Rincones perdidos en la memoria

El Gran Hotel Domine y el Guggenheim, dos que se besan en la distancia

El barco en el que navegó, de Guinea a Bilbao, Antón Iráculis en 1935 se llamaba 'Domine'. Sesenta y cinco años después su hijo llamó así a un hotel que coquetea con el Guggenheim, tiene un ciprés fósil y no olvidala sonrisa de Sofía Loren

09.05.2021 | 01:25
El Domine Bilbao fue el primer cinco estrellas de Silken, situado frente al Guggenheim, privilegio que se manifiesta en la impactante fachada de espejos que refleja el edificio de Gehry.

AQUELLA fue una noche mágica, la constatación de que sí era posible convertir la calabaza en fastuoso carruaje, la confirmación de que Bilbao era una ciudad bandera y cosmopolita tras el despliegue, sobre los mapas del glamour, del museo Guggenheim que llevó a medio mundo a fijar su mirada en la villa. Fue una noche tricolor (negro, rojo y blanco, para más señas...) que forzó al mundo a voltear el cuello al paso de una ciudad. Si no silbaron como los albañiles de andamio fue porque el gesto no queda elegante. Y fue justo esa, la elegancia, la marca de agua de un Bilbao que crecía y crecía.

A la mañana siguiente Sofía Loren amanecía en Bilbao tras haber cautivado, la noche anterior, todas las miradas de los asistentes a la gala que la cadena hotelera Silken organizó en la capital vizcaina. En un trepidante y hermoso italiano napolitano, la musa alabó las bondades de una ciudad y un pueblo que acababa de conocer unas horas antes. "Soy feliz por estar aquí", dijo la diosa del celuloide transalpino que conservaba la belleza que la hiciera célebre con películas como Matrimonio a la italiana o Dos mujeres, con la que ganó el Oscar en 1961. Era la madrina de la inauguración del Gran Hotel Domine, proyecto de interiores integral del polifacético Javier Mariscal situado, como bien saben, cara con cara con el Museo Guggenheim. La espectacular gala, que se celebró en el Palacio Euskalduna por motivos de aforo, congregó a unos 2.000 asistentes ávidos por dejarse deslumbrar por una mujer que parece haber encontrado el elixir de la eterna juventud. Enfundada en un traje negro de vertiginoso escote afirmaba, consciente de las miradas, que todo se lo debía "a los genes maternos". No fue, sin embargo, la única musa. Esa misma noche desplegó su imán la glamurosa Diana Ross que, vestida de rojo pasión, cantó a viva voz un rejuvenecedor repertorio revival de sus mejores éxitos, antes y después de las Supremes. Baby Love, Stop! In the Name of Love o I will survive brotaron de la voz de esta norteamericana, en un acto que inauguró la soprano Ainhoa Arteta, que, ensabanada en blanco, se lanzó a realizar un versión lírica de Summertime. Guió la caravana de la alegría Carlos Sobera. Parafraseando al documental que narró el despegue de los legendarios Beatles, bien pudiera usarse la expresión a la que dio fama: ¡Qué noche la de aquel día! Una noche de 2002, ¿recuerdan...? Buena parte de Bilbao aún lo hace.

Al abrir su puertas aquel año pudo comprobarse. El Gran Hotel Domine Bilbao fue considerado el primer hotel cien por cien de autor de España. No en vano, el diseñador Javier Mariscal plasmó en él un concepto de hotel global donde todos los detalles, desde la fachada hasta la vajilla, responden a una misma filosofía. Era una obra de arte del diseño cuya contemplación diaria quizás haya rebajado el asombro que causó en aquellos tiempos. Permítanme que se lo recuerde, deteniéndome un momento en sus orígenes.

En 1935 se procedió a la botadura de un barco llamado Domine, construido en Sestao. Antón Iráculis, padre del que fuese propietario de la cadena Silken, viajó en él desde Guinea hasta Bilbao. El buque atracó frente al emplazamiento donde hoy se sitúan el museo y el hotel. Fuera o no una visión del patriarca, su hijo quiso rememorar el momento y llamó Domine al hotel creado con vocación de palacio del siglo XXI.

Fue el primer cinco estrellas de Hoteles Silken, situado frente al Museo Guggenheim de Bilbao, un privilegio que se manifiesta en la impactante fachada de espejos que refleja el edificio de Frank Gehry como si fuese obra de un prestidigitador. O como si ambos edificios se besasen en la distancia. Para relacionar intelectualmente el hotel con el museo, el proyecto plantea una seria reflexión sobre las vanguardias artísticas del siglo XX incluso en su interior.

Sorprendía desde la entrada, donde un sofá rojo en forma de gran ocho invita al visitante a sentarse en él, para luego perder su vista en la gran escultura de estructura metálica, 26 metros de altura, 90 toneladas de peso, conteniendo en su interior 86.432 piedras procedentes de un río italiano que llena el hall. El Ciprés Fósil, como la bautizó el propio Mariscal, es una gran creación de cantos rodados encerrados en una malla metálica. A su lado, una cascada desciende entre el menaje de una vajilla. Y así hasta el último detalle del hotel, que se llena con dibujos, muebles y espacios de diferentes y chillones colores.

El concepto de diseño integral que se ha aplicado contempla el proyecto de arquitectura, el interiorismo de las habitaciones, el bar, la cafetería y el restaurante; las piezas de mobiliario propias, numerosos objetos, la selección de las piezas emblemáticas, la identidad, la imagen y comunicación, la web, los uniformes y las piezas de arte que enriquecen sus interiores hicieron de este lugar en un espacio singular.

Su autoría, allá por 2002, correspondió al Estudio de arquitectura Iñaki Aurrekoetxea & bazkideak IA+B y su diseño interior, como les dije, a Javier Mariscal y Fernando Salas. Sin embargo, el hotel sufrió una renovación para transformarse en un hotel moderno con un diseño más relajado. Su reforma integral fue realizada en el año 2017 por el estudio Foraster Arquitectos adaptando el establecimiento hotelero a los nuevos tiempos manteniendo las señas de identidad que Mariscal y Salas le dieron en su construcción quince años atrás.

El hotel cuenta con 145 habitaciones, de las cuales 10 son lujosas suites. Ninguna defrauda y encontrar sábanas de algodón egipcio –el mejor–, mantas de cashmere, bañeras diseñadas por Philippe Starck, equipos de música de Bang & Olufsen y otras muchas comodidades en espacios cuya superficie oscila entre los treinta y los sesenta y cinco metros cuadrados. El hotel también posee dos restaurantes (Beltz y Le Café), el Sixty-One Lobby Bar, terraza en la azotea del hotel con vistas del Guggenheim, un amplio y versátil espacio para reuniones (con una capacidad máxima de quinientos asistentes) y un área wellness con sauna, baño turco y un amplio gimnasio con vistas. Son reclamaciones del lujo de los nuevos tiempos.

Puede decirse que el hotel está ubicado en un emblemático Art District, rodeado de los museos Guggenheim y Bellas Artes, la Torre Iberdrola y el Palacio Euskalduna.

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