El Athletic, obligado a remontar ante el Levante para acceder a la final de Copa

La búsqueda del gol, una exigencia por el 1-1 de la ida y un objetivo acorde a su propuesta, marca la visita al Levante de un Athletic pendiente aún de la sanción a Iñigo Martínez

04.03.2021 | 00:50
Iñigo Martínez, sancionado con cuatro partidos por el Comité de Competición, pugna por el balón en el entrenamiento del miércoles.

Athletic y Levante pugnan esta noche por una plaza en la final de Copa sin que sea posible emitir un pronóstico claro. La cita en el Ciutat de Valencia se presenta abierta, quizá demasiado para los intereses del conjunto de Marcelino, que en principio aparecía como el candidato más potente al título de este emparejamiento. El uno a uno del partido de ida ha alterado dicha percepción por aquello del valor doble del gol a domicilio en caso de empate, aunque visto el funcionamiento de ambos equipos cuesta mucho imaginar que hoy el marcador vaya a permanecer inamovible, opción que clasifica automáticamente al cuadro granota. Ninguno sobresale por su fiabilidad defensiva, siempre conceden algo; y tampoco acostumbran a dejar vacío su casillero, aciertan más o menos en el remate, pero suelen hacerlo en cada actuación al menos en una oportunidad.

Así sucedió también la semana pasada en su cruce liguero, donde el 1-1 contribuyó a alimentar aún más si cabe la promesa de emociones fuertes. Lo que no admite duda es que el Athletic está obligado a celebrar un gol como mínimo. Por tanto, si bien esa necesidad imperiosa no deja de ser un condicionante, al mismo tiempo se ha de reconocer que constituye un objetivo que los rojiblancos persiguen siempre con el máximo convencimiento. Es la premisa innegociable de Marcelino en la preparación de cada encuentro: sin reparar en la identidad del rival o el escenario, pide a sus hombres que jueguen al ataque. En realidad, se lo exige puesto que no concibe sino un Athletic agresivo, ambicioso, ajeno a la especulación, inconformista.

La trascendencia del partido se ha dimensionado apelando a su valor histórico. Lo tiene desde la perspectiva del Athletic, que viene de ganar la Supercopa y mira de reojo a la final de la anterior edición de la Copa, aplazada con la disculpa de la pandemia. Añadir a la agenda un tercer compromiso en la cumbre justifica de sobra la expectativa generada en el club y su entorno. Pero no se olvide que para el Levante se trata asimismo de una ocasión única, no en vano en su palmarés no consta título alguno, pese a que conquistara uno en la época de la República, la denominada Copa de la España Libre, que continúa sin obtener refrendo institucional.

Un episodio similar al de la Copa de la Coronación de 1902, que los organismos futbolísticos españoles se niegan a homologar y el Athletic jamás dejará de reivindicar. Hablamos pues de un aliciente extra que pudiera pesar en el ánimo de los protagonistas, aunque el reto que plantea el duelo de esta noche no precisa de más incentivos. Acceder a la final del 17 de abril es un premio muy goloso en sí mismo.

En el cálculo de las probabilidades del Athletic hay un aspecto en el que merece la pena detenerse: su formidable capacidad para resolver eliminatorias exprimiendo su capacidad agonística. Se ha apoyado en la heroica tanto para alcanzar la final contra la Real Sociedad como para llegar entero a la fecha de hoy. Los precedentes se acumulan en el último año y pico para señalar al equipo como un consumado especialista en sortear las situaciones más complejas sin fallo. Voltear resultados al límite, forzar prórrogas o triunfar en las tandas de penalti, son ya hábitos que, aparte del sufrimiento que conllevan para la afición, acaban invariablemente en una liberación extrema de alegría. De tanto repetirse, esta clase de hazañas otorgan al Athletic una fama que le hace temible.

Algún día se romperá el idilio con la fortuna, el alarde de amor propio perderá pujanza, pero hasta que ocurra el equipo seguirá creyendo ciegamente en que nada es imposible. En la esperanza de que no sea preciso un nuevo milagro, el Athletic debería ser consciente de que plasmando los argumentos que atesora estará muy cerca del éxito. La incógnita sobre el concurso de Iñigo Martínez ha acaparado las horas previas. No extrañaría que se despeje a última hora, ni que desestime los recursos de Ibaigane. En el peor supuesto, Marcelino dispone de la alternativa habitual: Nuñez-Yeray. Sería una ausencia sentida, pero a estas alturas vale más afrontar los contratiempos con talante positivo. El resto del plantel se halla a disposición del técnico, circunstancia de la que Paco López no puede jactarse.

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