Turismo sanitario, viaje a la salud
En 2020, según los expertos, generará 1.000 millones. “Un jugoso pastel del que el País Vasco no debiera quedarse al margen”, sostiene Nerea Landa, directora de Dermitek
AHORA que por Bilbao es cotidiano cruzarse con viajeros con el mapa de la villa en la mano, hemos comprendido que viajar y hacer turismo no es solo desde aquí hacia fuera, sino también a la inversa. Es un mundo abierto. Por placer o por afición se viaja o se turistea, para descansar, para conocer monumentos o gente, para divertirse..., y por qué no también para buscar mejores servicios de salud. Estamos pues en un auge creciente de lo que podemos llamar viajes por la salud o lo que otros califican de turismo sanitario.
Nos podemos encontrar a quien va a Holanda para hacerse un screening de espermatozoides porque allí es legal o quien viaja a Turquía, la nueva meca del turismo capilar “low cost” como con alguien que viene a Euskadi porque los tratamientos epidérmicos son más avanzados y competitivos, o con parejas que acuden a clínicas del IVI del País Vasco -en Bilbao, Donostia y próximamente en Gasteiz- para someterse a tratamientos de reproducción asistida: fecundaciones in vitro e inseminaciones artificiales. Las terapias de fertilidad son una especialidad que atrae a muchas parejas y obedece a que las leyes del Estado español son más permisivas que la de países como Italia; a que se preserva la identidad de los donantes de semen u óvulos, a diferencia de en Gran Bretaña, donde los precios son más competitivos en centros de calidad que en EE.UU. El Estado español es uno de los países de Europa en los que se ha registrado un mayor aumento en el gasto del turismo de bienestar en los últimos cuatro años con un aumento del 6,2% anual y que le convierte en el quinto país con más turismo médico del continente y el decimoquinto en todo el planeta.
La expresión turismo sanitario es tan usada como vilipendiada por los profesionales sanitarios, algunos de los cuales aseguran que se ha convertido en un calificativo frívolo y equívoco. Aunque no haya consenso en el término, sí coinciden en que es generador de trabajo y que el empleo vinculado al sector crecerá un 40% en 2017, según datos recogidos por el Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS). De hecho, en el Estado español ya existe un clúster de turismo sanitario que canaliza a través de una marca la visibilidad y el posicionamiento como un referente mundial en el ámbito del turismo médico. Un sector, que con estos objetivos ha acudido a recientes ediciones de FITUR y que nada tiene que ver con la medicina turística, que consiste en la asistencia médica, normalmente, de urgencia a turistas.
GLOBALIZACIÓN Pero ¿qué se entiende por turismo sanitario, ese fenómeno del que, a veces, se habla como un aspecto negativo? “Un turismo basado en viajar para someterse a terapias de calidad que son más inaccesibles en los países de origen, ya sea por cuestiones económicas, de calidad asistencial o de políticas sanitarias”, explica la doctora Ainhoa Placer, especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora y vocal de Comunicación y Redes Sociales de la SECPRE.
Una definición que hace suya la dermatóloga Nerea Landa, socia y directora de la Clínica Dermitek de Bilbao que en 2012, consciente de que la oferta de turismo de salud era un interesante nicho de mercado a explorar, puso en marcha un programa pionero que alterna turismo y la salud para el tratamiento de varices.
La movilidad de pacientes se ha dado siempre, pero en la última década, como un efecto de la globalización, se ha multiplicado. “Euskadi dispone de una infraestructura asistencial que permitiría potenciar este turismo; cuenta con una extensa red de centros que acreditan un alto nivel médico, uno de los puntos clave para que un turista sanitario de cualquier país del mundo se decante por un destino y un centro para ser operado quirúrgicamente. Es una industria muy interesante y las administraciones vascas debieran de tenerla más en cuenta colaborando y apoyando a quienes estamos apostando por este sector”, apunta la dermatóloga.
Este turista gasta casi diez veces más que un visitante normal, pernocta durante mucho más tiempo y la mayoría llega en pareja. Se estima que frente a los menos de dos días de estancia media de un turista ocasional, quienes van a un país para ser operados lo hacen por periodos que entre la hospitalización y la estancia previa o posterior se hallan en los 10 días. Las cirugías más demandadas son las referidas a dolencias oculares, de estética -datos del sector aseguran que España es el cuarto país del mundo donde se hacen más operaciones estéticas- y tratamientos de fertilidad. IVI, el mayor grupo de Reproducción Asistida del mundo, al haberse fusionado con el grupo de USA (RMA), y que cuenta con 70 clínicas en 13 países y 27 en todo el Estado, recibe un 20% de pacientes extranjeras; solo en 2016 un total de 4.062 parejas acudieron a todas sus clínicas del Estado.
Por una u otra razón, se ha creado una fructífera industria mundial. “Hay mucha gente que se va hacia Latinoamérica, Turquía, países del Este, aunque cada vez hay más pacientes de fuera vienen a España para realizarse cirugías y tratamientos. Buscan precios reducidos principalmente; las intervenciones más frecuentes son la cirugía mamaria, liposucción y trasplante de pelo”, explica la cirujana Ainhoa Placer, vocal de la SECPRE.
TURISMO CAPILAR En Turquía, la nueva meca del trasplante capilar, se realizan alrededor de 200 intervenciones. Los atractivos precios y la belleza de Estambul son sus alicientes; la ciudad del Bósforo promueve el turismo para quienes sufren alopecia ofreciendo paquetes por 3.000 euros, implante incluido, “pero no es oro todo lo que reluce”, apunta Nerea Landa. “Cada vez hay más canibalismo entre los profesionales para rebajar los precios. Ese afán por intentar atraer mayor clientela puede hacer que lo que no debiera de ser negativo -porque no hay que dudar de la experiencia y la formación de los doctores turcos- se convierta en un hándicap para este turista. Es cierto que el Gobierno asiático apoya el auge del sector con incentivos, lo que permite que los precios sean inferiores a los de aquí, pero no es menos verdad que el intrusismo es un riesgo que los que viajan allí, o a Hungría, conocida también como la capital dental mundial, deben de conocer”, dicen las doctoras. Los precios tan bajos no son síntomas de peor calidad o estafa, pero sí los ”timos y los engaños que en ocasiones se dan”. “A veces suele ser necesaria una cirugía secundaria en caso de que se haya complicado la cirugía primera. Para no sufrir un engaño, lo importante es que el viajero se informe de que el profesional que le va a atender está cualificado para ello”, explica con conocimiento de causa la especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SECPRE).
El Estado se sitúa en el décimo puesto entre los países que más turistas recibe para someterse a una operación de cirugía plástica, según una encuesta elaborada por la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS), que realizó entrevistas a cerca de 20.000 cirujanos durante 2009 en 25 países. ¿Quiere esto decir que la calidad es menor? “No. Simplemente que comparado con otros países de nuestro entorno les resulta más barato. Pero en España tenemos muy buenos profesionales y una alta calidad sanitaria. Otra cuestión es el problema del intrusismo”, reconoce Ainhoa Placer. “Lo barato puede ser costosísimo, no solo para el bolsillo, sino principalmente para la salud”.
Porque, aquí, si surge alguna complicación, el paciente puede acudir de manera inmediata al especialista pero si el tratamiento se lleva a cabo en el extranjero, “¿qué hacen si les surge un problema?, ¿a quién recurren si están a cientos de kilómetros”, pregunta Nerea Landa.
En precios, Euskadi no puede ni debe competir en el mercado low cost pues ofrece estándares de calidad y seguridad asistenciales y de formación de los profesionales de Europa Occidental. “No hay que tirar los precios”, recalca Landa. Además, “habría que regular las ofertas de Internet; hay algunas incompatibles con la calidad”, sostiene la cirujana plástica, quien apuesta por concienciar a la población de los riesgos de los “falsos” profesionales. “Deben saber diferenciar qué es la especialidad de cirugía plástica, reparadora y estética; todas las demás denominaciones como cirugía estética, cirugía cosmética..., no existen como especialidad”, apostilla.
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