Athletic 2 - 1 Villarreal

San Mamés donde solía

La Catedral regresó a sus noches mágicas de empuje y comunión con el pueblo que empuja al athletic y le lleva en volandas hacia la victoria

24.10.2021 | 01:04

EL abrazo fue sentido cuando se llegó a la última página del partido. Marcelino se agarró a Muniain mientras San Mamés, la vieja Catedral cuyo eco estuvo amortiguado por la pandemia, vibraba y ondeaba las bufandas al viento y cantaba los aleluyas que tanto añoraba. San Mamés volvió donde solía y allá, al resguardo de los banquillos, se vivió esa imagen: los dos abrazándose como si cumpliesen un plan secreto. Volvió la electricidad a San Mamés, con 39.000 almas entregadas que empujan cada vez que el Athletic ataca, que aprieta sus filas cada vez que el Athletic se defiende. El día en que Aitor Elizegi anunciaba su adiós jugó el Athletic el partido que tantas veces habrá soñado.

"He aprendido que estar con los que yo quiero es suficiente", gritaba el poeta Walt Whitman en uno de sus versos. Parecía que el hombre que escribió aquello otro de "¡Oh, capitán, mi capitán!" hubiese acudido anoche a San Mamés para ponerse en pie cuando Iker Muniain marcaba aquel penalti y provocaba un segundo. Fue el único momento de asombro en San Mamés, cuando entre Iker y Berenguer decidieron que el segundo penalti no lo lanzase el capitán sino Alex, quien le pidió lanzar para provocar el deshielo de su casillero.

La aparición de mi capitán fue una de las noticias más celebradas en las gradas, junto a los pasos de gigante con los que ya juega Vencedor y, sobre todo, junto al sentimiento que se respira en el campo, con la gente de siempre a tu lado. Se comentaba, como no, la despedida de Aitor Elizegi, se libraban debates sobre los 120 euros de la discordia y, sobre todo, se agradecía la posibilidad de comerse el bocadillo en la media tarde del partido. Verle al Athletic de siempre (de siempre que aparece como se quiere...) puesto en pie, desmelenado en los ataques y firme en la contención, sin distracciones ni alegrías provocó en mucho de los presentes algo muy parecido al escalofrío.

¡Cuánto tiempo sin sentir algo así! Hubo, ahora que podían, podíamos, estar todos, alguna pregunta inquietante: ¿dónde estará Fulanito de Tal, que no faltaba a uno de estos? Mejor no preguntarse, pensaban algunos. Cuando en los preámbulos aflojó la luz y sonó la txalaparta, cuando vieron una exhibición de sokatira (el Gaztedi, con tres medallas en el último Mundial, hizo la demostración poco antes de realizar el saque de honor...), cuando el equipo saltó al césped con el corazón en un puño, cuando mirabas a izquierda y derecha y apenas veías butacas vacías tenías esa percepción; aquí está de nuevo el hogar que tanto calienta.

No se escatimó un segundo de ánimo, no se ahorró un cántico –vuelve a San Mamés el ikusi mendizaleak que tanto sobrecoge...– ni se descansó un segundo. Volver a jugar todos juntos, si es que se me permite decirlo así, es tan apasionante como cansado.

Hacía mucho tiempo, demasiado tiempo, que la gente no salía de San Mamés regodeándose con alguna jugada – la del primer gol pedían que se enmarcase...– . haciendo cálculos y haciéndose ilusiones. El viejo San Mamés, hoy con sus galas más elegantes, comprobó que se ha perdido poco, que sigue el asunto con la misma carga eléctrica de siempre: que sigue siendo la gran tierra prometida de un Athletic completo.

"He aprendido que estar con los que yo quiero es suficiente", sentía la afición al ritmo de los versos del poeta Walt Whitman


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