Rincones perdidos en la memoria

Un edificio con tintes de locura

10.01.2021 | 01:03
Una de las cientos de miradas posibles sobre el edificio Artklass de la Plaza Euskadi.

El edificio Artklass, con sus tropecientas fachadas, es un derroche de miradores, ventanales, arcos ojivales y esculturas que trata de homenajear al viejo Ensanche de Bilbao con aires de modernidad y envuelto en polémicas

DE esta vida loca, loca, loca/ con su loca realidad/ que se ha vuelto loca, loca, loca/ por buscar otro lugar" canta Pantxo Céspedes, como si su creatividad partiese en pos de un himno para ese nuevo estilo de vida que nace de la exploración y rastreo, del afán por ganar nuevos espacios, nuevos estilos de vida. Sirva esta melodía como banda sonora de la historia que vengo a contarles, de la aparición de un nuevo edificio que brota de las profundidades de un Bilbao que se presenta al siglo XXI como una nueva tierra por conquistar. Casi nada.

El edificio fue bautizado comercialmente como Artklass y desde su nacimiento fue admirado por la población como un espacio singular desde su primer día de vida. No se había visto nada igual hasta entonces. Ocupa una manzana completa de uso residencial en la Plaza Euskadi, uno de los nuevos y poderosos corazones de la villa, y se encuentra en la frontera entre el nuevo espacio urbano generado junto a la ría y el tejido urbano ya existente, un enclave donde destaca la confluencia de varios elementos singulares.

Recordemos que el proyecto constituye un reconocimiento al viejo Ensanche de Bilbao en un lugar tan arraigado como el parque de Doña Casilda Iturrizar. Y que la obra, concluida en 2011, es el resultado de la colaboración entre los estudios de los arquitectos Robert Krier y Marc Breitman, responsables de la definición de las fachadas, junto al estudio local de Iñaki Aurrekoetxea (IA+B), responsable de la configuración de los espacios interiores. Visto en su conjunto, el edificio es rompedor aunque no faltan las voces que hablan de un homenaje al Bilbao más clásico.

El inmueble consta de 45.000 m?2;, 190 viviendas y ocho alturas, ocupando una manzana con seis orientaciones diferentes, fundamentalmente a la plaza Euskadi, al parque Casilda Iturrizar y a la calle Lehendakari Leizaola en su conexión con el puente de Deusto y el Centro Comercial Zubiarte. Digamos que se ubica en el cogollo de una metafórica rosa de los vientos de la ciudad, uno de los ejes centrales de este Bilbao que crece mirando a la ría.

Es tentador detenerse en su contemplación. No en vano, aunque pueda resultar paradójico, el edificio de Krier y Brietman resulta muy rompedor por lo clásico. El inmueble, una gran manzana de ocho alturas y 45.000 metros cuadrados de superficie, es un derroche de miradores, ventanales, arcos ojivales, cúpulas, arquitrabe, impostas y esculturas. Lo más llamativo del proyecto son precisamente las numerosas fachadas que envuelven el conjunto arquitectónico, muy diferentes a las del resto de edificios proyectados hasta el momento en el entorno de Abandoibarra, edificios también singulares y con voz propia como Torre Iberdrola o el Museo Guggenheim, entre otros.

Quienes se han detenido a curiosear a sus pies tal vez hayan descubierto que Robert Krier ha aportado un total de 41 esculturas propias que pueblan el edificio como si fuesen inquilinos de piedra de la casa, los habitantes más comunes de la construcción. Contemplado desde la media distancia, el espectador podrá descubrir que el inmueble está coronado por dos cúpulas, de color verde y dorado a izquierda y derecha respectivamente de la fachada principal a la plaza Euskadi. En la cúpula de color dorado se puede leer el viejo lema euskaldun que reza Ezina ekinez egina, esa leyenda que habla sobre cómo lo imposible, poniéndose a ello, está hecho. Aún queda quien recuerda que tan brava sentencia, un legendario proverbio vasco, fue el lema en la celebración del Nafarroa Oinez de 1990. Para la ocasión que hoy nos ocupa diremos que fue un órdago, una apuesta a mayor de la familia Aurrekoetxea. ¿Quizás porque un edificio así, tan iconoclasta, parecía un imposible al imaginarse...? ¡Quien sabe!

Volvamos a los orígenes de un edificio de este calado con aires modernistas y que ha creado controversia desde su florecimiento. El objetivo planteado por Krier fue recuperar el estilo tradicional de las casas del Ensanche sin perder modernidad en la Plaza Euskadi, de reciente emplazamiento, si se permite decir así. No por nada la plaza fue abierta al público el 18 de marzo de 2011, diseñada por la arquitecta paisajista Diana Balmori, profesora de la Universidad de Yale, responsable a su vez del parque ubicado bien cerca, allá en la Campa de los Ingleses.

Lo que lleva al debate es que las construcciones de Escontrillas, Ricardo Bastida y de Basterra, de excelente factura y que están colocadas en esa misma zona, contrastan con la arquitectura de este último quinquenio que parece ser de una menor categoría, por decirlo así, que la del primer cuarto de siglo.

¿Será posible que estemos ante un espacio inacabado...? No lo creo. Tal vez sea más correcto hablar de un espacio con vida propia aún –"en edad de crecer", se decía tiempo atrás...– si se considera que el 16 de diciembre de 2019 el arquitecto Norman Foster presentó la maqueta actualizada de su proyecto de ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao en el que se incluía la prolongación tanto del museo como del parque Casilda Iturrizar adyacentes con la plaza Euskadi, conllevando la eliminación de la rotonda circundante,? lo cual no estuvo exento de crítica.?

El 12 de marzo de 2020 se indicó que Foster y Balmori pactarían el nuevo diseño de la plaza Euskadi pero la pandemia está retrasando, al menos de puertas afuera, el rediseño. Las circunstancias, como verán ahora mismo, han ejercido mucho influjo sobre ese mismo espacio. Conviene recordar que la plaza tiene una superficie de 6.600 m?2; y está rodeada por árboles de gran porte (robles en el Norte y tilos en el Sur) y una zona central de paseo de 5 metros de ancho. Las obras se iniciaron en 2008 y, debido a la crisis económica de aquellos años, el Ayuntamiento de Bilbao decidió prescindir de algunos elementos del proyecto original, tales como una fuente y un ambicioso jardín interior. Ya ven.

Lejos de otra consideración el edificio Artklass contribuye como remate en la imagen de la plaza Euskadi, cierra el Parque de Doña Casilda en su orientación Norte y se integra en el paisaje del propio parque, completando la alineación norte de la calle Lehendakari Leizaola.