Aprovechando las vacaciones de Semana Santa, muchas personas se desplazarán a sus destinos en avión. Tras deambular por aeropuertos llenos de gente, hacer largas colas para facturar y sobrevivir a muchos tiempos muertos, una vez ya sentados en su asiento tal vez sientan el deseo de comer o beber algo.

Un café, una bolsa de frutos secos, un refresco, un bocadillo o incluso una hamburguesa se presentan como opciones apetecibles; ¡otra cosa es que sean acertadas! Y es que, lo que comamos antes y durante el vuelo puede marcar la diferencia entre tener un trayecto tranquilo o pasar las horas mirando de reojo al reloj y con la vista puesta en el baño. Por ello, es importante conocer qué deberíamos tomar y qué no si vamos a viajar en avión.

Una hamburguesa junto a un refresco de cola.

Alimentos que conviene dejar en tierra

Bebidas con gas

Las bebidas con gas encabezan el ranking de los productos menos recomendables si vas a viajar en avión. "Los cambios de presión en la cabina durante el despegue y el aterrizaje pueden causar gases e hinchazón", advierten expertos de Turkish Airlines, así que, añadir burbujas a nuestro organismo no parece la decisión más acertada.

Comidas saladas

Los alimentos con mucha sal, como patatas fritas o snacks procesados, tampoco ayudan a tener un viaje tranquilo. La falta de humedad y el aire seco de la cabina favorecen la deshidratación, de forma que el exceso de sodio puede provocar retención de líquidos, dolor de cabeza, estreñimiento y fatiga. Mejor optar por alimentos frescos y poco salados.

Fritos y rebozados

Los fritos y rebozados son otra mala elección. Son pesados de digerir y propensos a provocar indigestión. Lo mismo ocurre con las hamburguesas, pastas contundentes o platos abundantes que pueden dejar sensación de pesadez durante horas. La idea es subirse al avión sintiéndose saciado, pero no completamente lleno.

Bandejas de fritos con croquetas, rabas, calamares, etc.

Legumbres

También hay alimentos saludables que, sin embargo, no son buenos compañeros de viaje. Las legumbres, como los garbanzos, lentejas o alubias, contienen fibra insoluble y pueden provocar hinchazón. Comerse un buen plato de potaje antes de un vuelo largo no es lo más recomendable.

Verduras crucíferas

Tampoco es buena idea comer antes del viaje verduras crucíferas, como brócoli, coliflor, coles de Bruselas o repollo. Contienen fibra y un azúcar llamado rafinosa que puede generar gases y sensación de hinchazón. Si unimos esto a las condiciones de la cabina presurizada, la incomodidad está casi asegurada.

Manzanas y lácteos

Las manzanas también pueden dar guerra. El sorbitol presente de forma natural en ellas, junto a su contenido en fibra, pueden causar gases. Lo mismo sucede con los alimentos ricos en lactosa, como la leche, el queso, los yogures o el helado, o en determinados azúcares como la fructosa. Incluso productos sin azúcar con sorbitol también pueden provocar malestar digestivo.

Alcohol, café y otras tentaciones

Si el miedo a volar invita a tomar una copa, puede ser peor el remedio que la enfermedad. El alcohol deshidrata y sus efectos se intensifican en altura debido a la baja presión y al menor nivel de oxígeno. Puede empeorar el cansancio y hacer que la resaca sea peor al aterrizar.

El café y algunos tés con cafeína tampoco son recomendables. La cafeína es diurética y favorece la deshidratación, además de aumentar la frecuencia de visitas al baño.

Y un clásico que muchos pasan por alto: el ajo. No es perjudicial para la salud, pero sus compuestos sulfúricos se absorben en el sistema circulatorio y se exhalan durante horas. En un espacio cerrado, no es el mejor regalo para el pasajero del asiento contiguo.

Hidratación y equilibrio

La recomendación básica de los expertos para tener un buen viaje es sencilla: mantenerse hidratado bebiendo un vaso de agua por cada hora de vuelo. El aire seco de la cabina deshidrata rápidamente y el agua es la mejor aliada frente a molestias como el dolor de cabeza y la fatiga.

En lugar de comidas pesadas, lo mejor es optar por snacks ligeros: fruta deshidratada sin azúcar, frutos secos sin sal, cereales integrales o un plátano.

Aunque el viaje de tus sueños incluya varias horas de avión, la experiencia no tiene por qué convertirse en un calvario. A veces, la diferencia entre un trayecto tranquilo o con sobresaltos puede depender de lo que decidas poner en el plato antes del despegue o durante el vuelo.