La crónica

El VAR se viste de blanco

Su omisión en el área madridista permite ganar al líder, que de nuevo marcó de penalti, frente a un Athletic que estuvo lejos de su mejor nivel

06.07.2020 | 00:21
Los jugadores del Real Madrid celebran el gol de Sergio Ramos, que llegó tras un polémico penalti.

ATHLETIC: Unai Simón; Capa, Yeray (Min. 21, Unai Núñez), Iñigo Martínez, Yuri; Dani García (Min. 78, Sancet), Unai López (Min. 63, Vesga); Muniain, Raul García, Córdoba (Min. 63, De Marcos); y Williams (Min. 78, Villalibre).

REAL MADRID: Courtois; Carvajal, Militao, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Valverde (Min. 85, Kroos), Modric; Asensio (Min. 74, Lucas Vázquez), Rodrygo (Min. 74, Vinicius) y Benzema (Min. 93, Jovic).

Gol: 0-1: Min. 73; Sergio Ramos, de penalti.

Árbitro: José Luis González González (Comité Castellano y Leonés). Mostró tarjeta amarilla a los locales Raúl García (Min. 39), Dani García (Min. 73), Muniain (Min. 95) y Yuri (Min. 96), y a los visitantes Sergio Ramos ( Min. 91), Casemiro (Min. 93) y Carvajal (Min. 96).

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésimo cuarta jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés a puerta cerrada.

 

El Madrid marcó de penalti, lo que no es noticia, y además fue mejor que el Athletic, que estuvo por debajo de su nivel más reciente especialmente en la segunda mitad. La suma de ambas realidades explica que el líder saliese triunfante de San Mamés, pero el desenlace del clásico pudo ser más favorable para el anfitrión. Para ello quizás hubiese bastado con que el VAR, muy solícito para advertir a González González de la posible existencia de una falta en el área local, hubiera seguido idéntico criterio pocos minutos después en el área visitante. Como tal cosa no ocurrió, la suerte del partido quedó echada: el Madrid hizo el gol que le valió tres puntos y el Athletic se fue a la ducha con la sensación de que le habían tomado el pelo.

Centrarse exclusivamente en una o dos acciones para analizar un encuentro, es tan tentador como peligroso. Se corre el riesgo de obviar aspectos relevantes del juego para entender el desarrollo del pulso y reconocer los méritos de los contendientes. Claro que cuando el resultado se decide por un único gol y la génesis del mismo provoca un agravio comparativo evidente, entonces la cosa cambia y es obligado poner en el primer plano esos detalles desequilibrantes. Dani García cometió falta sobre Marcelo, no se discute, pero tres minutos más tarde Ramos derribó sin contemplaciones a Raúl García. En un lance hubo un pisotón, en el otro fueron dos pisotones, el segundo intencionado, sin embargo, el Athletic no dispuso de un lanzamiento desde los once metros. La culpa no es atribuible al árbitro, quien no apreció falta en el primero y no logró detectar el segundo porque estaba pendiente del balón. González González, por iniciativa propia, no señaló penalti alguno. La culpa es de quien desde la cómoda butaca del VAR optó por omitir la infracción del capitán madridista en vez de indicarle, como en la jugada anterior, que revisase las tomas en el monitor.



 

 

De no mediar este pequeño y significativo enredo, muy probablemente el asunto hubiese concluido en empate y siguiendo con la hipótesis, es decir, en ausencia de goles, en las crónicas se hubiera añadido que la victoria moral, a los puntos en el boxeo, le correspondía al Madrid. Una vez pormenorizados los hechos, la perspectiva cambia radicalmente: concede al Athletic plena legitimidad para quejarse y lamentar la derrota, al mismo tiempo que se la quita al éxito del Madrid.

Indignados tras estos sucesos, los rojiblancos trataron de forzar en pos de la igualada en los veinte minutos largos que restaban para el final. Ingresaron Sancet y Villalibre, arriesgó Garitano dejando a Vesga como único centrocampista puro. Fue en vano. Quitando un robo de Villalibre, cuyo pase lo despejó Ramos con De Marcos listo para rematar en boca de gol, nada de nada hubo en ataque. Desde muchos minutos antes el Athletic había perdido el norte y actuado a expensas de la pauta que dictaba el rival. Ni siquiera se había asomado por los dominios de Courtois desde el descanso, lo que respondía principalmente a una bajada del tono físico. Pero no solo.

La verdad es que el encuentro fue bastante parejo en el primer acto, al que el Madrid entró a tope, mordiendo muy arriba e intimidando con turnos de posesión que en el bando local apenas se dieron. La fluidez y el atrevimiento de Mestalla no aparecieron ayer. No se sabe si porque el Madrid infundía un gran respeto o porque sencillamente no tuvieron su día, pero la versión colectiva decepcionó. Tardaron casi diez minutos en situarse correctamente sobre el campo y salvo honrosas excepciones la pelota les quemó a casi todos. Les quemó o la maltrataron. En este segundo apartado se ha de citar a Yuri, quien batió ampliamente su récord personal de pases errados. No fue el único desafortunado en una faceta que se ha de cuidar frente a un enemigo de semejante entidad, pero algún compañero, como Muniain, al menos fue enderezándose con el paso del tiempo. En suma, los problemas se acumularon a la hora de crear y avanzar, facilitando la tarea de Ramos y Militao, impecables, así como los repliegues de Carvajal y Marcelo, que no se vieron apurados. Cómo sería que Casemiro no necesitó recurrir a la guadaña hasta el tramo final del choque.

al toma y daca Sin inspiración, a ráfagas, consiguió no obstante el Athletic que el balance de llegadas fuese similar antes del intermedio. A un par de centros venenosos, uno ideal para que Rodrygo apuntillase, y un golpe franco, todo obra de Asensio, replicó Raúl García con un potente cabezazo, pero fue Williams el protagonista del resto de los latigazos: envió un cañonazo cerca del larguero, Militao le cortó en seco la típica carrera de su gusto y el banderín le delató en dos desmarques prometedores. El intercambio de golpes se sostuvo gracias a la capacidad de trabajo y el orden de la estructura defensiva del Athletic, si bien quedó flotando la impresión de que el Madrid se desenvolvía con más tranquilidad de lo que sería deseable, al son de Modric y de las apariciones por cualquier lado del sigiloso y exquisito Benzema.

Yeray, con un pinchazo debajo de los gemelos, solicitó el cambio pronto y cumplida la hora, disgustado por el panorama, con un Madrid más mandón, Garitano no tardó en retirar a la pareja habitual: Unai López y Córdoba. El efecto no se percibió. Continuó el Athletic encerrado en su parcela, incapaz de desdoblarse o con la voluntad de Yuri arruinada por su divorcio del balón. Simón contaba con una protección decente, pero no es aconsejable permitir que el Madrid toque y toque en tres cuartos. El 0-0 planeaba, sufriendo podía amarrarse el punto, sí, por qué no€ En plena elucubración, intervino el VAR y colorín colorado.

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