El elevado coste que tiene para la salud trabajar ocho horas al día sentado
La falta de movimiento y las malas posturas pueden causar dolor lumbar y cervical, estrés muscular y lesiones que pueden acabar condicionando la vida diaria
Administrativos, programadores informáticos o conductores son tres profesiones a simple vista muy diferentes, pero con un denominador común: su desempeño requiere pasar horas y horas sentado. Detrás de esa rutina aparentemente inofensiva se esconde un problema creciente en nuestra sociedad y es que, trabajar ocho horas sin moverse prácticamente del asiento, puede acarrear serias consecuencias para la salud.
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Este sedentarismo en el trabajo es una de las principales causas de la actual epidemia de dolencias musculoesqueléticas. No se trata de un dolor repentino ni de una lesión concreta, sino de algo más sutil que empieza como una ligera molestia al final del día y que, poco a poco, se va instalando en tu cuerpo y que acaba convirtiéndose en un dolor crónico.
El cuerpo está diseñado para moverse y no siempre va a llevar bien pasar horas quieto. Por ello, no hacer pausas o no mantener la postura correcta son gestos que están detrás de buena parte de los dolores de espalda, la fatiga muscular y otras dolencias que afectan a muchos trabajadores.
Origen de las dolencias
Aunque las causas de este tipo de dolencias son bien conocidas, muchas veces las subestimamos. La primera de ellas es no mantener la postura correcta. Sentarse mal no es solo encorvarse, sino también adelantar la cabeza, elevar los hombros sin darse cuenta o trabajar con una pantalla del ordenador colocada demasiado baja. Estos pequeños gestos repetidos durante horas y días terminan generando una sobrecarga constante en la columna.
La segunda causa es la falta de movimiento. Si al hecho de pasar ocho horas sentado le sumamos que vamos al trabajo en coche, que sustituimos las escaleras por el ascensor y que al llegar a casa cansados nos dejamos atrapar por el sofá, no le damos al cuerpo la oportunidad de recuperarse, lo que acabará provocando fatiga muscular, rigidez y, con el tiempo, dolor.
La tercera causa de este tipo de dolencias es el estrés que, combinado con el sedentarismo laboral, dan lugar a un cóctel muy perjudicial para el organismo. Tensión muscular crónica, malas posturas y liberación de cortisol, que provocan rigidez y contracturas, especialmente en las zonas cervical y lumbar, son algunos de sus efectos.
Consecuencias del sedentarismo
La cosa empieza a complicarse cuando las leves molestias en la espalda se convierten en un dolor más serio que afecta a la concentración, reduce la productividad y, en los casos más persistentes, llega a condicionar la vida diaria. Hay quien se ve obligado a dejar de hacer ejercicio o quien ve limitado su ocio por una molestia que no termina de desaparecer. Y, como ocurre muchas veces, lo urgente, que es el trabajo, se acaba imponiendo sobre lo realmente importante, la salud.
El elevado precio que pagamos por pasar muchas horas sentados lo hacemos en forma de lumbalgias (dolor lumbar), cervicalgias (dolor cervical), tendinitis, problemas en muñecas o incluso el conocido síndrome del túnel carpiano, todas ellas patologías que no surgen de un día para otro, sino de una suma de hábitos mantenidos en el tiempo.
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Cómo combatir estas dolencias
Para poner remedio a estas dolencias muchas veces no son necesarios grandes cambios, sino que basta con unas pequeñas correcciones. Ajustar la altura de la pantalla del ordenador, apoyar bien los pies o utilizar una silla que respete la curvatura lumbar son detalles que, sin ser nada extraordinario, pueden hacer que te sientas mucho mejor.
También es cierto que con estos pequeños gestos no basta y hay algo que es totalmente innegociable: moverse. En el trabajo hay que levantarse cada cierto tiempo, estirar o caminar aunque sea unos minutos porque no hay ninguna postura, por correcta que sea, que esté pensada para mantenerse durante varias horas seguidas.
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Ya fuera del trabajo, la actividad debe continuar. Caminar, nadar, hacer ejercicios de fuerza o simplemente mantenerse activo no debe considerarse una obligación, sino un hábito básico.
Ya lo ves, trabajar sentado no es en sí mismo un problema, sino que el problema es cómo lo hacemos, durante cuánto tiempo y qué tipo de vida llevamos fuera de él. En esa diferencia, aparentemente pequeña, nos jugamos buena parte de nuestra salud y de nuestro bienestar.