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Polémicas (y demagogias) vacuniles

10.06.2021 | 01:04
Diego Llorente, segundo positivo de la selección española.

Vacunas futboleras Con la tranquilidad que me da estar ya vacunado con la pauta completa –¡gracias, Janssen!–, asisto entre perplejo y escamado a las diferentes polémicas que tienen como origen a la inmunización. Pasada la gresca de la segunda dosis de AstraZeneca, hay quien se enzarza sobre si pinchar a los futbolistas de la selección española que van a jugar la Eurocopa es lo más normal del mundo o un inadmisible agravio comparativo hacia los colectivos que, pese a ser mucho más esenciales que los peloteros, todavía están a la cola. Entiendo que hay más de lo segundo que de lo primero, pero a la vista del goteo de positivos entre los llamados por Luis Enrique, lo que si está claro es que la decisión, además de ser una chapuza, llega muy tarde. En el mejor de los casos, los jugadores que se libren ahora del bicho y reciban su dosis estarán inmunizados dentro de dos semanas. O sea, que podría darse el caso de que para entonces España ya estuviera eliminada. Perdonen que me ría.

¿vacaciones o inmunización? Me parece de mucha más sustancia es la disyuntiva sobre qué hacer con quienes han rechazado su turno porque les coincide con las vacaciones. De entrada, es un problema del primer mundo de manual y también un retrato de parte de nuestra sociedad. Comprendiendo la faena que es perder unos días de asueto, creo que en la balanza no es comparable con negarse a recibir el suero que puede salvarnos la vida. Este año no vamos a hacer casi nada tan importante como vacunarnos. Y sí, se me dirá que la solución perfecta es la que parece que va a adoptar el ministerio de Sanidad, es decir, vacunación a la carta en la comunidad de destino vacacional. El precio y el esfuerzo organizativo, ya tal. Que viva la opulencia.

¿y los gobernantes? Puesto que me he metido en los jardines anteriores, remato con una incursión directamente en el barro. Al igual que Fernando Simón –no siempre le voy a poner a caldo–, sigo sin comprender que las principales autoridades del Estado y de las Comunidades no figurasen entre los primeros colectivos que fueron llamados a vacunarse. No estoy hablando de una barra libre para políticos, sino de la salvaguarda de unos cargos muy concretos de cada administración. Con luz, taquígrafos, consenso político y en nombre del sentido práctico más elemental. Efectivamente, nada compatible con la demagogia de trazo grueso en la que tan cómodos nos bandeamos. En la mayoría de los países de nuestro entorno se ha hecho con absoluta naturalidad.

 
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