Cajera en un supermercado de Eroski

Aitziber Etxeberria: "La gente tenía mucho miedo a quedarse sin comida"

Aitziber Etxeberria admite que el furor por el papel higiénico "quedará como la gran incógnita"

15.03.2021 | 01:12
Aitziber Etxeberria, en el Eroski de alameda Rekalde.

Aitziber Etxeberria tiene grabado a fuego el 13 de marzo de 2020. Ese viernes su hija cumplió 12 años y lo celebraba al día siguiente en una pizzería con sus amigos. "Me llamaron por la tarde para decirme que lo tenían que suspender. Era muy triste. Impresionaba el silencio y ver las calles vacías y todo cerrado", rememora. Cajera en un supermercado de Eroski de Bilbao, vivió en primera persona la histeria colectiva, primero, por el papel higiénico; después, por la harina y la levadura, y finalmente, por las cervezas y el vermú. "La gente tenía miedo de que fuéramos a cerrar y quedarse sin comida. Tuvimos que tranquilizarles y decirles que el suministro estaba garantizado".

Ya desde antes de decretarse el confinamiento, se vivieron días "de mucha locura", reconoce al echar la vista atrás. Primero desapareció el papel higiénico –"a día de hoy todavía no sabemos por qué, se va a quedar como la gran incógnita del confinamiento"–, al que siguieron la harina y la levadura –"la repostería es algo muy recurrente para hacer con niños"–, y posteriormente llegó el turno de las cervezas y el vermú. "Los lineales se quedaban temblando en un visto y no visto. Era un maratón de colocar y colocar". Con las mascarillas agotadas, la gente se armaba con "kits personalizados y pantallas que hacían en casa con lo que tenían" y notaba la soledad de muchas personas mayores "que venían incluso varias veces al día y se quedaban un rato a hablar contigo".

Aitziber reconoce, un año después, que todavía le sorprende la tranquilidad con la que vivió aquellos días con un virus desbocado y la cifra de contagios y fallecidos creciendo a un ritmo frenético. "Estuvimos al pie del cañón todos los días. Quizá como intentabas tranquilizar a la gente eso también te hacía estar más serena", reflexiona. Lo que sí le pesaba, inevitablemente, era el miedo a contagiar a su marido y a su hija, ambos asmáticos. "En cuanto llegaba a casa me quitaba la ropa, me duchaba... Tuvimos mucho cuidado".

No fue fácil organizar la intendencia familiar, ya que tanto ella como su marido trabajan fuera y su hija no tenía colegio. "Se tuvo que quedar sola y hacerse mayor de la noche a la mañana, con 12 años recién cumplidos; le compramos su primer móvil para llamarla y ver cómo estaba".

"Los lineales se quedaban temblando en un visto y no visto; era un maratón de colocar y colocar"

Aitziber Etxeberria

Cajera


noticias de deia