Desconexión fatal del Athletic en la última media hora de los partidos en San Mamés

La autocrítica de Marcelino responde en parte a los ocho goles que ha encajado Unai Simón en la última media hora de los partidos en Bilbao

18.05.2021 | 00:59
Marcelino saluda a Morcillo en el momento de la sustitución de este por Raúl García ante el Real Madrid.

"Es evidente que en casa tenemos que ser más eficientes". Marcelino García Toral puso su cuota de autocrítica en el análisis del partido del domingo ante el Real Madrid, en el que el Athletic sufrió su tercera derrota en San Mamés en esta etapa del asturiano al frente del banquillo rojiblanco. Un gol de Nacho, a los 68 minutos, generó el fiasco de los leones que se quedaron con las ganas de despedir el presente curso en Bilbao con una victoria que siempre gusta firmar en un clásico de la liga. Sin embargo, el Athletic asume que le ha penalizado sus desconexiones en muchos de sus compromisos en La Catedral, en concreto en siete de los diez que ha disputado bajo el mandato de Marcelino y en los que ha dejado escapar 16 puntos de los 30 posibles, una vía de fuga que ha lastrado las opciones de los leones de optar a una de las plazas europeas al margen de la Champions, ya adjudicadas a la Real Sociedad, Betis y Villarreal, aunque falta por conocer el orden de las mismas y en qué competiciones, Europa League o la nueva Conference, entrarán.

Marcelino se ha lamentado en reiteradas ocasiones de esos detalles que han jugado en contra de los intereses de su equipo. Uno de ellos se argumentan en las concesiones que han dado los leones a sus rivales en la gran mayoría de los compromisos consumados en San Mamés. La última se detecta ante el conjunto de Zidane, cuando Nacho se encontró con un regalo que no desaprovechó. Un error defensivo que se gestó en un despeje defectuoso de Balenziaga, que llegó a Rodrygo y cuyo centro no acertó a despejar De Marcos, lo que favoreció el golpeo inesperado del central madridista. Nacho batió a Unai Simón cuando solo restaban 22 minutos. No es nada nuevo que el de Murgia encaje goles en la última media de los partidos, porque así ha sido en 8 de los 14 recibidos en estos diez últimos partidos en Bilbao, o sea casi el 60%, lo que ha generado las prisas, casi siempre desaconsejables, en los rojiblancos.

El estreno de Marcelino, l6 de enero en San Mamés, ya fue indicio visto lo visto a priori. En aquel duelo ante el Barça, Iñaki Williams adelantó a los leones, pero Pedri y Messi remontaron antes del descanso. Messi volvió a marcar en el minuto 61 para hacer el 1-3, ya decisivo. Ante el Valencia, el Athletic se dejó dos puntos tras el gol del empate de Gabriel Paulista a falta de 25 minutos y los leones ya no fueron capaces de hacer un segundo tanto. Sí lo hicieron, en cambio, en la visita del Granada, después de que Jorge Molina firmara a los 78 minutos el 1-1 que parecía definitivo, hasta que Berenguer llegó a tiempo en el descuento para conservar los tres puntos. Algo similar sucedió frente al Atlético de Madrid, que subió el 1-1 a los 77 minutos gracias a la diana de Savic, aunque poco después Iñigo Martínez respondió para sentenciar al líder con un espléndido remate de cabeza en un saque de esquina botado por Ibai Gómez.

Las desconexiones en la última media hora de esos partidos han tenido su punto álgido en los enfrentamientos ante Valladolid y Osasuna, y que el Athletic los tuvo que pagar con la pérdida de dos puntos en cada uno de esos duelos, determinantes para explicar la despedida de los rojiblancos de la zona europea. Frente al cuadro pucelano, que tiene prácticamente pie y medio en Segunda División, Morcillo adelantó a los de Marcelino en el primer acto, pero Orellana empató a los 70 minutos. Raúl García hizo el 2-1 seis minutos después y cuando el Athletic tenía el triunfo en sus manos vio cómo se el escapaba en el momento en que Weismann batió a Unai Simón en el 85. La historia se repitió ante Osasuna, que consiguió el 2-2 definitivo a falta de un minuto para la conclusión del encuentro gracias a la inspiración de Budimir, que dejó con cara de tontos a los leones, víctimas de sus propios desajustes en esos tramos en los que se cierran la mayoría de los encuentros.

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