Urkullu decidirá la fecha electoral con los grupos y buscará no alargar la interinidad

El confinamiento como mínimo hasta el 9 de mayo llevaría la cita al mes atípico de julio. Acortar la campaña es una opción

21.04.2020 | 00:10
Toman la temperatura al lehendakari en un centro de trabajo de Lantegi Batuak.

Dentro de las cuestiones que quedaron en el tintero por la irrupción del coronavirus, se encuentra la celebración de las elecciones vascas, que tenían que haberse llevado a cabo el 5 de abril. Es la cuestión que más verde está en el debate sobre la vuelta a la normalidad. Fuentes consultadas por DEIA tanto en el Gobierno vasco como en varios partidos con representación parlamentaria no se atreven a hacer un vaticinio sobre la nueva fecha. Es complicado que se celebren antes de septiembre, pero no se descarta nada. El lehendakari quedó en convocar a los partidos, y atenderá los criterios sanitarios y los apuntes jurídicos que le haga la Junta Electoral para que la convocatoria tenga garantías. Se trataría de conjugar esos principios y la idea de no alargar más de lo necesario esta situación sin precedentes, con el Parlamento disuelto pero sin fecha electoral a la vista. En teoría, el límite legal es octubre.

En primer lugar, el lehendakari debe levantar la declaración de emergencia sanitaria para convocar la cita, y nada apunta a que lo haga antes del 9 de mayo. Hasta ese plazo va a durar como mínimo el estado de alarma del presidente Sánchez y, por lo tanto, hasta ese momento se mantendrán en vigor importantes restricciones para la aglomeración de personas o su salida a la calle, de manera que tampoco cabe esperar que se levante la emergencia vasca. Incluso en el supuesto de que ese mismo 9 de mayo Urkullu levantara la emergencia sanitaria y convocara unas elecciones, si se toma como referencia el plazo habitual de 54 días desde la firma del decreto hasta la celebración, los comicios tendrían que demorarse hasta julio, hasta el domingo día 5, aunque es difícil llegar a tiempo a esa jornada y todo parece muy ajustado.

Como regla no escrita, los gobernantes suelen evitar el verano para celebrar las elecciones porque los ciudadanos están de vacaciones. Sin embargo, ahora nadie sabe a ciencia cierta cuándo podrán disfrutarse las vacaciones ni en qué condiciones y, por ello, puede ser que, en esta ocasión, el mes de julio, o quizás también agosto en menor medida, sean a estos efectos igual que cualquier otro mes y no disuadan a la hora de celebrar la cita. Los socios que conforman el Gobierno, PNV y PSE, se han mostrado partidarios de celebrar cuanto antes las elecciones, y podría ser que llegaran a la conclusión de que, si los expertos sanitarios les dan una ventana para hacerlo en verano, sería difícil explicar por qué no se hace y se alarga hasta septiembre u octubre esta anomalía democrática de gobernar sin parlamento. El principal problema es la amplitud del plazo que existe, de 54 días entre la convocatoria y la celebración, que evidentemente no estaba pensado para una situación como la actual, donde es difícil tomar decisiones con tanta antelación en medio de una pandemia imprevisible y, además, se genera un problema de comunicación: si se quisieran celebrar en julio, habría que convocarlas en los próximos días, y podría ser que los ciudadanos no entendieran que se coloque la cita mientras se mantiene el confinamiento en casa.

campaña de una semana Con ese plazo, el lehendakari tendría que estar pensando ya en levantar la declaración de emergencia y convocar a los partidos. Es evidente que no está en ello. Desde su entorno descartan que vaya a realizar un anuncio en este sentido desde hoy hasta el 9 de mayo. El anuncio se va a retrasar, pero eso no implica que no haya elecciones antes de septiembre. La Junta Electoral vasca avisó de que se debe repetir todo el proceso de conformación de candidaturas y censo para que haya garantías, de manera que las personas que hayan cumplido la edad de votar en este ínterin puedan hacerlo, o se puedan presentar nuevos partidos, se rehagan las coaliciones o se replanteen candidatos. Por lo tanto, debe existir un plazo cómodo entre la convocatoria de elecciones y su celebración. Otro cantar es que deba ser de 54 días o que se pueda recortar, por ejemplo, por el flanco de la campaña. En ámbitos socialistas no se opondrían a una más corta, de siete días y no quince, porque además va a ser una campaña distinta, casi por videoconferencia, por las restricciones para promover mítines y aglomeraciones de personas. Ya existe un precedente de campaña exprés en la repetición de las generales de 2019. Acortar el plazo ayudaría a afinar la fecha y no fijarla con tanta antelación.

El PNV ha apostado en público por no alargar la situación más de lo necesario, y el PSE coincide. "Es deseable una situación normalizada. Estamos hablando de hacer modificaciones presupuestarias, dar prioridad a unos gastos por encima de otros, y es mejor que pueda plantearlo un gobierno que tenga por delante una legislatura para trabajar, que tenga recorrido. Sería deseable realizar las elecciones antes del verano, pero habrá que tener en cuenta las garantías sanitarias y democráticas. Cuanto más nos acerquemos a la fecha que teníamos prevista, mejor", explican. Desde el PP aseguran que están centrados en el virus y no tienen en agenda ninguna otra reflexión, tampoco sobre la duración de la campaña. Bildu ya ha dejado ver que no tiene prisa. Esta situación de interinidad le da la oportunidad para confrontar con Urkullu.

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