La crónica

El Athletic sigue metido en un atasco

Salió como un tiro en San Mamés y Williams hizo un golazo, pero luego no supo gestionar el partido y permitió que el Valladolid empatase

09.02.2020 | 19:39
Raúl García intenta un remate de cabeza

Salió como un tiro en San Mamés y Williams hizo un golazo, pero luego no supo gestionar el partido

ATHLETIC: Unai Simón; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Balenziaga; Dani García, Unai López (Min. 77, Aduriz); Muniain, Raúl García (Min. 86, Larrazabal), Córdoba (Min. 66, Beñat); y Williams.

VALLADOLID: Masip; Moyano (Min. 68, Pedro Porro), Kiko Olivas, Salisu, Nacho; Óscar Plano, Joaquín, Míchel, Toni Villa (Min. 68, De Frutos); Guardiola (Min. 85, Anuar) y Enes Ünal.

Goles: 1-0: Min. 33; Williams. 1-1: Min. 72; Iñigo Martínez, en propia puerta.

Árbitro: Gil Manzano. Mostró tarjeta amarilla a los locales Yeray (Min. 58) y Aduriz (Min. 79), y a los visitantes Salisu (Min. 38), al técnico Sergio González (Min. 58) y a Joaquín (Min. 75).

Incidencias: Partido correspondiente a la novena jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 37.107 espectadores, según datos oficiales.

Bilbao - Parece que los bríos de agosto han remitido y el Athletic se encuentra en mitad de un atasco donde se ha ido adentrando poco a poco y que ya empieza a resultar un tanto largo, en la medida en que no se produce la esperada reacción. Faltan resultados, pero la impresión es asimismo negativa porque no se divisan vías alternativas que permitan recuperar aquella velocidad del arranque de campeonato. Ayer es probable que el equipo de Gaizka Garitano mereciese algo más que un punto y cierto es también que el Valladolid no demostró demasiado, sin embargo le bastó para sumar y dejar al descubierto carencias conocidas en la propuesta de un Athletic que en última instancia tampoco tuvo suerte en la acción que certificó el empate.

El gol visitante es un reflejo del momento que atraviesa el Athletic. Fue en propia puerta, el balón rebotó en Iñigo y se coló después de un mal despeje de Simón en un centro tenso que tampoco llevaba tanto peligro. En efecto, el error del portero fue flagrante, pero en la gestación de la jugada hubo más elementos. Ocurrió en una fase del partido donde el Athletic había cedido terreno y balón, lo que animó al rival a avanzar líneas. Y en medio del pequeño desbarajuste hubo previamente otro fallo, este a cargo de Yeray, que podría haber zanjado el asunto con un simple despeje y facilitó que la acción continuase y entonces asomó Nacho sin oposición en el lateral del área para poner el centro fatídico. De modo que cabe hablar de una concatenación de fallos, siendo el más grave el repliegue del conjunto, incapaz de responder con argumentos de fuste al fútbol aseado y sin filo del Valladolid.

En definitiva, el Athletic no supo gestionar la ventaja adquirida y lo pagó caro, pese a que en los últimos minutos echó el resto, se volcó en ataque y hasta dispuso de una oportunidad. Masip se lució frustrando el chut de Muniain que ya se cantaba en la grada y el marcador permaneció inamovible. Esta parada compensaba la que realizó Simón en un mano a mano con Unal después de una licencia imperdonable de Yeray que ejerciendo de último defensor se la puso en bandeja de plata al ariete turco. Corría el primer cuarto de hora y el tremendo susto interrumpió el monólogo del Athletic, que salió con las ideas muy claras y protagonizó hasta cinco aproximaciones.

Guiado por un Unai López muy activo y preciso, el Athletic brindó una puesta en escena que auguraba una tarde feliz. Veloz, agresivo, insistente, era una versión que recordaba al equipo que se impuso sucesivamente a Barcelona, Real y Alavés. Para regocijo de la afición volvía por sus fueros, intratable en casa, decidido a voltear la tendencia reciente, pero de repente sintió miedo y el Valladolid dejó de sufrir. No obstante, el control no cambió de bando, se mantuvo y vino la exhibición de Williams para premiar el trabajo coral. Unai López leyó al vuelo lo que convenía con un pase a la espalda de la zaga pucelana para que el ariete desplegase su vertiginosa zancada. Se fue de ambos centrales, recortó en el área y embocó para delirio de la concurrencia.

Una preciosidad que podría haber valido la ansiada victoria de no ser porque a partir de ese instante el conformismo fue paulatinamente penetrando en la mente de los jugadores. Hasta el intermedio acertó el Athletic a mantener a raya al Valladolid, rebajando su fogosidad ofensiva, pero sin hacer concesiones, discutiendo la posesión, siendo superior en las disputas. Pero esa actitud comprensible una vez cobrada la ventaja, pues es imposible jugar al máximo de revoluciones todo el rato, a la vuelta del vestuario derivó en un repliegue poco recomendable, como luego se comprobó.

El Valladolid va justito de pegada, pero algo tenía que intentar, perdía y un gol nunca es un obstáculo insalvable con 45 minutos por delante. Y no es que el Athletic se viese agobiado, de hecho hubo un cuarto de hora en que no pasó nada. La impotencia visitante para profundizar se juntó con la nula voluntad de construir juego por parte del Athletic y el espectáculo descendió en picado. El problema estribó en que mientras los rojiblancos se dejaban ir, confiados en su contundencia defensiva, el Valladolid fue cogiendo confianza, creciendo a su manera, circulaba entre líneas, con paciencia. Sergio González hizo un doble cambio para inclinar más el partido hacia el área de Simón, que permanecía inédito. Enfrente no hubo réplica y lo que es peor, varios jugadores daban síntomas de cansancio, costaba robar y los espacios iban surgiendo.

Las maniobras de Garitano no cundieron. Antes del empate quiso armar más la zona ancha con Beñat y Unai López tirado a la izquierda. En vano. Vino el empate, que no se mascaba aunque cuando el mando de las operaciones corresponde al enemigo y este acredita que sabe manejarse de viaje, con el de ayer ha rascado ocho puntos, no cabe descartar un disgusto. Y ya no hubo forma de rehacerse. La incorporación de Aduriz no aportó, se supone que debía ser el destinatario de los centros, unos centros que no se produjeron, así que aparte del amor propio faltó repertorio para inquietar a Masip. El tiro de Muniain y para de contar.

El Athletic de las dos caras, sin parecido alguno entre la del primer tiempo y la del segundo, terminó corriendo descabezado, estrellándose por culpa de su impericia. Es muy complicado pasar de un registro a otro y luego, espoleado por las urgencias, pretender rescatar el perfil bueno, el que previamente había servido para borrar al Valladolid. Y si se añade el desgaste ya citado en la faceta física, un detalle que provoca extrañeza después del parón de dos semanas. El rival llegó más entero al noventa, en ello sin duda influyó la dinámica del juego: fue de menos a más mientras que el Athletic hizo el recorrido exactamente al revés.