El fusilamiento que desencadenó el primer Gudari Eguna

18.10.2020 | 08:05
Un grupo de presos vascos, en la prisión de Santoña.

Los franquistas ejecutaron a 14 vascos del bando republicano el 15 de octubre de 1937 en la prisión de El Dueso

Esta semana se han cumplido 83 años de los fusilamientos franquistas contra la vida y dogmas de 14 republicanos apresados en El Dueso. Sonaron los fusiles el 15 de octubre de 1937 en el paredón de la playa de Berria, municipio de Santoña. Las olas de aquel arenal cántabro no han conseguido, sin embargo, con el paso de las décadas borrar las huellas que dejaron en tierra aquellas personas que lucharon por las libertades y la mayoría de ellas por Euskadi. Se cumplen asimismo 55 años de la celebración del primer Gudari Eguna instituido por el PNV en esa triste fecha.

Desde Sabino Araba Fundazioa evocan estos hechos que "se convirtieron en el icono de la represión franquista contra los vascos". El exsenador jeltzale Iñaki Anasagasti también tiene una opinión formada al respecto: "No somos conscientes de lo que fue aquel terrible asesinato. Los escogieron y mataron buscando un escarmiento. Deberíamos recordar este hecho execrable como muestra de la ignominia de aquel régimen", transmite a DEIA.

A juicio de Luis de Guezala, doctor en Historia de Sabino Arana Fundazioa, los 14 hombres asesinados "fueron seleccionados por su filiación política": Ramón Azkue Gorostiaga, Felipe Markaida Maurika, Florencio Markiegi Ibarzabal y Felipe Tomás López de Otamendi, del PNV; José Ibarbia Unzeta y Jesús Zabala Iriondo, de ELA/STV; Federico Sánchez Martín y Ciriaco Sanz Casamayor, de ideología republicana; Manuel Natividad López y Críspulo San Miguel Cubero, del PSOE; Francisco Rabaneda Postigo y Martín Subtil Sanz, del Partido Comunista; e Isidro Nieves Sagasti y Martín Ramos de la Viuda, de CNT. Este último, según José María Ochoa de Chinchetru, quien fuera suboficial del batallón Kirikiño del PNV, no se encuadraría como anarquista, sino en UGT. "Días antes, también fue ejecutado Manuel Egidazu Garay el día 4", agregaba quien plantó junto a familiares de los fusilados un sauce y tres cipreses en recuerdo de aquellos y de quienes como él sufrieron el penal de El Dueso.

Precisamente aquel 4 de septiembre, según relato de Luis de Guezala, las tropas italianas que custodiaban más de tres mil prisioneros hacinados en El Dueso, "los abandonaron, entregándolos a militares franquistas". Las condiciones para los prisioneros "empeoraron drásticamente con este cambio y, lo que fue aún peor, comenzaron los simulacros de juicios denominados consejos de guerra y los fusilamientos". A las nueve de la noche del 14 de octubre los carceleros sacaron de sus celdas a catorce hombres que fueron trasladados a dos celdas apartadas en la planta baja de la prisión.

huella en los supervivientes 

 Antes de su ejecución se ofició una misa en la capilla. Sobre las siete de la mañana, fueron conducidos a la cercana playa de Berria, donde un pelotón de ejecución los fusiló en varias tandas. "Los fusilamientos del 15 de octubre, tuvieron como principal objetivo el castigo de las posiciones ideológicas contrarias a los sublevados", apostilla el historiador. Por su parte, Ochoa de Chinchetru fue uno de los supervivientes a aquel penal. El gudari relataba con el paso del tiempo la impresión que les causó a sus compañeros. "Fue tan cruel el impacto y la conmoción que causó en todos nosotros aquel hecho que se reflejaba patéticamente en los rostros de cuantos en el paseo matutino deambulábamos por aquel patio del penal sin atrevernos a comentar lo sucedido aquella madrugada. Un suceso de esa magnitud e inmerso en la misma jaula, a los 19 años, deja huella para toda la vida", manifestaba quien murió el 18 de octubre de 2012 a los 94 años.

Luis de Guezala estima que lo más subrayable de aquel fusilamiento fue que los franquistas "negaran que los ejecutados tuvieran alma, es decir, que a su juicio no eran personas. Eso es una muestra de lo que es el fascismo, el totalitarismo", valora a este periódico. El historiador detalla los hechos que lo argumentan tomando el testimonio de Andoni de Astigarraga Astilarra, quien narró que cuando le tocó el turno a Markiegi, este, que "esperaba sonriente su final sosteniendo un rosario en su mano derecha, gritó Gora Euzkadi azkatuta al tiempo que sonaba la descarga de los fusiles que acabaron con su vida".

Luis de Guezala agrega que tras el fusilamiento de estas personas, el capellán que los había asistido, uno de los gudaris apresados, le preguntó si habían muerto ya, y la respuesta del sacerdote conmovido por lo que acababa de presenciar fue: "No han muerto. Catorce almas han subido al cielo donde han de vivir eternamente". El historiador de Sabino Arana Fundazioa valora que "muy distinta era la opinión de sus asesinos". El día 17 se ofició misa en el patio de El Dueso. En ese momento, el prisionero Saturnino Gantxegi rezó el rosario en voz alta. "Tuvo el valor de añadir una oración por los fusilados dos días antes. Fue castigado por esto con un mes de arresto incomunicado, justificado "por atribuir valores eternos a unos miserables rojos separatistas".

A juicio del archivero, con este modo de proceder "quedaba clara y resumidamente expresada, en un simple parte de castigo, una de las principales características de los franquistas, antes comentada: no reconocían condición humana a sus enemigos, ni en la tierra ni en el cielo".

ideario franquista "vigente" 

 Así Ochoa de Chinchetru en un escrito de 1982 recordaba a sus compañeros que murieron por su ideal a manos de los golpistas. En el documento evocaba que las ideas de aquellos franquistas siguen vigentes en algunas candidaturas "tanto en Euzkadi como en el Estado español" y que "hoy se presentan como grandes demócratas". Y el gudari del Kirikiño concluía con una pregunta. "Aquella mañana fueron sacados y vilmente ejecutados, o mejor diríamos asesinados, 14 prisioneros vascos y trece días después, el 28 de octubre, siguieron el mismo camino del matadero otros 42. ¿Dónde estaba la Convención de Ginebra que prohíbe maltratar y matar a los prisioneros de guerra?".

Fue el icono de la represión franquista contra los vascos tras los simulacros de juicios llamados consejos de guerra y que acababan en ejecución

Los franquistas no reconocían condición humana a sus enemigos, y menos atribuir "valores eternos a unos rojos separatistas miserables"