La aldea global

No empujen por favor

24.04.2022 | 01:12
No empujen por favor

EL desarrollo del quehacer político, ha hecho brotar en nuestras sociedades unos personajes al servicio de los políticos, quienes se sienten manejados e instrumentados por estos creadores de imagen, por estos jefes de comunicación auténtica plaga de las difíciles relaciones entre políticos, periodistas y agentes de la comunicación mediática. Estos aficionados a manejar a sus jefes como auténticos brujos de laboratorio político proyectan su imagen sobre todo lo que se mueve en el día a día de la política y controlan a los protagonistas de la vida política, haciéndose presentes en cualquier tiempo y lugar. Cuidadores y creadores de imagen, estos jefes de campaña, construyen estilo, carácter y modelo de sus patrones, a quienes sirven con delirio y entrega total. Miguel Ángel Rodríguez es un ejemplo de esta clase de personajes que desde la trastienda de la política van tejiendo el mensaje e imagen del político a quien sirven, protegen y obedecen. Dícese de él que es el autor y creador del perfil político de la presidenta de la Comunidad de Madrid. La última machada de semejante energúmeno ha sido el zarandeo propiciado a una teleperiodista que se atrevió a preguntar a la citada política fuera del ámbito de la rueda de prensa, empujada a grito pelado por romper la quietud impuesta por el sicario de la información a grito pelado y empujón agresivo. El mencionado jefe de prensa se sintió llamado a cubrir la inocencia declarativa de su jefa y a empujón limpio impidió formular la pregunta que repelió con rostro desencajado y furibunda mirada ante la que no se arredro la audaz periodista que fue a lo suyo, a cumplir su papel ante el ogro protector dispuesto a comérsela de un par de agresivos manotazos. No empujen por favor, no empujen por favor clamaba la doncella, fuera de aquí espetaba el gruñón protector de la amenazada Isabel. Empujones, zarandeo, amenazas, encaramiento, un surtido de recursos impresentables en el mal quehacer de un constructor de imagen pública, más cercano al fascismo franquista que a la democracia natural.

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