queremos llevar al Athletic y sabemos cómo hacerlo. Conocemos el camino y tenemos un plan en el que confiamos plenamente”, remató Uriarte. Aquel grupo de neófitos que en campaña no concretó medida ni profesional alguno (si se excluye al impresentable que iba a gobernar Lezama y, a última hora, a Ernesto Valverde) para que el socio supiese de qué iba su proyecto, a fecha de hoy se maneja con la suficiencia de los elegidos.

Otro exponente de la autocomplacencia que rezuma la directiva sería que emplea el término “autocrítica” como quien lava. Otra cosa es que luego se obre en consecuencia. Ah y por supuesto, nunca miente. Lo remarcó Uriarte el miércoles, tras repetir sus versiones sobre los casos de Iñigo Martínez, Laporte, Azpilicueta o Herrera, quienes en su momento ya le dejaron en evidencia. El director general, Jon Berasategi, también hizo su contribución a esta singular modalidad de transparencia. En su intento por negar, como sugirió un socio, que una empresa contratada por el club representa a uno o varios jugadores del Athletic, soltó: “No es de ningún jugador, otra cosa es que esa persona tenga relación con algún jugador”. Más cristalino, imposible.