Ganadora de un Goya

Benedicta Sánchez, la octogenaria que siempre va por libre

Cuenta que fue engendrada en alta mar. Por eso quizá es un ser libre, una mujer sencilla, amiga de la comunicación y de la palabra

14.03.2020 | 13:24
Benedicta, en su Galicia natal, una tierra con la que se ha reconciliado y a la que adora

BENEDICTA Sánchez (O Corgo, Lugo, 1935), la ganadora del Goya a mejor actriz revelación por O que arde, tiene una vida de la que se desprenden multitud de enseñanzas. Criada en una pequeña aldea, cuenta que siempre trató de hacer lo que le apetecía, a pesar de las críticas y el desprecio de la sociedad de su tiempo. No en vano, mientras otras niñas de su edad se entretenían en coser o bordar, Benedicta disfrutaba corriendo, saltando, subiéndose a los árboles o montando en bicicleta. "Hay niñas a las que le dan una muñeca y se identificaban, como si fuera su bebé. A mí eso no me pasaba. Nunca tuve instinto maternal. A mí me chiflaban los animales", cuenta la gallega, que, sin embargo, tenía una profunda contradicción consigo misma, ya que de pequeña era "más carnívora que un perro". "Lloraba por el conejo pero luego me lo comía yo sola", reconoce, hasta que "un buen día", con 17 años, se convenció de que no había necesidad de matar animales. "Me hice vegetariana porque para mí era una carga tremenda", asegura. Desde entonces ha mantenido esa dieta, aunque asegura que lo peor no es "comer carne sino los químicos porque ya no hay nada natural y todo está procesado". "La industria es así. Si de un tomate podemos hacer 50, mejor. La gente cree que teniendo dinero lo tiene todo y eso es una gran mentira".

Se considera una admiradora de Emilia Pardo Bazán o Concepción Arenal. "No tengo ningún problema con la mujer que borda, plancha o limpia. Ahora bien, esa es más fácil de pisotear. Lo importante es escoger", explica. Y ella lo ha aplicado a lo largo de su vida. Con 17 años se casó y emigró a Brasil. Trabajó de casi todo. Desde criada, regente de un bar o librera, hasta fotógrafa. En Río de Janeiro, se separó. "Uno se apasiona por una persona pero luego las cosas no coinciden. Una cosa son las promesas y otra la realidad", cuenta. En una época en la que no había divorcio, sino "separación de cuerpos", tuvo que ingeniárselas para conseguir un pasaporte y poder regresar. "Me parece una aberración el hombre que va con exigencias y la sociedad que lo ampara. Que solo busca una mujer para tener hijos. ¿Eso qué es?", explica Benedicta, que cree que el mundo siempre consideró a la mujer como "el sexo débil al que hay que domesticar".