Historias vascas

Mi nombre en tus labios: Nikole Atxikallende, en la senda de Sabino Arana

Nikole Atxikallende y Sabino Arana se casaron en 1900. Tres años después falleció el fundador del nacionalismo vasco, cuyas ideas políticas mantuvo siempre su viuda

21.11.2020 | 01:05
Nikole y Sabin, la víspera de su boda, en Loiola.

Nuestra amuma, Desideria Ibinarriaga, Desi, y nuestra madre, Antonia Ormaetxea, Antoni Ezkerti, guardaban en casa sendos tesoros, escondidos al fondo del gran armario de la sala. Intuyo que los billetes del Gobierno vasco recogidos en un buen fajo eran de amuma; las toallas blancas de los gudaris del batallón Itxarkundia no andaban lejos; nuestra madre las cuidaba como oro en paño. Nunca se olvidaría de los jóvenes aquellos que de vuelta del frente descansaban en casa.

Como oro en paño guardó Nikolasa Atxikallende Iturri, Nikole, la manta que su primer esposo, Sabino Arana Goiri, tuvo en la cárcel de Larrinaga durante los meses que estuvo allí por segunda vez, también como en la primera preso político, en 1902. Tras la muerte de Nikole, su sobrina, Karmen Aizpuru Ugalde Mentxu, conservó la manta y más objetos, que a día de hoy se encuentran en el Museo del Nacionalismo Vasco, en Bilbao.

Volviendo al principio, en 1937 nuestra madre formó parte del grupo de mujeres que fueron llevadas al exilio por el temor a las violaciones de guerra que venían practicando las tropas de los sublevados. Ese mismo año detuvieron y encarcelaron a nuestra amuma. La llevaron a Santoña. Y también detuvieron a Nikole, que fue llevada a la cárcel de Larrinaga, aquella que no quiso visitar cuando su marido le escribía día a día cartas de amor. No eran las primeras.

CARTAS DE AMOR

El 10 de octubre de 1899, a escasos tres meses de contraer matrimonio, Sabino Arana Goiri escribió a Nikole Atxikallende Iturri una carta que empezaba con un Nikole amada y terminaba así: No me llames Sabino, sino Sabin. Mi nombre en euskera tiene en tus labios una dulzura especial. El tuyo escribe siempre con k. Tuyo siempre Sabin.

Desde finales del verano y hasta principios de diciembre de aquel 1899 Nikole estuvo interna en un colegio de Bilbao. Sabin le escribía cada día. Las primeras cartas las escribió en un euskera coloquial. En realidad Nikole apenas sabía castellano, y ese fue precisamente uno de los motivos por los que Sabin le propuso que fuera al internado para señoritas. Ella tenía 25 años, diez o quince más que las otras internas. Por cierto, no tenía contacto alguno con ellas. Ni en el comedor ni en la capilla, tampoco en el patio. Padeció de los nervios, según la correspondencia que mantuvo con su Sabin.

La boda de Nikole y Sabin tuvo lugar el 2 de febrero de 1900, casi de manera clandestina, sin apenas invitados y a primera hora de la mañana en la ermita de San Antonio, al lado de la casa natal de ella. De hecho, la ermita la había construido su padre, José María Atxikallende, con el consejo del propio Sabino Arana Goiri. Allí se casaría en 1968 Carmen Aizpuru Ugalde Mentxu, la persona que cuidó de Nikole hasta su muerte. Como es sabido, el propio Sabino Arana Goiri había muerto mucho antes. El 25 de noviembre de 1903, en la casa Arrospe, en el alto de Sukarrieta. Dejó a Nikole como única heredera de sus bienes. Testó poco antes de su muerte y personalmente entiendo la decisión del marido como una prueba de amor. Hay que leer las cartas que Sabino Arana Goiri escribió a lo largo de aquel 1903 a diferentes personas, entre ellas varios médicos, para entender el grado de sufrimiento que le producía la enfermedad. Y en ese sufrimiento, siguiendo el juramento de boda –"en el dolor y en la enfermedad" Nikole estuvo a su lado, sufriendo también, tal y como él mismo dejó escrito en sus últimas cartas. Tras la muerte de su esposo, Nikole guardó el luto. Hasta que en mayo de 1910 se volvió a casar. Esta vez en Begoña. Con un capitán de la marina mercante llamado Eugenio Alegría Bilbao.

Ermita de San Antonio de Abinaga, donde se casaron Nikole y Sabin.

 

EUGENIO ALEGRÍA BILBAO

Eugenio Alegría había nacido en Sukarrieta, en el número 10 de la calle de la Cadena, actual número 19 de la calle Sabino Arana. A escasos cuarenta metros de la casa en la que Nikole y Sabin vivieron desde mayo de 1900 a noviembre de 1903. Así que Eugenio debía conocer a Nikole, a la fuerza, aunque no fuera más que de vista entre alguno de aquellos viajes que le mantenían fuera de casa durante largas temporadas. De hecho, tres días después de casarse, Eugenio, ante notario, dio poderes a Nikolasa, ¿Nikole también para él?, para llevar todos los asuntos del matrimonio, incluidos los económicos.

Se ha escrito que con aquel matrimonio Nikole trató de poner una barrera con la familia de su Sabin. Citando fuentes orales, Joseba Agirreazkuenaga –que ha recogido y publicado las cartas de Sabino Arana Goiri, entre ellas la 81 dirigidas a Nikole–, escribió que tras aquel matrimonio yacería el deseo por parte de ella de tener hijos. Con Sabin no tuvo suerte. Tampoco la tendría con Eugenio. Con el primer esposo tuvo al menos dos abortos, tal y como nos certificó Mentxu a Joseba y a mí mismo. Eso está también en las cartas, como está el enorme deseo de Sabin por tener descendencia. Pero lo dicho, con Eugenio tampoco pudo ser. El hombre murió en octubre de 1918, en San Esteban de Pravia, víctima de la grippe, tal y como aparece escrito en su acta de defunción. Ahí también figura que recibió sepultura en Muros de Nalón, que incluye a Pravia. En el acta de defunción de la propia Nikole figura como viuda en segundas nupcias de Eugenio Alegría Bilbao, natural de Pedernales y difunto; y viuda en primeras nupcias de Sabino Arana Goiri, natural de Abando-Bilbao; y de cuyos ambos matrimonios no tuvo descendencia.

ABINA Y ETXEATZEKONA

Sorprende quizás que, a pesar de ese segundo matrimonio, Nikole siguiera conservando parte del mobiliario de su esposo anterior, así como otros objetos, incluidos la manta ya citada, quizás en el fondo de un armario para su intimidad. Como nuestra madre las toallas de aquellos gudaris de Itxarkundia. ¿Se lo contaría a nuestro padre, exmiliciano anarquista y trabajador forzado preso de guerra cuando se conocieron? La memoria personal es un territorio infranqueable, qué vamos a decir en el caso de esas mujeres que amaron tanto.

Vista de Etxeatzekona y su entorno, hacia la mitad del siglo pasado.

Tras la muerte de Eugenio, Nikole construyó una casa junto al caserío natal de Abina. Le puso el nombre de Etxeatzekona, que desde el euskara no deja duda alguna sobre dónde estaba construida. Tenía cristaleras de colores rojo, verde y blanco, y sus balconadas de entramado de madera reproducían las cruces de la ikurriña, tal y como dejó escrito Miguel Ángel Caballero, cronista de Busturia, quien mostraba su extrañeza al ver que en el franquismo más duro aquellos cristales y aquel símbolo siguieran allí. Es más, cotejando las fotografías existentes de la casa –derribada como el propio caserío original en los años 60 del siglo pasado–, parece que fue construida siguiendo los bocetos que el propio Sabin dibujó en Larrinaga en 1902. Las edificaciones estaban en lo que hoy en día es la Colonia Infantil Nuestra Señora de Begoña, construida en parte sobre terrenos que pertenecieron al propio Sabino Arana Goiri. Al igual que las casas, también ha desaparecido, talado por los propietarios de ese entorno de la colonia, el eucalipto que el propio Sabino Arana Goiri plantó de su mano, como escribió Ceferino Jemein, el día de su boda. Eso fue hace apenas cuatro o cinco años.

La historia de la casa nos lleva al principio de esta narración. En 1937 las tropas sublevadas tomaron la colonia e instalaron en ella un hospital militar. Por el testimonio de Mentxu –su hermano, Antonio María, había sido hecho prisionero en el Galdames, en la batalla del cabo Matxitxako– sabemos que también ocuparon Abina, como territorio, incluidas las casas. Y un día de verano vinieron a por ella y otras seis personas más de Sukarrieta. La encerraron en la cárcel de Larrinaga, la juzgaron junto a las otras seis personas y la declararon absuelta del supuesto delito de propaganda nacionalista. Tenía 62 años. En la ficha que le hicieron los fascistas pusieron 72. No he visto la ficha de nuestra amuma Desi.

Nikole volvió de la cárcel en muy mal estado de salud. Así lo recordaba Mentxu (hemos adaptado los tiempos verbales originales) en el documental Sabino Arana ¿Dios o lo loco?:

"(€) Le mandaron a casa (a Nikole), por beber agua sucia en Larrínaga, con fiebres tifoideas. Y claro, en la casa nueva, en la de piedra (se refiere a la actualmente existente a apenas unos metros de Abina), allí porque la suya estaba ocupada (€) tenía que estar en casa ahí, en el pasillo, le poníamos una silla, se sentaba ahí, porque la tía (Nikole) se levantaba de la cama y se caía. Y yo tenía que ir a trabajar. Porque teníamos una vaca y teníamos esto, la labranza allí y yo: ¡Ama, ama€! Ama venía y yo, por los pies y ama, la levantábamos de la cama".
 

EL AUTOR

EDORTA JIMÉNEZ ORMAETXEA

 

 

(1953). Autor de más de treinta libros en euskara, entre novela, poesía, biografía y ensayo. Algunos de ellos han sido traducidos al alemán, al castellano y al italiano. Actualmente, prepara la edición de una obra sobre la vida de Nikolasa Atxikallende Iturri, viuda de Sabino Arana Goiri.

Lo que Nikole veía desde la casa de piedra era una pesadilla que duró dos años. Entre 1937 y 1938 hubo allí delante, como decimos, un hospital de sangre de los sublevados, convertido, a partir de ese año y hasta 1939, en Hospital Militar de Prisioneros de Guerra, según el nombre oficial. Sabemos que tenía 320 camas. Entre junio de 1937 y mayo de 1939 murieron allí más de 64 hombres, lo que nos da una media de uno cada once días, si bien la mayoría, unos cuarenta, fallecieron durante los tres primeros meses.

MI NOMBRE EN TUS LABIOS

Nikole murió el 19 de marzo de 1951. Antes había hecho testamento a favor de los sobrinos-nietos Carmen y Antonio María Aizpuru Ugalde.

Algunas mujeres que sobrepasan ya los 90 años la recuerdan paseando su luto. Significativamente le llamaban Sabinesie. Y no les faltaba razón. Nikole se mantuvo siempre en la senda de las ideas políticas de Sabino Arana Goiri. Como nuestra propia madre, ya fallecida, que tuvo la suerte de volver a ver a algunos de los gudaris de Itxarkundia, en Mundaka, tras la larga noche de piedra del franquismo.

No sabemos cuáles fueron las últimas palabras de Nikole antes de cerrar los labios para siempre. Quienes quizás las escucharon han muerto también.

Ella yace en un tumba sin lápida en el cementerio de Sukarrieta, muy cerca de los restos de Sabin, esperando que su amoroso nombre, Nikole, recupere la dignidad y el respeto que merece.