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"Arieta II": "Entre Eneko y yo hicimos 25 años en el Athletic, pocos pueden decir eso"

El caso de Antón Arieta, 'Arieta II' (Durango, 1946), es poco frecuente. La particularidad estriba en que, además de seguir a rebufo la estela de su hermano Eneko, que jugó 15 temporadas en el Athletic, ocupó durante otras diez la misma demarcación, la de delantero. Incluso jugaron juntos

"Arieta II": "Entre Eneko y yo hicimos 25 años en el Athletic, pocos pueden decir eso"Lusi Gómez

BILBAO. Formó parte de un equipo que, como él mismo subraya, se conocía de carrerilla. Empezaba en Iribar y acababa en Txetxu Rojo e incluía a los Sáez, Etxeberria, Aranguren, Larrauri, Igartua, Argoitia, Uriarte y Clemente. Vivió tardes de gloria, pero también conoció el lado amargo del fútbol, que le dejó clavada la espina de no poder culminar su carrera como rojiblanco. Emigró a Alicante, al Hércules, y hasta defendiendo sus colores logró que San Mamés celebrase con ovación uno de sus goles.

Es poco común que dos hermanos ocupen la misma demarcación. ¿Hasta qué punto influyó en usted que Eneko, el mayor, fuese delantero centro?

Supongo que si él hubiera jugado en otra posición igual yo también, pero me hubiesen hecho falta otras características diferentes a las que tenía. Creo que él fue una referencia para mí y sin darme cuenta me metí a jugar en ese puesto. Luego, en la última parte de mi carrera también jugué de extremo y en la media.

¿Eran parecidos en la forma de jugar?

No, éramos diferentes. Eneko era más goleador que yo, era más fuerte y más rápido. El era un gran chutador, la rompía. Quizás yo tenía algo más de habilidad que él, lo que se dice más técnica, eso de domar la pelota, al menos eso era lo que decían.

También usted hacía goles.

Ya, pero en comparación con él… (fueron 170 y 83).

A Eneko se le destacaba por lo valiente que era, iba a todas, recibía mucho y no le intimidaban.

Bueno, era su carácter, él era así, se crecía con el castigo, sí.

Llegaron a coincidir en el Athletic. ¿Cómo fue esa experiencia?

Estuve dos años con él. Fue bien, llegamos a jugar bastantes partidos juntos, lógicamente yo en otro puesto, sobre todo el primer año. Eneko jugó menos en el segundo. Era la ilusión que yo tenía, que jugáramos juntos y lo pudimos hacer aunque había doce años de diferencia entre los dos. Cuando yo empecé en el Athletic, él estaba ya acabando su carrera.

Puede considerarse entonces su relevo en el equipo.

Más o menos, sí. Había mucha diferencia de edad, yo tenía entonces 18 y él ya estaba en los 30. En aquella época uno se hacía viejo cuando cumplía la treintena, por lo menos para jugar al fútbol. Hombre, había excepciones aparte de los porteros, jugadores que duraban más, por ejemplo Piru Gainza, que estuvo hasta muy mayor.

Sería difícil prolongar la carrera profesional porque la cuestión de la preparación física o el tratamiento de las lesiones estaban en mantillas con respecto a hoy en día.

Sí, aunque se jugaban menos partidos por temporada. Cuando yo empecé todavía no había cambios, acababan los once que empezaban y si te lesionabas, a joderte y a seguir allí, te quedabas en el campo aunque no pudieses ni andar. Luego ya empezó a cuidarse más el aspecto médico.

Al contrario que su hermano no pudo colgar las botas en el Athletic.

Jugué de los 18 a los 28 en el Athletic y luego dos años más en el Hércules.

¿Qué pasó para que tuviera que cambiar de aires?

Pues no tenía mucha explicación porque el año anterior había jugado prácticamente todos los partidos. Hubo cambio de entrenador y nos dieron el pasaporte a algunos de los más veteranos. Fidel Uriarte se fue al Málaga y yo, al Hércules. Teníamos equipos a dónde ir. No me esperaba aquello, la verdad.

¿Le dieron alguna razón?

Ninguna, habíamos cumplido ciclo y punto.

Se retiró con 30 años, ¿pronto, no?

Piensas que puedes jugar más, pero no me apetecía más cambios. Tenía ya tres hijos y la idea de moverme a otro sitio no la veía, decidimos volver a casa porque los hijos empezaban a crecer y… Lo dejé. Me vinieron un par de equipos, pero no merecía la pena, había que empezar a pensar en venir a Durango.

¿Qué balance hace de la década que cumplió en el Athletic?

Estoy conforme. Tuvimos años muy bonitos, el balance es positivo. Haber jugado cuatro finales de Copa, ganado dos, y haber quedado subcampeones de Liga en ese tiempo no está nada mal, creo yo.

En los dos títulos de Copa, usted se erigió en protagonista marcando en ambas finales.

Para entonces ya habíamos jugado otras dos y las habíamos perdido. Te hace más ilusión si encima metes el gol. Son los goles que quedan ahí, son en una final de Copa que es algo que es tradición en el Athletic. Por cierto, a ver si se recupera.

Hizo algún otro gol que también fue muy sonado, el que marcó con el Hércules la primera vez que visitó San Mamés.

Sí metí un gol que por cierto el público aplaudió. No esperaba aquello, te quedas helado. No sé por qué aplaudieron, yo recuerdo que ni levanté los brazos, no me lo creía.

Pues dijo a un periódico que ese día le aplaudieron más que nunca en diez años.

¿En serio dije eso? Bah, no, no era así.

Igual estaba quemado por haber salido pocos meses antes del Athletic. Es igual. Dice que no levantó los brazos para celebrarlo. Tampoco entonces se veían las extravagancias de ahora tras meter un gol.

También alguna vez salías corriendo, te daba la venada, pero todo era más moderado. Son las modas. No me imagino haciendo como Bebeto, el gesto de que iba a ser padre, pero ahora estas son cosas que nos parecen normales y creo que era más normal cómo nos comportábamos nosotros.

Le metió gol a Iribar.

Dentro del campo te olvidas de quién tienes enfrente, estás a lo que estás. No me hubiese importado haberle metido tres, pero eso no lo hacía ni cuando estaba en el Athletic.

Tampoco tuvo interés en continuar vinculado al fútbol. Muchos de sus compañeros siguieron como técnicos…

Dejé el fútbol de lado o él me dejó a mí. Unos años antes había hecho algún cursillo con otros siete u ocho compañeros, pero no seguí con el tema, sería porque no servía. Es verdad que muchos que estaban conmigo, sí: Txopo, El Indio (Sáez), Fidel (Uriarte), Txutxi (Aranguren), Rojo también. No me veía a mí mismo como entrenador, hace falta tener más confianza para ese trabajo.

Y ha permanecido desvinculado del fútbol hasta hoy.

Hasta hoy. Hombre, mi ilusión hubiera sido terminar mi carrera de futbolista en Bilbao, pero seguir en el fútbol no. Una cosa es estar en casa y otra estar dando vueltas por ahí. Tenía asumido que esa etapa terminaba y no tuve ninguna añoranza.

Al menos se siguen reuniendo quienes fueron compañeros, quedan para comer de vez en cuando.

Yo voy poco, pero sí, los de la época se juntan dos o tres veces al año. Yo voy menos. La relación es muy buena, la mayoría seguimos siendo amigos después de tantos años. Nos reímos un poco. La última vez que estuve fue hace año y medio, no he vuelto, aunque me llamaron el Txopo y el Indio, pero tiene que coincidir y tengo que atender el negocio.

Sigue al Athletic.

Así, así. El otro día [contra el Rayo] vi parte del partido, pero entero no. Antes fui socio e iba a menudo. Solíamos ir en autobús desde Durango, pero cuando empezaron a cambiar los horarios dejé de ir y luego le pasé el carnet a un hijo. No he vuelto a San Mamés en los últimos diez años. Se pierde la costumbre y cada vez te cuesta más ir. Además los fines de semana suelo aprovechar para visitar a los hijos y los nietos.

Entonces no tendrá una opinión formada sobre el equipo actual.

Pues no, porque además oyes comentarios para todos los gustos. El único problema aquí son los resultados. Pero soy del Athletic a muerte. Son 25 años entre mi hermano y yo. Pocos pueden decir algo así.

Y el fútbol en general tampoco le llama la atención.

Veo algo, pero tampoco soy forofo, si me coincide bien, pero es raro que vaya a ver un partido. Te va cansando, hay tantos partidos ahora. Con los hijos a veces sí veo, pero por mi mismo no. A las nueve de la noche me parece tarde para ponerme delante de la tele.

¿Se hacía dinero en su época?

Sí, los futbolistas siempre han estado bien pagados, ahora mucho mejor, pero sí. Claro que siempre quieres que te paguen más. Aquí en el Athletic era un poco especial, todos éramos jugadores de casa y cobrábamos menos. Por ahí se cobraba más. Sabíamos que equipos de menos categoría que el Athletic pagaban mejor, pero llegó un momento en que había un equipito majo y creíamos que merecíamos más.

¿Y qué hicieron?

Íbamos a hacer un plante, pero no todos, unos ocho o así. Pedíamos un mínimo y llegamos a un acuerdo con la directiva. Aquello fue un poco injusto porque tampoco era lógico que todos cobrásemos igual, que yo cobrase igual que el Txopo. Eso sí, salimos todos beneficiados al haber una mejora, pero debería haberse hecho una escala.

Otro episodio que usted protagonizó y aún se recuerda es la doble expulsión de Atocha. ¿Cómo fue aquello? Les expulsaron a usted y a Txetxu Rojo.

Pasó y pasó. Son cosas inexplicables. Eran tiempos en que las cosas estaban bastante enconadas en los partidos contra la Real Sociedad y aquel día picamos, además fue en el momento más inoportuno. También hay que decir que el árbitro anduvo un poco descolocado todo el partido.

¿A qué se refiere con lo de inoportuno?

Esa temporada podíamos haber salido campeones de Liga, pero perdimos contra la Real y luego también contra el Valencia. Había un partido más en San Mamés, que ganamos, pero nos tuvimos que conformar con ser subcampeones. Esa Liga la ganó el Atlético de Madrid, que la verdad es que tenía un equipo muy bueno. Estaban Garate, Luis, Calleja, Ufarte, Adelardo,… pero tuvimos muy cerca el título.

Por cierto que también a Eneko le expulsaron una tarde en Atotxa. Ya es casualidad.

Sí, lo suyo fue con Paz. Clásico de él, es que no se achantaba y le dieron mucha leña hasta que no pudo más y respondió. Le dio a Paz con el juego parado tras haber metido él un gol y se fue a la caseta sin esperar a que el árbitro le expulsara.

¿Qué o a quién destacaría de aquel equipo suyo que ganó copas y acarició una Liga?

Que estábamos muy compenetrados. Estuvimos muchos años juntos y era difícil que alguien entrara en aquella alineación, que era una de esas que se cantaba de corrido, de memoria.

Así que se queda con el bloque.

Me quedo con el grupo, tanto en lo personal como en lo futbolístico, si bien una cosa lleva a la otra. En esto no hay vuelta de hoja, esa era la ventaja nuestra, al ser todos de aquí la relación era muy estrecha entre todos, te relacionabas más, y eso luego se notaba en el campo. Cuando estuve en el Hércules también había buen ambiente, pero era distinto, allí había gente de todas partes, había argentinos, uruguayos, catalanes, vascos… En el Athletic estábamos juntos desde juveniles, desde que tenía 15 años estuve con Fidel.

Y de juveniles daban el salto directamente al primer equipo, sin pasos intermedios como ahora que hay un filial.

No había ni Segunda ni nada. Era un salto grande, pero se hacía así. Venías de jugar en un equipo juvenil que era de lo mejorcito y estabas acostumbrado a ganar, pero arriba… En el primer partido que jugué con el Athletic me acuerdo que fui a parar la pelota y me dieron una hostia. Me dije: "Esto no es lo mismo". La pelota la paré, pero yo también quedé parado, tumbado en el suelo. Creo que el que me hizo la entrada fue Fornaris, un veterano del Elche. Aprendías más en cuatro partidos en Primera que en toda la etapa de juvenil.

Enseguida se hizo un sitio y empezó a ser un habitual en la titularidad.

Sí, desde que empecé estuve jugando de continuo.

¿Cómo se catalogaría en aquel equipo que tenía jugadores muy buenos?

Era bonito jugador, no era ningún fenómeno, pero sí creo que era bueno para el equipo. Conmigo estaban Txetxu o Fidel, que eran de un nivel superior, y también el Txopo, claro. Yo diría que estaba dentro de la media de un buen equipo. No sé si me faltaba algo, nunca se sabe. Fidel era muy completo, tenía complexión, el juego de cabeza y una zurda de maravilla, encima no se cortaba si había que meter el taco.

¿Sería capaz de distinguir a un futbolista por encima de todos los que ha conocido, independientemente de la época en que actuase?

El mejor jugador que he conocido es Alfredo Di Stéfano. Ha habido algunos muy buenos en el plano individual, pero él jugaba para el equipo, él fue quien hizo grande al Real Madrid. Ordenaba, mandaba, trabajaba y metía. Sin lugar a dudas me quedo con Di Stéfano.

Usted que fue protagonista en varias finales de Copa, ¿asistió a la última que jugó el Athletic?

Fue mi hijo en representación de la familia. Yo ya no tengo edad para esas cosas.

¿A qué se debe que Antón Arieta prácticamente nunca haya aparecido en los medios de comunicación, en una entrevista o algún reportaje?

No tengo ni idea. Igual se debe a que tampoco salgo mucho del pueblo. Quizás si hubiera ido más a San Mamés o hubiese estado metido en el ambientillo del fútbol, pues hubiese aparecido más.

Puede que tampoco tuviera usted un interés especial en tener esa presencia.

Sí, es posible que así sea. Hay gente a la que le gustará salir y yo no soy así.

Pues precisamente por ello, gracias por conceder esta entrevista.

De nada. Dentro de diez años vienes por Durango y hacemos otra.

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