Marta Robles: “La novela negra es un buen vehículo de denuncia social”

13.02.2020 | 10:57
Marta Robles, escritora y periodista.

No está a favor de la legalización de la prostitución, y eso se nota en su narración, una historia dura en la que todo es ficción. La trama se inicia cuando el detective Tony Roures, cínico y sentimental, recibe de madrugada la visita de un viejo amigo, Alberto Llorens, un fotógrafo al que creía felizmente casado con una rica empresaria de Castellón. La triste realidad, según le cuenta, es que tiene problemas conyugales y que se ha convertido en un asiduo del club de alterne más famoso de todo el Levante español. Allí conoció a Blessing, una joven nigeriana atada a una organización de trata por la deuda del viaje y un ritual de vudú. Tras ser chapuceramente operada de un cáncer de mama, se convierte en mercancía estropeada y es asesinada. Es entonces cuando Llorens recibe amenazas y, asustado, busca a Roures, quien comienza una peligrosa investigación que revelará una trama criminal de trata de mujeres de inusitada crueldad.

¿Cómo surge La chica a la que no supiste amar, una historia tan dura?

Hace diez años ya pensé en escribir una novela sobre la trata de mujeres. Ahora tenéis esa novela delante y, como dices, es dura, muy dura.

¿Por qué escogió este género y no el ensayo?

Porque creo que desde la ficción es desde donde puedes conmover más a las personas con personajes que, aunque no son reales, sí lo pueden parecer. Como escritora, tú puedes añadir muchas circunstancias que les hacen casi reales. Puedes añadirles esos sentimientos que muestran lo que sienten, lo que pasa por sus cabezas, o cómo viven sus circunstancias. Esto es algo que no suele salir en los documentales.

¿Por qué ha dejado pasar una década antes de lanzarse a escribir sobre un tema como este?

Estaba siguiendo el trabajo de mi amiga Mabel Lozano, que está muy involucrada en estos temas y que me puso en contacto con Rocío Mora, la persona que lidera la fundación Apramp, asociación que ayuda a las víctimas de la trata de mujeres. Hablé con una que había sido víctima y empecé a pergeñar la novela. Mabel me convenció de que la gente desconocía muchas cosas de la trata y de que era necesario hacer reportajes, documentales, cosas reales.

Pero aparcó la novela. ¿Por qué ahora?

Creo que sabemos muchas más cosas, que hemos visto, oído y leído mucho sobre el tema, y quizá la sociedad está más madura para leer en formato de ficción una historia que puede ser real. Además, diez años más tarde fui yo quien convenció a Mabel para que escribiera un libro real sobre un proxeneta arrepentido. A través de los testimonios de este hombre tuve también la oportunidad de conocer una realidad tremenda. Fue cuando pensé que tenía que escribir la novela, porque podía añadir un plus a todos los testimonios reales.

¿Se basó en una mujer en concreto?

No. Mi protagonista es un personaje que acumula los rasgos de muchas mujeres que son víctimas de la trata. Quería que el lector, a través de un personaje, pudiera conocer a fondo cómo es la vida en un mundo donde las circunstancias para cualquier mujer sometida a él son de una dureza máxima.

¿Cree que se reconocerá alguien en este libro?

Es una historia de ficción de principio a fin y no hay nada de realidad, salvo los datos en los que se apuntalan todas las novelas, sean actuales o del siglo XVI, para que resulten verosímiles, que no reales. No podemos reconocer a nadie; lo que podemos ver en ficción son las caras de muchas personas con las que a lo mejor nos tomamos café.

¿Consumidores de prostitución?

Exacto. O también gentes que son cómplices de los proxenetas y que están en muchos lugares comunes: en los bancos, entre la policía, entre los médicos, entre los periodistas? Desgraciadamente, malos hay en todas partes. Hay demasiada gente sin conciencia en nuestra sociedad.

¿Cree que recibimos con indiferencia desde la sociedad las noticias que nos llegan sobre trata de personas?

El problema es que estamos tan acostumbrados a recibir noticias de todo tipo sobre trata de mujeres y de otras cosas que nuestro disco duro se llena y no prestamos atención. En el caso de todo ese submundo que es la prostitución y la trata, es tremendo que miremos hacia otro lado. Todos en esta sociedad sabemos dónde hay mujeres que están ejerciendo la prostitución y dónde hay clubes de alterne. Todos sabemos dónde están esas lucecitas de colores que esconden tragedias, y sin embargo, nos ponemos las orejeras de burro y seguimos mirando hacia otro lado.

¿Es una sociedad insensible?

Una sociedad indiferente a lo que ocurre a escasos metros de sus vidas. Eso, sin contar a las personas que van a esos clubes de alterne, los puteros, que son los artífices de que existan la prostitución y la trata.

Siempre hay un tema que levanta mucha polémica y enfrenta a colectivos: ¿una prostitución legalizada?

Yo soy abolicionista cien por cien. Entre otras cosas, el ejemplo que tenemos en Europa nos hace ver que la legalización no ha dado buenos resultados, sino todo lo contrario: se ha aumentado el consumo de prostitución en países como Holanda, y las condiciones de las mujeres no han mejorado en absoluto. En países como Suecia se ha abolido la prostitución y a partir de ese momento la situación es diferente.

Pero se sigue consumiendo prostitución en Suecia y en otros lugares donde se ha ilegalizado...

No se ha erradicado, eso es cierto. Es una práctica demasiado unida a las bajas pasiones del ser humano y es complicada de erradicar, pero sí que han mejorado las condiciones de las mujeres y se lo han puesto más difícil a los proxenetas, y esto es muy importante. Ellos son todos favorables a la legalización, y si lo son, por algo será, ¿no? Saben que si se legaliza todo será más fácil para su negocio y le podrán sacar muchos más beneficios.

¿La chica a la que no supiste amar es su libro más reivindicativo?

Los otros dos libros anteriores, A menos de cinco centímetros y La mala suerte, tenían muchísima denuncia. Creo que la novela negra es buen vehículo de denuncia social, es un género que tiene un tipo de estructura y vocabulario que hace que el lector se enganche. Tiene una narrativa muy absorbente y, además, es entretenida. El género no responde a textos que resulten engorrosos de leer. Que quepa denuncia social me parece especialmente interesante. 

¿Puede ser un retrato de la sociedad?

Sí, y más en la novela negra de nuestros días. El género policiaco empezó siendo una novela de divertimento, el juego era descubrir al asesino. Pero aun así, aquella novela de los bajos fondos de Chicago o de otros lugares también destapaba lo que eran la corrupción y las malas artes. Más allá de todo eso, en nuestros días, en el siglo XXI, la novela negra ha dejado de ser historias de buenos y malos. Se refleja una sociedad en la que hay buenos, regulares y malos. Se refleja una sociedad en la que entre el blanco y el negro hay infinitas tonalidades.

¿En qué estado anda ahora su faceta de periodista?

Siempre seguiré siendo periodista. Antes tenía mucha más presencia en radio y televisión, pero siempre he compatibilizado el ser periodista con ser escritora. Mi primer libro lo publiqué en el año 1991, y tengo ya dieciséis libros escritos. Durante este tiempo también he trabajado en medios de comunicación. 

Pero siempre ha dicho que su vocación primera es la de escritora.

Pero también he dicho siempre que desde el primer momento en el que me metí en la carrera de Periodismo esta profesión se me metió en las venas y nunca va a salir. Nunca dejaré de ser periodista, aunque no lo ejerza, y nunca dejaré de tener esa voluntad de querer que la profesión sea mejor.

Las opiniones sobre el presente y futuro del periodismo están siendo muy apocalípticas. ¿Cree que de verdad corren tiempos tan agónicos para la profesión?

Estamos en un proceso de adaptación y pienso que se conseguirá que las aguas amainen. Hay una frase de Iñaki Gabilondo que define muy bien la situación: "En las redes, con la información pasa lo mismo que con el agua en las inundaciones: hay mucha, pero poca es potable". Ese es uno de los grandes problemas que hay, y sucede, entre otras cosas, porque parece que los usuarios no valoran lo suficiente el trabajo de los periodistas como para entender que hay que pagarles, y mientras pretendamos que todo sea gratis, el papel va ir disminuyendo progresivamente. De hecho, pienso que se reducirá al fin de semana.

Y tampoco parece que los empresarios de las empresas de comunicación estén dispuestos a invertir en calidad periodística, ¿no?

Al final, todo es la misma cuestión. Tiene que haber demanda para que haya oferta, y los empresarios no pueden invertir en papel si no va a haber quien lo compre. Por eso digo que la tendencia puede ir por una reducción al fin de semana, que pueda tener mayor calidad pero con menos días de salida? Hay que ir evolucionando, estamos en un terreno que aún es muy resbaladizo y que complica mucho la situación.

¿Optimista?

Sí. Creo que todo alcanzará una dimensión que se ajuste a lo que necesitamos y volveremos a apreciar la buena información. 

PERSONAL

Edad: 56 años (30 de junio de 1963).

Lugar de nacimiento: Madrid.

Familia: Está casada con Ramón Langa y tienen tres hijos varones.

Formación: Estudio Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid.

Trayectoria: Lleva treinta años ejerciendo su profesión en todo tipo de medios. Comenzó su carrera profesional en la revista Tiempo, y desde entonces nunca ha dejado de colaborar en distintas publicaciones como Panorama, Man, Woman, Elle, Carácter, Wapa, XL Semanal, Magazine, Grazia, La Gaceta de Salamanca o La Razón. En televisión ha trabajado en Canal 10, TVE, Tele 5, Antena 3, Canal 7, Telemadrid, Canal Sur y Dkiss, en todo tipo de formatos informativos y culturales, casi siempre dirigidos y presentados por ella misma. En radio ha dirigido y presentado programas en Radio Intercontinental, Cadena Ser, Onda Cero y Efe Radio, y ha colaborado en Punto Radio y Es Radio. Ahora es tertuliana en Espejo público en Antena 3.

Libros: La dama del PSOE (1991), Los elegidos de la fortuna (1999), Las once caras de María Lisboa (2001), Parque oceanográfico universal de Valencia (2003), Diario de una cuarentona embarazada (2008), Don Juan (2008), Madrid me Marta (2010), Luisa y los espejos, premio Fernando Lara de novela (2013), Usted primero (2015), Haz lo que temas (2016); A menos de cinco centímetros (2017), La mala suerte (2018), y ahora La chica a la que no supiste amar (2020), sobre la prostitución y la explotación de mujeres.