histórico olvidado

Palabras desde la torre

09.02.2020 | 01:37
Palabras desde la torre

DESDE octubre de 2012, sobre el suelo de la plaza Pedro Eguillor de Bilbao figura una placa que reza: "A Elías Amézaga (1921-2008), escritor, polígrafo y gran bilbaino". Tiene su porqué, claro. No en vano es uno de los autores más prolíficos del País Vasco, cultivador de todos (o casi...) los géneros literarios. Nació en Bilbao el 9 de agosto de 1921, como hijo único de una familia acomodada (el padre fue alcalde de Balmaseda durante la dictadura de Primo de Rivera...) y estudió Bachillerato en la capital vizcaina. Estudió la carrera de profesor mercantil y se decantó por Derecho, que cursó en la Universidad de Deusto hasta que decidió, sin embargo, pasarse a la Universidad de Oviedo, empresa para la que le acompañó su amigo Ildefonso de Arrola, dedicándose por entero a las letras, y en especial al estudio de la literatura vasca. Como dramaturgo, estrenó multitud de obras de teatro en España y en numerosos países de América.

Biengastó gran parte de su vida en Santa María de Getxo (Getxoko Andra Mari), en la casa-torre con vistas al mar, donde se consagró a su gran pasión: la escritura. Pluma prolífica, publicó más de sesenta libros, muchos autoeditados; y cultivó la escenografía, la narrativa, la crítica, el ensayo, el artículo de prensa y opinión, el epistolario, la historia, el happening, la novela, la fábula, la poesía, la biografía y el periodismo. Fue el primer escritor que redactó sus Memorias en forma de diálogo, "que da al género la novedad de la entrevista" (Memorias, 18). Articulista infatigable, colaboró en varios periódicos y revistas literarias, donde escribió más de mil artículos, algunos de los cuales incluyó en su libro Amada prensa, 1996.

Potente autor teatral, sus obras se han estrenado en España y América. En el Arriaga estrenó La emperatriz Rosalinda, pero a partir de la década de los 70 se dedicó a la gran obra de su vida. El rescate del olvido de las plumas vascas, reuniéndolas en diez tomos bajo el título de Autores Vascos. Censó más de 12.000 hombres y mujeres, la mayoría con su biografía, relación de escritos y referencias a su obra y persona. Invirtió más de treinta años para gestar y materializar este diccionario bibliográfico donde quedan registradas gentes que viven y vivieron en el País Vasco, tarea que le llevó a peregrinar por bibliotecas archivos y hemerotecas en una época ausente de equipos informáticos e Internet. Aquel laborioso trabajo de hormiga le dio fama y renombre. Le dio vida.