Iago Herrerín Portero del Athletic

Herrerín: “Soy consciente de que cada partido que juego es un examen”

Haber alcanzado la titularidad en el Athletic con 30 años solo puede significar que el protagonista no ha transitado por un camino de rosas. En esta entrevista, Iago Herrerín repasa su carrera con el tono fresco de quien se siente satisfecho

08.02.2020 | 19:25
Iago Herrerín en Lezama

  • Alcanzar la titularidad con 30 años solo puede significar que Iago no ha transitado por un camino de rosas
  • Sobre la polémica con Kepa: "Le conozco bien,  tiene dos dedos de frente y sabía que iba a pedir perdón"

Lezama - A menudo cuestionado, siempre partiendo en desventaja en la pelea por el puesto, tuvo que salir de Lezama tres veces para darse a valer. Hoy recoge el fruto de una serie de experiencias que le hicieron más fuerte.

Antes de nada, por atender a la actualidad, ¿qué opinión tiene del incidente de Kepa Arrizabalaga?

-Fue algo extraño. Era mi día libre y había pensado en ir a Londres a ver el partido, pero me quedé en casa y estuve viendo el Betis-Valladolid. Creo que la acción es un mal entendido. Hay quien piensa que es una falta de respeto. Cada cual tendrá su opinión. Desde luego, la forma de gesticular de Kepa no fue la adecuada, pero es que hace poco el City le metió un 6-0 y eso para un portero es una espina clavada. Era una final, en Wembley, un partido de una gran repercusión. Conozco bien a Kepa y es alguien que tiene dos dedos de frente y sabía que iba a pedir perdón, sobre todo a su compañero, Caballero, que es quien peor parado sale de esta historia.

Bueno, quizá quien peor parado sale sea Sarri, ¿no?

-Lo que pasa es que con el entrenador puede hablarlo luego, en cambio es un gesto feo hacia el portero suplente y es él quien peor podría tomárselo.

Vayamos a lo que de verdad nos interesa. Nunca había vivido una temporada como la actual. Es titular en el Athletic.

-La cosa ha dado muchas vueltas en poco tiempo. Pasó de todo al principio: Kepa se va, yo me lesiono al día siguiente, había venido Remiro y llega Simón del Elche. Tardé unas semanas en recuperarme y Berizzo me da la oportunidad de jugar y hasta hoy. Cada vez me siento mejor y estoy consiguiendo lo que siempre he querido en el Athletic, pero sigo siendo consciente de que cada partido que juego es un examen que tengo que superar.

Ha pasado la treintena y por fin accede a la titularidad. Lo suyo no ha sido un paseo precisamente.

-Estuve varios años en el Bilbao Athletic, jugando mucho, pero en el primer equipo estaba Caparrós, que no confiaba en mí, y aunque el club me ofreció la renovación tomé la decisión de salir de Lezama y es lo mejor que hice. Siendo joven, salir de aquí es la única forma de ver cosas diferentes. Hice dos años en el Atlético de Madrid y eso me sirvió para que el Athletic me volviese a llamar. Luego, hice un año en el Numancia, donde estuve muy a gusto.

Está hablando ya de?

Del segundo año de Bielsa. Es entonces cuando voy cedido al Numancia y a final de año desde el Athletic me dicen que me van a repescar sí o sí. Entonces pensé que se iba a cumplir mi sueño. Tengo todas las camisetas del Athletic desde niño y vine encantado, aunque sabía que en principio era para ser suplente. Estuve cuatro o cinco años jugando una media de veinte partidos por temporada, básicamente en la Copa y en la Europa League. Lógicamente me hubiese apetecido jugar cada fin de semana, pero no fue así. Eso sí, competí lo mejor que pude cada vez que me pusieron.

Para ningún futbolista es fácil jugar cada tres semanas, pero para un portero será todavía más complicado.

-Va con mi carácter aceptar retos de este tipo, asumir las cosas tal y como vienen, para bien o para mal. En esta situación, jugando la Copa o en Europa, me ponía como objetivo llegar a las finales. Trabajaba a diario como si estuviese jugando en liga. Esa es la única manera de estar activo y responder cuando te toca. El que decide quién juega es el míster y la verdad es que creo que di la talla pese a que no es sencillo jugar sin continuidad. Conseguí estar en una final de Copa y hoy en día valoro más el hecho de poder jugar cada domingo.

Siempre había alguien por delante de usted.

-Por una cosa u otra nunca he contado con el beneplácito, no del club, sino de la gente. No hablo de nadie en concreto, pero ese pensamiento existía, lo notaba. Siempre parecía que tenía a alguien por delante. Cada actuación era un examen en el que no podía tener ni un solo error o no podía perder ese día, de alguna forma era como si tuviera que demostrar más que otros. Pero sabía que si era capaz de responder me haría más fuerte para lograr la titularidad. Ahora llevo mucho mejor la crítica, pero durante mucho tiempo parecía que si el equipo no perdía era por el equipo y si se perdía era por mí.

Dice que ahora lleva mejor las críticas.

-Llegó un momento en que me dije que lo único que me debía importar era lo que dijese el entrenador, los compañeros y la familia. A veces, la gente es muy tóxica: un día te pasan la mano por la espalda y al siguiente te la meten doblada. Estas cosas me afectaban, no podía permanecer callado, guardando todo, y por eso decidí centrarme en el trabajo y hacer caso solo a la gente que tengo cerca. El año pasado por ejemplo, con Kepa lesionado y jugando bien en las rondas de Europa League y en liga, hasta que él vuelve y dejo de jugar, el foco era para Kepa. Mira, las redes sociales son algo a lo que atendía, pero ahora tengo claro que son malas, no sacas nada positivo de ellas, así que es mejor intentar disfrutar de cada partido como si fuera el último.

Amplió contrato sin saber qué haría Arrizabalaga, que luego también renovó. Esa incertidumbre, siendo él indiscutible, la tuvo usted cuando firmó. Estupendo si él se iba, pero si se quedaba sus opciones eran mínimas o nulas.

-Al día siguiente de renovar, en rueda de prensa la primera pregunta que me hicieron fue a cuenta de si Kepa se quedaba o no. Siempre diré que él es el mejor portero con el que he estado, pero entonces yo tenía un mejor porcentaje de paradas que él y eso no se tenía en cuenta. Cuando él firmó sabía qué pasaría, pero yo quería triunfar aquí. Si luego por las circunstancias no podía hacerlo, por lo menos que quedase claro que mi intención era quedarme en el Athletic.

Tuvo ofertas y no se movió.

-No sabía qué pasaría al acabar el año pasado. Kepa había renovado y pude salir a algunos equipos de aquí y también de la Premier. Pensé que algo estaría haciendo bien, pero estoy donde mejor puedo estar. Lo hablé con el club y aún sabiendo que mi rol era de suplente, me quedé. Como aquí, en ningún lado. Eso le digo siempre a Unai (Simón), que tiene un carácter parecido al mío, que valore cada día aquí.

Ser portero en el Athletic no es sencillo, según dice la leyenda. Desde Iribar la exigencia es máxima.

-Tengo amigos en muchos equipos y te puedo decir que de Primera, el equipo donde ser portero es más difícil es el Athletic. En otros grandes como el Barcelona o el Madrid, si ganan 4-2 nadie habla del portero, aquí con ese mismo resultado enseguida se habla de que si no has transmitido seguridad o si has fallado en tal o cual jugada. Todo eso te afecta mucho.

Usted puede dar fe de ello.

-He tenido un poco de todo. De mí se ha dicho que tengo mucho peligro con los pies y nunca me han quitado un balón, pero al final todas esas críticas me han ayudado. Las palmaditas te relajan, en cambio las críticas te hacen estar atento.

Repasando su trayectoria, podría afirmarse que de autoestima va sobrado.

-No le doy importancia, pero ya he dicho que cada partido es un reto para mí, que quiero demostrar que si estoy aquí es porque lo merezco. Y esto sabiendo que un día fallaré y ese día volverán a decir que soy malo, hasta que vuelva a hacerlo bien. Tienes que convivir con eso.

En las navidades de 2016 salió al Leganés. Otra frustración.

-Lo he pasado mal, lloraba, no quería hablar con nadie, solo discutía con las paredes de casa, pero a todo eso le daba la vuelta e intentaba que ese sentimiento de frustración me sirviese para concienciarme de que debía seguir. En una carrera hay de todo. La media temporada que hice en el Leganés fue muy bonita. Me trataron genial. Sí, quería demostrar que era portero de Primera. Asier Garitano quería que mejorase el equipo y me dio responsabilidad. Me sentí muy cómodo. Cuando te sientes importante el rendimiento es mejor. Por lo menos, en mi caso es así. Que aquella gente estuviese contenta con mi aportación es una satisfacción.

Está cerca de hacer cien partidos en el Athletic. Una cifra a la que muchos jugadores llegan antes.

-Ya, pero a mí no me cuenta si juego cinco minutos de un partido. El portero o sale de inicio o el partido no se le computa salvo lesión o expulsión del compañero. Me hubiera gustado llegar antes a los cien y espera que todavía me faltan tres partidos. Me hace una ilusión tremenda, sobre todo porque es este club, donde he vivido las mejores experiencias y también las más difíciles.

Hablemos del equipo.

-El equipo está bien. Esto no se podía decir en la etapa de Berizzo porque aunque estábamos a gusto con él, faltaban los resultados. Antes de navidades estábamos hundidos. Entonces nos juntamos, nos miramos a la cara, hicimos autocrítica, sabíamos que cada uno no estábamos dando lo que podíamos dar y vino Gaizka. Empezamos a sacar resultados y a coger ánimo. Jugar con presión es bueno para nosotros.

Ya pero dicen esto y entonces, ¿qué pasa, que no sentían presión cuando estaban en el pozo con Berizzo?

-Presión sí que había, teníamos sensaciones buenas en el trabajo diario, pero no sacábamos resultados. Tampoco nos metían meneos, salvo el día del Levante. Nosotros si no vamos al 110%, no ganamos a nadie. Tenemos que salir con el mono de trabajo contra cualquier rival.

Ahora no les meten goles. Eso habla bien del equipo y del portero, claro.

-Si recibes goles o te hacen ocasiones se le mira al portero y si es como ahora, se merita al equipo. Estamos compitiendo bien y yo quiero hacer bien mi labor y ser invisible, nada más. No le doy valor a que me citen o no. Ni el palo, ni la alabanza. Oblak, que es el mejor, pese a todo lo que hace, es como si fuera invisible, no se habla de él. Contra la Real me cayeron palos y un gol vino de un error del equipo y el otro entró por la escuadra. Yo acerté en varios cortes, en un mano a mano, tuve más trabajo que otros días, lo resolví y fui criticado. Por eso digo que prefiero ser invisible. Luego, hay días en que casi no intervengo y me ponen bien.

Oblak es el mejor, dice.

-Hoy, sí. El portero tiene que parar y es el que más para. Ter Stegen, también, y es muy bueno con los pies. Están donde tienen que estar.

Herrerín, ¿para mucho o poco?

-Ni estoy entre los que más para ni entre los que menos. Por arriba voy bastante bien y en los balones a la espalda de la defensa, también.

¿Qué tiene que mejorar?

-Viendo a los dos que te he dicho, a la hora de aguantar de pie en el uno contra uno. Lo trabajo mucho y lo voy a conseguir.

Diría que la portería del Athletic está bien cubierta.

-No lo digo porque esté yo. Es lo que he pensado en años anteriores y ahora. Hay que fijarse en el que juega, en quien no juega y en lo que viene por detrás.

¿Siempre quiso ser portero?

-Para nada. Yo era jugador hasta que un día, siendo un niño fallaron los dos porteros, me pusieron y estuve varios partidos sin encajar gol.

Y alguna vez no se ha aguantado y se ha puesto de delantero.

-Estando en el Bilbao Athletic, eso sí, con la temporada acabada, fui el máximo goleador en un torneo de futbito. El club se enteró y me multaron. Es que no puedo estar quieto.