Las velas y una margarita

Aritz Aduriz, que mañana cumple 38 años de edad, sopesa si prolongar su carrera una temporada más y el club, que ya le ha tanteado, permanece a la espera de que el delantero transmita su voluntad

08.02.2020 | 17:28
Aritz Aduriz, pensativo, antes de marcar de penalti al Valladolid sin coger carrerilla.

Aritz Aduriz, que mañana cumple 38 años de edad, sopesa si prolongar su carrera una temporada más

Mañana cumple años Aritz Aduriz. Una efeméride feliz y al mismo tiempo exigente si quiere cumplir el ritual de apagar en el primer intento todas las velas porque habrá 38 sobre la tarta. Necesitará concentración y pulmones. También buen ánimo y es que el aniversario coincide con un momento ingrato. Una lesión localizada en una de sus rodillas le mantiene alejado de la competición desde hace un mes y se calcula que el plazo de recuperación no será inferior al ya transcurrido, de modo que hablamos de un contratiempo importante para un futbolista que además está inmerso en un trance singular en razón de su edad.

Aduriz está deshojando la margarita de su continuidad y los contratiempos físicos (en plural, pues el actual es el segundo que padece en la temporada) constituyen un factor a valorar en el debate que mantiene consigo mismo. Cuando se plantea el porvenir, lógicamente en su fuero interno baraja más cuestiones que la baja médica, por ejemplo su trayectoria más reciente en términos de rendimiento. Resulta evidente que quien ha sido bandera del equipo en la presente década gracias a unos registros espectaculares, ha ido perdiendo pujanza y protagonismo. Nada extraño en alguien que representa la excepcionalidad. Hoy en día resulta casi imposible encontrar en la elite profesionales nacidos en 1981, sobre todo que ejerzan como delantero centro.

Los primeros síntomas de su declive quizá empezaron a percibirse hace dos años, con Ernesto Valverde cerca de salir hacia Barcelona. No se notó de una forma llamativa y lo que ha seguido podría catalogarse como descenso gradual. Después de encadenar éxitos ininterrumpidamente desde que retornase a Bilbao en el verano de 2012, lo cierto es que hoy puede afirmarse que el peso específico de Aduriz en el equipo se ha resentido si se compara con su impresionante comportamiento hasta avanzado 2016.

Todavía en la campaña anterior, 2017-18, participó en un elevado número de compromisos y firmó una veintena de goles, aunque su poder de intimidación ya no era el que le encumbró incluso en el ámbito internacional. Desde luego la errática marcha del equipo, que lleva un largo período sin repuntar, tampoco le ha favorecido. No obstante, entre las explicaciones al mal juego y la ausencia de resultados, está muy extendida la teoría de que tienen su origen en el hecho de que Aduriz ha empezado a sentir el peso de la edad y ya no le alcanza para compensar con sus remates las deficiencias del grupo.

Dejando a un lado esta u otras interpretaciones, lo observado en el presente curso vendría a confirmar que es inútil ir en contra de la naturaleza y eso que él parecía haber suscrito un pacto con el diablo e iba engordando sus estadísticas año tras año para deleite de la afición. Es notorio que la participación del ariete ha descendido mucho y llamativo el detalle de que tuvieran que transcurrir casi dos meses para que inaugurase su casillero de goles. Se estrenó en la Copa, con dos dobletes a costa del Huesca, mientras que en cita liguera lleva otros dos, ambos de excelente factura; eso sí, desde el punto de penalti. Faltan algunos goles suyos, cómo negarlo, y así continuará siendo al menos por espacio de varias semanas.

El carácter no se pierde y en su caso hablamos de uno fuerte. Tal como ha admitido en más de una ocasión, ha sido el motor que le ha permitido desarrollar una dilatada carrera. Minucioso hasta el extremo en el cuidado de su cuerpo y exageradamente competitivo, con un punto de mala leche que no siempre le ha beneficiado, acaso su forma de ser y de funcionar en el día a día invitan a apostar a que finalmente optará por seguir en la brecha. Sin embargo, la realidad es que Aduriz se lo está pensando.

ESTATUS ESPECIAL Sabe que el club, como ya sucediera en los años precedentes, permanece a la espera de conocer su voluntad. La anterior directiva y la actual coinciden en estimar que con su extraordinaria aportación (casi un gol cada dos partidos al cabo de once campañas) se ha ganado a pulso un estatus singular. La circunstancia de que todavía no haya aparecido un sucesor definido para hacerse cargo de la función que él desempeña, es asunto secundario en esta encrucijada. Si quiere, Aduriz puede alargar su pertenencia a la plantilla hasta junio de 2020 y punto. Si prefiere colgar las botas, punto también. Pero él no lo tiene claro. Rafa Alkorta le ha pulsado y aún no ha encontrado una respuesta.

Se comprende que Aduriz le esté dando vueltas y más vueltas. Son muy diversos los aspectos que ha de sopesar. Está el físico, las ganas, el rendimiento, la familia, la responsabilidad, la imagen, las lesiones, el vestuario, la presión, la rutina, la propia competición que desgasta. Y más cosas, seguramente. En fin, un cúmulo de variables comunes para todo futbolista, pero que se analizan desde una perspectiva poco habitual si quien aborda la reflexión está a punto de cumplir 38 años.